LA REPRESIÓN DE LA HEREJÍA

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LAS DISIDENCIAS EN EL CRISTIANISMO DE LA CLANDESTINIDAD

 

Después de la crucifixión de Jesucristo, sus discípulos se diseminaron por el mundo conocido hasta aquel entonces, en especial por el área mediterránea, lo que se tradujo en una expansión rápida del cristianismo a través de pequeños grupos, aun a pesar de la persecución a la que eran sometidos por el Imperio Romano.

 

El cristianismo sufrió persecuciones  cruentas durante los  tres primeros siglos de su creación, pero las persecuciones no debilitaron la fe cristiana, que se fue desarrollando clandestinamente desde las catacumbas.

 

La expansión del cristianismo era tal que se tornaba difícil mantener la doctrina cristiana bajo una misma ortodoxia, por lo que surgió la necesidad de organizarse jerárquicamente y establecer un “edificio teológico sobre la figura de Jesús y sus enseñanzas.

 

Muestra de la dispersión y contradicciones de aquellas primeras comunidades cristianas, fueron los numerosos evangelios donde se refiere a la vida del Maestro mezclando realidad y fantasía según las  distintas interpretaciones de cada comunidad cristiana. 

 

Se intentaban corregir estas dispersiones teológicas a través de reuniones periódicas de los representantes de las comunidades cristianas en las que se buscaba conciliar las distintas posturas. Una vez se conseguía el acuerdo, éste debía ser respetado por todos. De este modo se fue conformando la ortodoxia del cristianismo, con una identidad propia, estableciéndose como una religión distinta al judaísmo.

 

Pero no todos los grupos cristianos aceptaban los acuerdos tomados en esos CONCILIOS y seguían manteniendo sus propias convicciones, seguros de encontrarse en posesión de la verdad absoluta. Estas diferencias degeneraban en descalificaciones mutuas con enfrentamientos y odios que paradójicamente les alejaban de la mansedumbre y el mensaje de amor que vertebraban las enseñanzas de Jesús.

 

 

 

LAS DISIDENCIAS EN EL CRISTIANISMO LEGALIZADO EN EL IMPERIO ROMANO 

 

Transcurridos tres siglos de persecución, a  comienzos del S IV sobrevino un cambio fundamental:

 

          1.-En el año 311, el emperador Galerio promulgó la libertad religiosa.

 

          2.-En el año 313, con el Edicto de Milán, Constantino institucionalizó el cristianismo como UN CULTO MÁS DEL IMPERIO, con personalidad jurídica propia.

 

Al estar legalizada la religión, se abandonó la clandestinidad y se relajó el control que había ejercido la jerarquía católica sobre las comunidades cristianas durante el periodo de ocultación, lo cual provocó resurgimiento de antiguas disidencias al tiempo que surgían otras nuevas: maniqueísmo, nestorianismo, paulismo, donatismo, arrianismo, etc.

 

Estas disidencias, que se oponían a lo que admitía y proponía la Iglesia Católica en materia de fe, constituyeron las HEREJÍAS y fueron severamente condenadas en los CONCILIOS CATÓLICOS.

 

-La influencia del cristianismo sobre el poder político se tornó fundamental a partir de la segunda mitad del S IV:

 

Durante el reinado de Teodosio I el Grande, (365-395), el cristianismo se convirtió en la RELIGIÓN ESTATAL DEL IMPERIO ROMANO. Alcanzada la unión Iglesia-Estado, la ortodoxia católica utilizó la fuerza del poder civil para luchar contra las herejías. En el año 382, Teodosio I emitió varios edictos para combatir el maniqueísmo, recurriendo a castigos como la confiscación de bienes, la prisión e incluso la muerte.

 

Desde el s IV, la iglesia contó además con una nueva fórmula en la lucha contra los herejes: la excomunión. Esta práctica se hizo muy común durante los siglos siguientes.

 

 

SOCIEDAD Y CRISTIANISMO TRAS LA CAIDA DE ROMA

 

Hacia el s V al Imperio Romano le resultó imposible controlar todas sus provincias y a la vez defender el vasto territorio de los continuos ataques de las tribus bárbaras, frecuentes en los rincones más apartados de sus dominios.

 

Para hacer frente a esta situación se contrataron caballeros y nobles cuya misión fue imponer la ley de Roma y hacer frente a las tribus. Estos señores, que con el tiempo se convirtieron en los dueños de las tierras que defendían, contrataban a su vez a otros caballeros de menor rango para organizar la defensa y a villanos que trabajaran la tierra.

 

Pero Roma, definitivamente, cayó.

 

Y tras la caída de Roma, Europa se sumergió en la barbarie.

 

Con Carlomagno hubo un breve paréntesis en la degradación cultural y moral del continente.

 

Pero nada más…

 

Y al acercarse el final del primer milenio comienzan las señales del Apocalipsis: el hambre, la guerra, la peste y la muerte, que se ensañaban sobre todo con las clases sociales más desfavorecidas.

 

 

SOCIEDAD Y CRISTIANISMO TRAS EL PRIMER MILENIO

 

A partir del s X, en Europa ya no había siquiera vestigios del Imperio Romano y la sociedad tenía una estructura piramidal en cuya cúspide se encontraba el rey, una autoridad de carácter más sobrenatural, intermediario entre Dios y los hombres. En el siguiente escalón había dos clases, milicia y clero.

 

La milicia eran los señores que poseían tierras y vasallos y aunque teóricamente acataran al Rey, eran ellos quienes, en última instancia, nombraban y deponían a los Reyes.

 

El clero, era el encargado de sostener la autoridad del Rey y de los señores consagrándolos como jefes sociales cuyo poder emanaba directamente de Dios y, convenientemente protegido por los señores, se ocupaba de dictar las normas morales y propiciar la obediencia y la resignación del pueblo.

 

La Iglesia no solo dictaba normas morales (sobre las que no daba el mejor ejemplo), sino que además era quien consagraba a los señores feudales corroborando con ello su absoluto poder divino. Amparándose en este privilegio, muchos señores se nombraban así mismos obispos o daban cargos eclesiásticos a otros caballeros que actuaban bajo sus órdenes. De este modo el papel de la Iglesia hacía que el poder de los señores fuera muy amplio y que el límite entre ambas clases fuera muy impreciso.

 

La iglesia, en términos generales, tenía un gran poder, contaba con grandes territorios que cultivaban sus vasallos y participaba abierta y activamente en las tomas de decisiones económicas, políticas y sociales favoreciendo la organización feudal.

 

El pueblo llano, rendía obediencia y vasallaje a sus señores por mandato divino, de modo que si quería asegurarse la salvación de su alma y evitar las penurias del infierno, no podía ni siquiera pensar en rebelarse ya que eso hubiera constituido, bajo este planteamiento, un grave pecado contra Dios. La Iglesia se encargaba de írselo recordando

 

Este sistema social permitió que la sociedad se mantuviera unida y que el pueblo llano aceptara con resignación cristiana las injusticias a las que se vio sometido.

 

Pero el pueblo llano, aun no rebelándose, no dejaba de ser ajeno a aquel contrasentido. Observaba con desagrado que la doctrina de humildad y sacrificio que predicaban obispos y sacerdotes no era la precisamente la misma que estos mismos seguían.

 

La corrupción de la Iglesia era patente y esto dio pie a la proliferación de corrientes heréticas por toda Europa. Empezaron a surgir predicadores que denunciaban la corrupción clerical y que se oponían a los dogmas de moral y fe instaurados y controlados por la iglesia. Y como estos predicadores enseñaban tanto con la palabra como con su ejemplo, llevando una vida dedicada a Dios, su expansión fue tan rápida como la pérdida de fieles por parte de la Iglesia.

 

De continuar las cosas en aquel camino, el futuro de la que era la religión oficial era muy poco prometedor. Pero las consecuencias podían ir más lejos ya que como eran los obispos los que validaban el poder de los señores feudales admitiendo que éste venía de Dios, la amenaza de descontrol también afectaba a estos... atentaba gravemente a toda la pirámide social establecida. 

 

En 910 se creó en Francia la Abadía de Cluny, cuyos monjes se convirtieron en los principales promotores de una profunda reforma eclesiástica. Como ilustrados que eran, conocían las escrituras y las profecías, de modo que echaron mano de ellas para devolver a la iglesia la autoridad y el prestigio perdidos.

 

El s XI significa un renacimiento para el Cristianismo: En modelo del caos religioso, político y social la Iglesia católica se levantó con un imparable impulso reformador. 

 

          1.-Los Papas del s XI, en su esfuerzo por conseguir autonomía del poder temporal de los príncipes europeos, dulcificaron la brutalidad feudal con medidas  como la Paz de Dios (que prohibía la violencia durante muchos días del año) o el Derecho de Asilo (que permitía a los perseguidos encontrar un refugio inviolable en algunos establecimientos eclesiásticos).

 

          2.-Se crearon las Universidades aun a pesar de que los poderes civiles se oponían a ellas.

 

Pero frente a este despliegue reformador de la Iglesia católica, se mantenía y potenciaba el anhelo de muchos cristianos por retornar a los postulados del cristianismo primitivo. Esto desembocó en posturas disidentes al punto de amenazar con disgregar el cristianismo europeo en multitud de sectas.

 

En la mayor parte de los casos, la Iglesia no tuvo grandes dificultades para convertir a los predicadores heterodoxos, herejes, con ayuda de sus predicadores más brillantes…

 

El hombre de la Edad Media occidental, que rezaba, que luchaba, que trabajaba, según el reparto en tres órdenes de la sociedad, percibía el arte, la política, lo social, la vida, la muerte ... en una palabra, el mundo que le rodeaba, en términos específicamente religiosos. La casi totalidad de sus referencias eran cristianas. Su universo mental no podía salir de allí. Concebía su propia existencia como resultado de una creación (no se pondría en cuestión esta concepción hasta finales del siglo XVIII). Toda su vida social y privada se centra en su salvación y giraba en torno a un tema recurrente: Dios. 

 

Para el hombre medieval, la salvación del alma era fundamental. Comprometía su vida eterna. Todo su mundo giraba en torno a ello. Sabía que la salvación de su alma dependía de cómo se condujera en su vida en la tierra y para ello debía seguir los preceptos de la auténtica religión, único modo de tener opción de salvarse.

 

¿Pero cuál era la auténtica religión?... Las alternativas dentro del mismo seno del cristianismo eran contradictorias y excluyentes unas de otras.

 

Alrededor del año 1000, es decir a partir del momento en que aparecen los primeros documentos escritos, cuando el clero regular católico se encierra en prestigiosas Abadías con gran proyección intelectual y filosófica, y el clero secular (los clérigos del campo y de los burgos) vive sumergido en la incultura general, los aires de reforma envuelven al pueblo cristiano en busca de un regreso a los ideales evangélicos de pobreza (si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes, cédelo a los pobres y tendrás un tesoro guardado en el cielo. Después regresa y sígueme), de pureza en las costumbres y de predicación de la palabra de Dios.

 

Durante el primer Milenio las herejías tuvieron un escaso arraigo en Europa Occidental y la Iglesia se inclinó por la benignidad en el trato a los herejes.

 

Las penas que se aplicaban a los herejes por lo general eran el destierro, la confiscación de bienes, el derecho a heredar y la privación de derechos civiles.

 

En 1054 Se produce la total fragmentación entre la Iglesia Griega y la Iglesia Latina. Ante esta situación, la Iglesia Latina incrementa la acción represora para evitar una mayor fragmentación.

 

Mientras en Europa se desarrollaba durante siglos el cristianismo, en Tierra Santa quedaban grupos que no estaban al tanto de los dogmas impuestos por la Iglesia. Cuando los cruzados regresaron a Europa después de haber entrado en contacto con estas comunidades cristianas primitivas, empezaron a difundirse por el continente doctrinas que se apartaban por las propuestas por el clero y que arraigaron firmemente en el pueblo que estaba disconforme con el rumbo que había tomado la Iglesia.

 

En estas doctrinas heréticas se proclamaba, por ejemplo, que en ningún momento Cristo había creado una iglesia organizada, que las imágenes y los santos no tenían nada que ver con sus enseñanzas, al igual que la costumbre de bautizar a los niños al nacer, consideraban falsa la inmaculada concepción y proponían como única forma de salvación la práctica de la castidad, el ascetismo y la humildad, tal y como a diferencia de los de la iglesia, la practicaban los herejes que las difundían.

 

Clérigos y laicos salían a la calle, para predicar el Evangelio, sin preocuparles obtener ni la autorización de Roma, ni el derecho a traducir las Escrituras del latín. Algunas iniciativas no prosperan; otras eran reconocidas por la Iglesia de Roma (Francisco de Asís y la orden de los Hermanos Menores o Domingo de Guzmán y la orden de los Hermanos Predicadores...). Otros se constituyeron en movimientos divergentes, reformistas en lo que se refiere al dogma pero sobretodo, en lo relacionado con las costumbres católicas.

 

Sin embargo, la diferencia fundamental entre las herejías del cristianismo primitivo y la herejías medievales era que en las primeras, la controversia se planteaba en base a asuntos filosóficos, en una época en que aun se estaban gestando las bases de teológicas de la nueva religión, y por ello, en el cristianismo primitivo los herejes eran por lo general hombres ilustrados que defendían sus posturas con razonamientos filosóficos. En cambio las herejías medievales raramente aparecieron sustentadas por personajes ilustrados defendiendo planteamientos filosóficos complejos en contra de los de la Iglesia establecida, ya que la controversia en la Edad Media nacía esencialmente de un descontento de las clases más desfavorecidas de la sociedad y sus planeamientos iban dirigidos, eminentemente, como respuesta a la forma de vida desordenada y acumulación de riquezas del clero ortodoxo y los abusos de poder que provocaba el feudalismo.

 

Por ese motivo fue que la herejía, a partir del s XI, además de empezar a ser un serio problema para la Iglesia Católica, empezó a preocupar también a los reyes y los emperadores porque lo que las sectas proponían era una forma de vida que atentaba contra el poder establecido.

 

De entre todas las corrientes heréticas que se desarrollaban y expandían, la que se mostraba más vigorosa y con mayor acogida era el Catarismo.

 

El catarismo, corriente herética de origen maniqueo y procedente del Oriente de las Cruzadas, que se extendía por Europa Occidental a mediados del s X, se

inscribía en el contexto de fervor espiritual descrito y dentro del cual surgían las iniciativas de los clérigos más entusiastas, pero también de laicos, siempre animados por el deseo de seguir al Cristo en toda su pobreza evangélica y por alimentarse de la palabra de Dios.

 

Los cátaros, con su ejemplo, practicaban una forma de vida de pobreza e igualdad, más acorde al cristianismo que aquella que seguía el clero, sobre todo en las más altas jerarquías de la iglesia.

 

Esta doctrina tuvo una gran difusión en Occitania, donde un nivel cultural más elevado facilitaba el desarrollo del espíritu crítico en los estamentos más doctos. Su ideal de justicia provocó la adhesión popular, y su ataque al poder temporal de la Iglesia suscitó las simpatías de la nobleza.

 

El catarismo ponía en serio peligro los cimientos de la iglesia católica y empezó a procederse con severidad para erradicarlo. En 1022 fueron ejecutados los primeros cátaros del Languedoc, en Toulouse. 

 

 

LAS DISIDENCIAS EN EL CRISTIANISMO A PARTIR DEL s XII

 

En el s XII el catarismo estaba alcanzando una fuerza inusitada en Occidente. Se propagaba entre todas las clases sociales del mediodía francés, extendiéndose a Catalunya, pero se extinguió un siglo más tarde, inmediatamente después de una cruzada llevada a cabo por la caballería francesa del norte a iniciativa del Papa Inocencio III.

El catarismo representaba una amenaza muy seria para la iglesia porque era una secta cristiana contestataria, que si bien en algunos aspectos retrotraían la sencillez y caridad de las primitivas comunidades cristianas, tenían una abierta insubordinación a la jerarquía católica y su doctrina chocaba radicalmente con la predicada por la Iglesia Romana.

(En Mateo 19:21, Jesús dijo al joven rico: "Si quieres ser perfecto, ve, vende tus bienes y da a los pobres y tendrás tesoro en el cielo y, ven, sé mi seguidor". En Mateo 6:24, Lucas 16:13, Jesús declara: "No podéis servir a dos amos, a Dios y al Dinero". En Hechos 5:29: "Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres")

Entre otros aspectos, el catarismo se caracterizaba por:

1.       Se basaba en el dualismo (que recordaba a los antiguos maniqueos): negaba la existencia de un único dios creador al afirmar la dualidad de las cosas (existencia de un dios bueno y un dios malo).

2.       En su concepción dualista, consideraban que existían dos mundos: uno invisible y otro visible. Dios, el dios bueno, solo habría creado los espíritus y todo lo que no se puede corromper ni destruir, ya que sus obras debían mantenerse eternamente. Por el contrario, todo lo que se podía percibir, los cuerpos, los astros, la tierra, habían sido creados por el Diablo, el dios malo, y todo lo creado por el estaría destinado a morir, a destruirse.

3.       Negaban la resurrección de los muertos y la vida futura.

4.       Consideraban que los hombres eran simplemente ángeles caídos y su destino debía ser poder regresar al Cielo. Para llegar a la perfección y alcanzar definitivamente el paraíso, requería de varias vidas, por lo que admitían la reencarnación como vehículo para alcanzar esa pureza hacia la perfección definitiva. Admitían, al estilo oriental, la transmigración de las almas.

5.       La desigualdad de sexos era producto únicamente de la materia y en las reencarnaciones se pasaba indistintamente a cuerpo de hombre o de mujer (aunque algunos parece exigían un cuerpo de hombre para la última reencarnación).

6.       Consideraban que ya que el ultraje de la crucifixión fue realizado a Cristo, nadie debería adorar o venerar la cruz.

7.       El acto fundamental de la vida cátara era una especie de sacramento recibía el nombre de Consolamentum o comunicación del Espíritu Consolador para reconciliarse con él y alcanzar la deseada perfección. El Creyente -hombre o mujer- alcanzaba el grado de Perfecto (Bon Homme). Antes de adquirir ese grado debían transcurrir tres años de una sólida preparación. Antes de recibir el consolamentum realizaban un ayuno de 40 días (la endura). Cuando el Perfecto hacia la imposición de manos del consolamentum, el Creyente pasaba a iniciado y eso significaba la renuncia voluntaria a las cosas del mundo (por ser impuras). Desde ese momento el Espíritu se adueñaba de su alma y en él lo veneraban los demás creyentes mediante el melioramentum o genuflexión, besando el suelo y pidiendo la bendición. El consolamentum también se administraba cuando un Creyente iba a morir, con la esperanza de que sus pecados le serían perdonados en última instancia.

8.       Negaba el dogma de la Trinidad, rechazando el concepto del Espíritu Santo y afirmando que Jesús no era el hijo de Dios encarnado sino una aparición que mostraba el camino a la perfección, que Cristo nunca había tenido un cuerpo humano.

9.       Planteaba un concepto del mundo y la Creación diferente (para los católicos el mundo y el hombre son buenos pues son creados por Dios y el pecado viene de la corrupción del hombre en el pecado original).

10.   Propugnaba la salvación a través del conocimiento en vez de a través de la fe en Dios.

11.   Despreciaban la jerarquía eclesiástica y los sacramentos católicos y no dudaban en ejercer violencia sobre los predicadores enviados por la Iglesia para hacerles desistir de sus creencias.

12.   Tenían por lectura esencial el Evangelio según San Juan y por oración el Padrenuestro.

13.   Predicaban la comunidad de bienes y la pobreza absoluta, manifestaban un gran desprecio por la vida en tanto que el cuerpo era un castigo para el alma y entre los más radicales se establecía la prohibición de tener hijos para no transmitirles el castigo de la vida. Los Perfectos no poseían nada ni exigían nada (ni impuestos, ni débitos) y se mostraban como los más humildes campesinos, a los cuales ayudaban en los trabajos del campo y con los que compartían el pan, todo envuelto enespiritualidad. Este era uno de los principales motivos por el que los cátaros eran respetados y estimados, más que por su propio mensaje religioso.

14.   Eran vegetarianos y estaban en contra de la guerra, la violencia y la pena de muerte. Los Perfectos no tomaban jamás las armas para defenderse, pero si lo podían hacer los Creyentes, ya que no tenían esa prohibición.

15.   Los Perfectos pasaban su vida recorriendo ciudades donde predicaban.

16.   Perfectos y Creyentes desarrollaban una vida evangélica: vivían pobremente y respetaban los preceptos de no matar, ni mentir, ni robar ni blasfemar ni cometer adulterio y regidos por la abstinencia y continencia. Los Perfectos además tenían impuesta la castidad, a diferencia de los Creyentes, que podían hacer una vida normal.

17.   Molestaba con el modo de vida ejemplar de los Perfectos, el equivalente a sacerdotes, que contrastaba con la corrupción y lujo reinante en la Iglesia católica, constituía una amenaza para la supervivencia de las diócesis católicas en un medio rural empobrecido y cansado de diezmos eclesiásticos.

18.   Molestaba el que rechazaban los juramentos, por ser ataduras al mundo material, lo que atacaba a su vez la propia disposición de la sociedad feudal europea, donde dado el analfabetismo reinante casi todas las transacciones comerciales y compromisos de fidelidad se basaban en juramentos.

 

        La doctrina cátara tuvo excelente acogida en todas las capas sociales (aunque en cada caso por distintos motivos), por lo que   se convirtieron en enemigos a eliminar por la fuerza tanto por la Iglesia Católica como por el poder civil.

 

 

Hasta el siglo XII, con el desarrollo del catarismo, los Papas no se plantearon que la herejía debía de ser reprimida por la fuerza.

 

A partir de entonces los canonistas y los Concilios empezaron a elaborar un cuerpo de doctrina y legislación sobre la represión.

 

Los canonistas, al asimilar la herejía a la infidelidad  y al sacrilegio, consideraron que debía ser penalizada con las penas espirituales de la Iglesia y también con las sanciones temporales, a aplicar por las autoridades seculares a petición de la Iglesia, que podían llegar hasta la muerte y la guerra santa contra los recalcitrantes.

 

La iglesia decidió otorgarles a los Cátaros la misma consideración que a los infieles musulmanes, de modo que Inocencio III en 1209 decretó una Cruzada contra los Cátaros.

 

 

 

LA REPRESIÓN DE LA HEREJÍA APARTIR DEL S XII

 

-NO se estableció una solución a la amenaza herética ni de golpe, ni de un modo sistemático, ni a partir de un Papa en concreto. Fue una acción progresiva en el tiempo.

 

          1119 à Concilio de Toulouse. Presidido por el Papa Calixto II.

          1148 à Concilio de Reims. Presidido por el Papa Eugenio III.

          1162 à Concilio de Montpellier. Presidido por el Papa Alejandro III.

          1163 à Concilio de Tours. Presidido por el Papa Alejandro III.

 

A través de estos cuatro Concilios se excomulgó a los herejes, se prohibió el intercambio y el comercio con los herejes, se pidió a los reyes que no les dieran asilo, les apresaran y les privaran de sus bienes.

 

Frente a las generaciones anteriores de herejes, que habían vivido y predicado en relativa libertad, es en torno al 1160 cuando los herejes se vieron obligados a ocultarse entre el pueblo que los iba a proteger, a denunciar o a castigar, asistiendo así a la prefiguración de la Inquisición.

 

          1179 àIII Concilio de Letrán, presidido por el Papa Alejandro III:

               1.- Reafirmó las medidas del Concilio de Tours de 1163.

               2.- Concedía indulgencias a los que tomaran las armas contra los herejes, en igualdad con los cruzados de Tierra Santa.

               3.- La vigilancia de la herejía se seguiría realizando a través de los Obispos.

               4.- Eran frecuentes los escrúpulos de conciencia que impedían a muchas autoridades eclesiásticas tomaran una actitud que fuera más allá de las meras penas espirituales. Con la finalidad de incrementar la represión sobre las herejías (cátaros y valdenses), que tomaban cada vez mayor fuerza, se tipificaron una serie de penas: penas espirituales (penitencias) y penas físicas (torturas e incluso la muerte). Las penas físicas debían ser ejecutadas por el poder civil de la demarcación.

 

                    Pero el sistema doctrinal y disciplinario aun adolecía de graves carencias:

                       -Se conocían mal las nuevas herejías.

                       -No se aclaró nada sobre el procedimiento a seguir en los procesos ni los aspectos que regularían la colaboración con las autoridades civiles.

 

          1184 àLucio III,  mediante la bula del “Ad abolendam”, organizó y perfeccionó la Inquisición Episcopal, ya existente desde antiguo, dado que siempre fue el obispo, dentro de su diócesis, el juez ordinario en materia de herejía.

 

-La reacción especialmente represiva de la Iglesia frente al hereje, se caracterizó por una evolución lenta e irregular a lo largo del s XII.

 

-Los criterios de represión de la Iglesia, se iban formalizando de acuerdo a:

          -Las circunstancias sociales de cada momento.

          -Según se iba percibiendo la influencia cada  vez más intensa de la herejía en el entramado social.

          -La valoración que hacía el Papa de turno.

          -La influencia y experiencia del poder civil sobre el eclesiástico en cada caso.

 

-En la práctica, en los primeros tiempos, lo que se iba observando era que el Papado:

           - Intentó poner coto a grupos heréticos concretos, a medida que iban tomando fuerza y presencia social.

           - Encargó a los Obispos  la vigilancia sobre el hereje en los primeros tiempos, pero la actividad de los obispos en este sentido nunca resultó suficientemente efectiva. 

            -Ejercía la acción represora sin una estructura y sin una reglamentación (tal como terminó sucediendo pasados los años).   

            -No tenía especial interés en aplicar castigos físicos duros como había hecho históricamente, desde siempre, el poder civil. Pero se apoyaba en el poder civil si se debían aplicar castigos físicos.

          

A esta dinámica represora primitiva, que se inició oficialmente a finales del S XII y pervivió hasta el primer tercio del s XIII, se le dio el nombre de “Inquisición Episcopal”.

 

 

 

LA REPRESIÓN DE LA HEREJÍA APARTIR DEL S XIII

Es preciso advertir que la polémica sobre la Inquisición se desencadena generalmente en la ignorancia histórica, la falta de contextualización de los hechos, el desconocimiento de las mentalidades de épocas pasadas, la escasez de estudios comparativos entre la justicia civil y la inquisitorial y los propios prejuicios personales...

Todo esto contribuye a formar una injusta leyenda negra en torno a la Inquisición.

La Inquisición, que nació en la Edad Media, responde plenamente a la mentalidad de la Europa de aquellos siglos.

El hombre del Medievo, cualquiera que fuese su estamento social (nobles, clérigos, campesinos, burgueses), poseía unas profundas creencias cristianas, si bien éstas no necesariamente se traducían siempre en su obrar cotidiano.

La Europa de la Edad Media se había ido construyendo, desde la caída del Imperio Romano, en el siglo V, sobre los restos de la civilización grecolatina y las aportaciones de los pueblos bárbaros, utilizando como fundamento y elemento aglutinante una misma religión, el Cristianismo; razón por la cual, la Europa de entonces fue conocida como la Cristiandad. Todos los aspectos de aquella civilización medieval, desde el arte hasta la economía, pasando por la política o el orden social, estaban inspirados o relacionados con la fe transmitida por la Iglesia.

Un mundo así no podía entender o tolerar que ciertos individuos aislados mantuvieran ideas contrarias a los dogmas de esa fe. Las personas que inventaban o transmitían tales ideas eran los llamados herejes, grupo en el no se incluían las pequeñas comunidades de judíos, miembros de otra religión no cristiana. El hereje era siempre un bautizado que disentía de la doctrina convencional.

La sociedad medieval en su conjunto -y en especial los niveles sociales más humildes, como la gran masa de campesinos- se sentía amenazada ante el fenómeno de la herejía, como también ante la brujería. Por ello mismo se demandaba de las autoridades protección y una tajante represión, como si de la peste se tratara. En muchas ocasiones se produjeron linchamientos populares contra sospechosos de herejía. Las autoridades civiles (reyes, señores feudales) actuaron con energía contra lo que se consideraba un peligro público. Sin embargo, los tribunales ordinarios generalmente no estaban cualificados para tratar asuntos religiosos, siendo común que ideas inofensivas fueran tildadas de herejía, con lo que muchos inocentes sufrieron trágicos castigos.

Fue entonces cuando surgió el Tribunal de la Inquisición (del latín inquirere: inquirir, buscar), formado por personal -mayormente clérigos- experto en teología, cuya función era investigar a fondo y determinar si un acusado era o no culpable de herejía u otro delito religioso.

Los primeros Tribunales Inquisitoriales empezaron a funcionar en el sur de Francia, en torno a 1231, a raíz del problema suscitado por la expansión de la herejía cátara.

Con la llegada de los Reyes Católicos al poder, el Santo Oficio cambió de modo notable. Isabel y Fernando consideraron que la unidad religiosa debía ser un factor clave en la unidad territorial de sus reinos. La conversión de las minorías judía y morisca era la condición para conseguirlo; algunos se bautizaron con convencimiento, otros no. Estos últimos, precisamente por estar bautizados, fueron perseguidos por la Inquisición.

En 1478 los Reyes Católicos consiguieron del Papa Sixto IV una serie de privilegios en materia religiosa, entre ellos, el nombramiento del Inquisidor General por la monarquía y el control económico del Santo Oficio. Se trataba de la Inquisición Española. Por otra parte, la actitud de los cristianos ante las comunidades judía y morisca en España fue muy variada a lo largo de la Historia. Había judíos asentados en España desde el final del Imperio Romano. Durante la etapa visigoda fueron tolerados y perseguidos en distintas épocas. Algunos reyes castellanos y aragoneses supieron crear condiciones de convivencia pacífica, pero el pueblo llano no miraba con buenos ojos a los hebreos prestamistas (el interés anual legal de los préstamos ascendía al 33%); además se les consideraba, de acuerdo con una actitud muy primaria, culpables de la muerte de Jesucristo. El malestar se transformó a finales del siglo XIV en revueltas y matanzas contra los judíos en el sur y levante español.

Los Reyes Católicos no sentían animadversión personal contra los judíos (el propio rey Fernando tenía sangre judía por parte de madre) y en su corte se hallaban financieros, consejeros, médicos y artesanos hebreos. Los judíos vivían en barrios especiales (aljamas) y entregaban tributos directamente al rey a cambio de protección. El deseo de unión religiosa y de evitar matanzas populares impulsaron a los Reyes a decretar la expulsión de los judíos españoles (unos 110.000) en marzo de 1492. La alternativa era recibir el bautismo o abandonar los reinos, aunque se preveían consecuencias económicas negativas en los territorios españoles. Sólo unos 10.000 judíos se adhirieron a la fe cristiana y, entre ellos, bastantes por intereses no religiosos. Entonces surgió el criptojudaísmo, la práctica oculta de la religión de Moisés mientras se mantenía externamente el catolicismo. Contra estos falsos cristianos, como se ha dicho, actuó la Inquisición.

Respecto a los moriscos, unos 350.000 en el siglo XV, la política fue similar. Se intentó de modo más o menos adecuado su conversión tras la toma de Granada, pero al comprobar que su asimilación no era satisfactoria se procedió a la expulsión de los no conversos, tras violentos enfrentamientos, en 1609, bajo el reinado de Felipe III. Durante el siglo XVII aparece con fuerza el fenómeno social de la limpieza de sangre: para acceder a determinados cargos u oficios era necesario ser cristiano viejo, es decir, no tener sangre judía o morisca en los antepasados recientes.

La Inquisición estableció un procedimiento legal con ciertas garantías para el acusado. Es cierto que se cometieron excesos, pero, con todo, su actuación fue modélica si la comparamos con los brutales ejercicios de la justicia civil en aquella época.

 

APÉNDICE

EL CATARISMO

Doctrina y moral

El dualismo cátaro defiende la existencia de dos Principios Supremos: el del Bien, creador de los espíritus, y el del Mal, creador de la materia. Este es el dualismo absoluto profesado en el sur de Francia e igual al de los bogomiles búlgaros y albaneses, aunque en ciertas ciudades de Italia (Concorezzo, Bagnolo) tuvo una forma mitigada, con un ángel caído, Lucifer, subordinado al Principio del Bien.

Con la muerte, libre ya el alma del cuerpo material, será arrastrada por el espíritu al reino celeste del Bien, en donde se revestirá del cuerpo espiritual y glorioso que perdiera en su descenso a este mundo.

A partir de esta dualidad, el cátaro admite un mundo de mezcla en el que las almas celestes, seducidas por el Principio o ángel del Mal, se encuentran aprisionadas por la materia de la que no podrán salir, sino a través de sucesivas purificaciones -una como alquimia del ser- en una incesante reencarnación. Para los cátaros no había un infierno distinto de esta cautividad de la materia y admitían la salvación universal con el fin del mundo.

Este proceso secular de liberación de la materia no se encuentra en todos los hombres en el mismo estadio. En algunos, los perfectos, el espíritu o parte superior del ser humano que quedó en los cielos en el momento de la caída, se ha adueñado de nuevo del alma. Con la muerte, libre ya el alma del cuerpo material, será arrastrada por el espíritu al reino celeste del Bien, en donde se revestirá del cuerpo espiritual y glorioso que perdiera en su descenso a este mundo.

Esos Perfectos o Bons Hommes no poseían bienes propios ni tenían comercio sexual alguno. Se abstenían de carne y lacticinios. No podían jurar ni ir a la guerra. Iban vestidos de negro (en tiempo de persecución sustituido por un cordón de lino o lana bajo la ropa) y vivían en comunidad, hombres y mujeres por separado. Entre los hombres se escogían los obispos y diáconos y viajaban constantemente , predicando e impartiendo el consolamentum. 

Pero no todos los cátaros alcanzaban ese grado.

La mayoría, los Creyentes, no han recibido aún el espíritu y -salvo que lo hagan antes de la muerte- habrán de pasar por sucesivas reencarnaciones. Les está permitido el matrimonio y aun el amor libre (mejor que aquél, ya que el matrimonio supone la institucionalización de la relación sexual -la régularisation de la débauche, en frase de Guiraud- ordenaba a la perpetuación de la materia). Pueden comer carne y tener bienes propios, aunque les están vedados el juramento y el matar animales, posibles receptáculos de reencarnación. Todos en general condenaban la pena de muerte.

En cuanto a Cristo, los cátaros sostenían que hasta su venida la Humanidad había estado bajo el imperio de Satán (Principio del Mal), al que atribuían incluso la personificación de Jehovah en el Antiguo Testamento. Sin embargo, no consideraban a Cristo como Dios, sino como un eón emanado y adoptado por Dios como Hijo y venido al mundo a través del seno de María para enseñar a los hombres el valor del espíritu y el camino de la liberación de la materia, sin misión expiatoria alguna, sino puramente didáctica y ejemplar.

El no podía ser contaminado por la materia: su cuerpo era aparente o fantasmal y por tanto no había sufrido ni muerto realmente en la Cruz -sino sólo simbólicamente- ni resucitado corporalmente.

De acuerdo con su Cristología, la Iglesia católica, con sus sacramentos materiales, su culto visible -cruces, imágenes y ornamentos- y su organización externa, era para los cátaros la gran Babilonia, la cortesana, la basílica del diablo y sinagoga de Satán.

 El acto fundamental de la vida cátara recibía el nombre de Consolamentum o comunicación del Espíritu Consolador (Paráclito) -junto con el individual dejado en el cielo cuando la caída-. El acto consistía en la imposición de manos de un Perfecto, por la que el Creyente -hombre o mujer- alcanzaba el grado de Perfecto. Desde ese momento el Espíritu se adueñaba de su alma y en él lo veneraban los demás creyentes mediante el melioramentum o genuflexión, besando el suelo y pidiendo la bendición.

Los creyentes que no se sentían con fuerzas para llegar a Perfectos hacían, sin embargo, con frecuencia la convenentia convenensa o pacto de recibir el Consolamentum antes de morir.

Esta recepción dio lugar tardíamente a la endura o suicidio voluntario pasivo, institución denigrada por los adversarios del catarismo pero sin la difusión que algunos suponen ni el significado que se le dio. Practicada por los enfermos graves que habían recibido el Consolamentum, tuvo más bien algo del nirvana budista o del estoicismo clásico, o aun si se quiere de la huelga de hambre de nuestros días, y era algo perfectamente concordante con el espíritu de liberación de la materia propio del catarismo.

Claro que en esto hubo también su picaresca: a veces herederos ansiosos o cónyuges infieles provocaban la endura.

El culto cátaro, sin cruces, imagenes ni sacramentos, se reducía a reuniones en las que se leía el Nuevo Testamento traducido a lengua vulgar (cosa que prohibiría el concilio de Toulouse de 1229). Seguía una homilía, la recitación del pater y la bendición del pan, reservadas al Perfecto, y a veces una comida en común. Una vez al mes tenía lugar el apparelhamentum o confesión genérica de los pecados ante los diáconos (la específica y secreta se dio alguna vez).

 

VALDENSES

Doctrinas y moral

Los valdenses primitivos rechazaban la veneración de imágenes, la transubstanciación, la existencia del Purgatorio, la veneración a María, las oraciones a los santos, la veneración de la cruz y de las reliquias, el arrepentimiento de última hora, la necesidad de que la confesión se haga ante sacerdotes (ellos practicaban un tipo de confesión ante Dios guiados por sus “barbas” o predicadores itinerantes), las misas por los muertos y las indulgencias papales. Además, rechazaban como ajenos al Evangelio el bautismo de infantes (aunque no todas las congregaciones valdenses, lo que plugo mucho a Lutero que sí estaba por el bautismo infantil), la pena de muerte (aunque en esto hay muchas dudas, ya que plantearon estas cuestiones a los Reformadores del siglo XVI) sobre si era o no lícita la pena de muerte y si les era lícito lit. "matar a los infiltrados que les denunciaban y entregaban al "Anticristo" -para ellos la iglesia Romana-" , el uso de armamentos y la participación en guerras.

Sin embargo, en lo referente al celibato del clero, algunos valdenses anteriores a la Reforma protestante estimaban que para ser parte del cuerpo de predicadores itinerantes (o “barbas”) había que vivir una vida célibe, por lo que se abstenían de relaciones sexuales y del matrimonio. Tenían también -como ellos mismos documentan- un grupo de mujeres vírgenes dedicadas al Señor. Tras el concilio que se planteó para abrazar o no la Reforma en el siglo XVI del que se da cuenta arriba, rechazaron el celibato obligatorio como "doctrina diabólica".

Los predicadores itinerantes o “barbas” eran escogidos de entre los fieles Valdenses (principalmente gente de muy humilde extracción y campesina), a los que se les apartaba durante los meses de invierno para enseñarles a leer y escribir, y tenían que aprender de memoria el Evangelio de Mateo y el de Juan, así como las epístolas universales y las paulinas pastorales (a Tito, Timoteo, etc.) para lo cual tardaban alrededor de dos años. Posteriormente, según alguna fuente, se apartaban durante dos años en un lugar secreto del norte de Italia donde hacían voto de castidad, tras lo cual pasaban a formar parte del cuerpo de los “barbas”.

Si bien antes de abrazar la reforma practicaban de una manera muy sencilla los 7 sacramentos de Roma, pues practicaban una especie de confesión con los “barbas”, la imposición de manos, oraciones a ciertas horas y otros, posteriormente por influencia de los reformadores del siglo XVI aceptaron sólo dos: el bautismo, "abierta confesión de nuestra fe y del cambio de nuestra vida", y la comunión o Cena, en que con fe, amor y autoexamen, recibimos el pan y el vino, ya que nosotros también llegamos a ser parte del cuerpo y sangre de Cristo". Consideraban el matrimonio como "bueno, santo e instituido por Dios, de manera que a nadie se debe prohibir casarse" (en alusión a la prohibición católica del matrimonio de los sacerdotes y al rechazo de los cátaros a la sexualidad y la procreación), aunque estimaban la castidad como un don que, como hemos comentado, sólo practicaron, antes de la Reforma, algunos de los predicadores valdenses.

Los valdenses rechazaron el ejercicio por parte de la iglesia de poder estatal, de jurisdicción temporal, la imposición de la fe a la fuerza o la dominación por las armas. También rechazaron el uso de imponentes y elegantes edificios religiosos. Hacían un alegato particular a la renuncia de los bienes materiales en favor de los menos privilegiados, como lo hizo su fundador.

En su obra de predicar, los valdenses primitivos enseñaban la Biblia y daban mucha importancia al Sermón de la montaña y al Padre nuestro, en los cuales se muestra que el reino de Dios es lo que se debe buscar principalmente y lo que se debe pedir en oración (Mateo 6:10,33). Sostenían que cualquier cristiano, fuera hombre o mujer, que poseyera suficiente conocimiento de la Biblia estaba autorizado para predicar la "buena nueva" (el Evangelio). Además, consideraban a Jesús como el único mediador entre Dios y el hombre. Puesto que Jesús había muerto una vez para siempre, sostenían que un sacerdote no podía repetir este sacrificio celebrando una misa. Los valdenses primitivos conmemoraban la muerte de Cristo, tal como lo hacen hoy en día, utilizando pan y vino como símbolos.

Los valdenses primitivos sostenían que no era necesario ir a una iglesia para adorar a Dios. Celebraban reuniones clandestinas en establos, hogares particulares y dondequiera que pudieran hacerlo. Durante estas reuniones estudiaban la Biblia y preparaban nuevos predicadores, los cuales acompañaban a los más experimentados. Viajaban por parejas de granja en granja y, cuando estaban en los pueblos y aldeas, iban de casa en casa. El libro de consulta intitulado Dictionnaire de Théologie Catholique en un artículo que, por lo demás, no favorece a los valdenses, declara:

"Desde la más tierna edad, sus hijos empezaban a aprender los Evangelios y las Epístolas. La predicación de sus diáconos, sacerdotes y obispos consistía principalmente en citas de la Biblia".

 

Reinerius Sacchois, inquisidor de la diócesis de Passau (Baja Baviera), en 1260 dijo de los valdenses:

"Entre todas las sectas que existen o que han existido, no hay ninguna más perniciosa para la iglesia que la secta de los Lyoneses; y esto por tres razones: La primera por su gran antigüedad, pues algunos dicen que los valdenses se remontan al tiempo de Silvestre y hasta hay quien asegura que al tiempo de los apóstoles. La segunda porque es la más extendida y apenas si hay un país donde no exista esta secta. La tercera razón es que, mientras todas las demás sectas despiertan horror y la repulsa de sus oyentes por sus blasfemias en contra de Dios, esta demuestra una gran semblanza de piedad; tanto que sus adherentes viven justamente delante de todos los hombres y creen en todos los artículos del Credo, respetando en todo a Dios: Solamente blasfeman de la Iglesia y del clero romanos; por esto tan grandes multitudes de laicos les prestan atención"

y en otra ocasión:

"Los herejes valdenses se distinguen por su comportamiento y el habla. Son impasibles y sensatos. No se esfuerzan en llamar la atención con vestidos extravagantes o indecorosos. No son comerciantes con el fin de evitar mentir, jurar o engañar. Viven únicamente del trabajo artesano de sus manos. También sus maestros son tejedores y zapateros. No acumulan riquezas, sino que se contentan con lo necesario para vivir. Comen y beben con moderación, no frecuentan posadas ni van a bailes u otros lugares de mala reputación. Son lentos para la ira. Son trabajadores, se dedican a aprender y a enseñar. Les reconocerán por su manera de hablar: con cordura y veracidad. No difaman, no hablan con palabras vulgares o vacías. Evitan toda expresión que pueda ser mentirosa o de juramento. No dirán 'sinceramente' o 'de verdad', sino que se limitarán a decir 'sí' o 'no'. Según ellos hacen así porque Jesús lo ordenó en Mateo 5:37".

 

 

 

 

INQUISICIÓN

Inquisición Medieval

Inquisición Moderna

 

1ª etapa:

Inquisición EPISCOPAL

2º etapa:

Inquisición PONTIFICIA

Inquisición ESPAÑOLA

(Inquisición Castellana)

Inquisición PORTUGUESA

Inquisición ROMANA

(Congregación del Santo Oficio)

Vigencia

1184 - 1230

1231 - 1541

1478 -1834

1536 - 1821

1542 - 1965

 

Territorios

 

Funcionó sobre todo en:

 

Francia (desde 1233)

Norte de Italia

Corona de Aragón (desde 1232)

Alemania (desde 1231)

 

Funcionó en:

 

Territorios del Reino Castilla

Territorios del Reino Aragón

Territorios de Las Indias

 

Funcionó en:

 

Portugal

Goa

Su ámbito de acción se extendía a toda la Iglesia Católica

 

Origen y objetivos

Establecida oficialmente en 1184 por el Papa Lucio III mediante la bula del Ad abolendam: organiza y perfecciona la Inquisición Episcopal, ya existente desde antiguo, dado que siempre fue el obispo, dentro de su diócesis, el juez ordinario en materia de herejía.

 

 

 

Motivo original: instrumento para acabar con la herejía cátara, y otras herejías cohetaneas (Pobres de Lyon y Arnaldistas).

 

 

Establecida oficialmente en 1231 por el Papa Gregorio IX, mediante la bula “Excommunicamus et anathemizamus”,.

 

Motivo original:  El fracaso de la Inquisición Episcopal.

 

[Gregorio IX dirá, en abril de 1233, a todos los prelados de Francia que la razón que le movió a nombrar a los frailes  predicadores como delegados suyos en la persecución de la herejía fue el ver que “los obispos estaban tan abrumados de ocupaciones que les era casi imposible cumplir este oficio, por lo cual enviaba a dichos frailes”]

 

Creada en 1478 por el Papa Sixto IV mediante la bula Exigit sinceras devotionis affectus que autorizaba a los Reyes Católicos el nombramiento de Inquisidores.

 

Motivo original: combatir las prácticas judaizantes de los judeoconversos españoles.

Establecida en Portugal en 1536 por el rey Juan III.

 

Motivo original:

Creada en 1542 por Papa Pablo III

 

 

Motivo original: la amenaza del protestantismo y mantener y defender la integridad de la fe y examinar y proscribir los errores y falsas doctrinas.

 

 

Administración

Descentralizada. No dependía de una autoridad central.

 

Responsables: Obispos locales.

 

Acciones: Intervenir activamente para extirpar la herejía.

 

Potestad: juzgar y condenar a los herejes de su diócesis.

Centralizada: Dependía de una autoridad central: el Papa.

 

Responsables: Dominicos (Orden de Santo Domingo). Pero en los procesos de inquisición, el obispo no quedó marginado. Una vez llevada a cabo la acción indagatoria o inquisitorial o instructoria, intervenía la autoridad del obispo designando un “cojuez”.

En definitiva, la Inquisición Pontificia era el resultado de la combinación de dos tipos de inquisición:

inquisición episcopal (el obispo seguía siendo responsable de la inquisición en su diócesis) y inquisición legatina (la que ejercía el legado papal).

 

Acciones: la supresión de la mayoría de las garantías que el Derecho Canónico aseguraba a los acusados: éstos desconocían el nombre de los acusadores, no podían ser asistidos por un abogado, estaban expuestos al riesgo de la tortura. Más que la verdad, lo que se pretendía era la confesión en vistas a una eventual conversión.

 

Centralizada: Dependía directamente de la corona española.

 

Responsables: Se designa al dominico Tomás de Torquemada para organizar la Inquisición Española.

 

Potestad: organismo interestatal, capaz de actuar a ambos lados de las fronteras entre las coronas de Castilla y Aragón, mientras que los agentes ordinarios de la Corona no podían rebasar los límites jurisdiccionales de sus respectivos reinos.

 

Centralizada:

1.- 1536 – 1546 Dependía de la autoridad del Papa.

2.- 1547 – 1821: Dependía de la Corona portuguesa.

Responsables: Congregación permanente de cardenales y otros prelados. No dependía del control episcopal.

 

 

Etapas / Desarrollo / Acontecimientos

 

Hasta el siglo XII los Papas no se plantearon que la herejía debía de ser reprimida por la fuerza.

 

En el s XII se desarrolló con fuerza en el Languedoc una corriente herética procedente del Oriente de las Cruzadas, de origen maniqueo, el catarismo,  que se había extendido por Europa Occidental a mediados del s X (en 1022 fueron ejecutados los primeros cátaros del Languedoc, en Toulouse)

 

El catarismo se propagó entre todas las clases sociales del mediodía de Francia, extendiéndose a Catalunya, y se extinguió un siglo más tarde, inmediatamente después de una cruzada llevada a cabo por la caballería francesa del norte a iniciativa de Inocencio III.

 

1119 à Concilio provincial de Toulouse. Presidido por el Papa Calixto II. Se excomulga a los herejes cátaros.

               

 

En 1140 -1150, es decir a mediados del s XII, es cuando se tomó conciencia del peligro herético con el desarrollo del catarismo. Alarmados por la invasión de predicadores ambulantes, que sembraban la revolución religiosa y a veces también la revolución social, mandan a los príncipes y reyes que procuren el exterminio de las sectas. A partir de este momento los canonistas y los concilios empezaron a elaborar un cuerpo de doctrina y legislación sobre la represión. Los canonistas, al asimilar la herejía a la infidelidad y al sacrilegio, consideraron que debía ser penalizada con las penas espirituales de la Iglesia y también con las sanciones temporales, a aplicar por las autoridades seculares a petición de la Iglesia, que podían llegar hasta la muerte y la guerra santa contra los recalcitrantes:

 

1139 à II Concilio de Letrán. Presidido por el Papa Inocencio II. Se excomulga a los herejes y se encargó su represión al Estado para que procediera tan solo al destierro o a la cárcel, pero no a la pena de muerte.

 

1148 à Concilio provincial de Reims. Presidido por el Papa Eugenio III. Instaba a los reyes  a que no dieran asilo a los herejes.

 

1162 à Concilio provincial de Montpellier. Presidido por el Papa Alejandro III.

 

1163 à Concilio de Tours. Presidido por el Papa Alejandro III. Se sentaron las bases del futuro sistema inquisitorial:

1.-En adelante el viejo procedimiento acusatorio sería sustituido por otro indagatorio en el que las autoridades eclesiásticas actuaban de oficio en su búsqueda de los herejes.

2.-Una vez convictos los culpables debían ser remitidos a la autoridad civil que debían proceder a su encarcelamiento y a la incautación de sus bienes.

3.-Prohibía a los fieles, bajo excomunión, tener herejes en las casas o en las tierra ni a favorecerlos ni a ejercer con ellos el comercio.

 

 

A través de estos cuatro Concilios se excomulgó a los herejes, se prohibió el intercambio y el comercio con ellos, se pidió a los reyes que no les dieran asilo, los apresaran y los privaran de sus bienes.

 

Frente a las generaciones anteriores de herejes, que habían vivido y predicado en relativa libertad, es en torno al 1160 cuando los herejes se van a ver obligados a esconderse entre el pueblo que los va a proteger, denunciar o castigar, asistiendo así a la prefiguración de la Inquisición.

 

 

A finales del S XII, aproximadamente a partir de 1170, se suma al movimiento hereje cátaro el de los herejes valdenses.

 

 

1179 à III Concilio de Letrán, presidido por el Papa Alejandro III:

1.- Reafirmó las medidas del Concilio de Tours de 1163

2.-Concedía indulgencias a los que tomaran las armas contra los herejes, en igualdad con los cruzados de Tierra Santa.

3.- La vigilancia de la herejía se seguiría realizando a través de los Obispos.

4.- Eran frecuentes los escrúpulos de conciencia que impedían a muchas autoridades eclesiásticas tomaran una actitud que fuera más allá de las meras penas espirituales. Con la finalidad de incrementar la represión sobre las herejías (cátaros y valdenses), que tomaban cada vez mayor fuerza, se tipificaron una serie de penas: penas espirituales (penitencias) y penas físicas (torturas e incluso la muerte). Las penas físicas debían ser ejecutadas por el poder civil de la demarcación.

Pero el sistema doctrinal y disciplinario aun adolecía de graves carencias:

 -Se conocían mal las nuevas herejías.

 -No se aclaró nada sobre el procedimiento a seguir en los procesos ni los aspectos que regularían la colaboración con las autoridades civiles.

 

 

1184 à El Papa Lucio III,  mediante la bula del “Ad abolendam”, organiza y perfecciona la Inquisición Episcopal”, ya existente desde antiguo, dado que siempre fue el obispo, dentro de su diócesis, el juez ordinario en materia de herejía.

1.- Excomulgó a los herejes cátaros  y a los practicantes de otras herejías cohetaneas (Pobres de Lyon –valdenses-  y Arnaldistas), a sus encubridores y a sus defensores.

2.- Confirmó al obispo como juez ordinario en materia de herejía dentro de su diócesis.

3.-Mandó a los osbispos buscar, indagar, averiguar de una manera organizada y sistemática si había herejes para que fueran castigados:

El procedimiento inquisitorial consistía en que arzobispos y obispos debían visitar las parroquias sospechosas una o dos veces al año y en ellas debían conformar una comisión de vecinos que debía estar formada por un mínimo de tres personas de buena conciencia que eran obligadas bajo juramento a denunciar cualquier apreciación sobre reuniones secretas o costumbres que se apartaran de las realizadas por el común de los fieles, es decir denunciar a los herejes ocultos.

Los acusados debían presentarse ante el obispo par que procediera a juzgar su falta, sometiendo al acusado a un interrogatorio bajo juramento.

4.- Se amenazaba con excomunión a aquellos que se negaran a colaborar. Si una población entera se negaba a colaborar, era privada de la dignidad episcopal y era aislada del comercio con las demás.

5.- Se suspendía en el cargo durante tres años a los obispos que mostraran negligencia o pereza en la actividad inquisitorial.

6.- para evitar que los monasterios exentos de la jurisdicción diocesana, pudieran servir de refugio a los perseguidos por la herejía,  quedaban sometidos a las disposiciones de la bula a juicio del obispo, que actuaría en ese caso como legado papal.

7.- No instituyó ningún nuevo tribunal: los acusados eran juzgados por un tribunal eclesiástico que imponía sólo sanciones espirituales generalmente leves (ayunos y oraciones)

8.- La bula involucró al poder civil, ya que  los que se negaban a retractarse, eran entregados al brazo secular para que aplicaran las penas que dictaban las costumbres del poder civil , que en aquella época solían ser penas de confiscación de bienes, demolición de las casas y destierro, pero no la pena de muerte.

 

La Iglesia trató de que se evitaran penas más severas. Legalmente solo se contempló la posibilidad de castigar con la pena de muerte en el Reino de Aragón a través de una ordenanza de 1197 dictada por Pedro II el Católico.

 

La aplicación de la bula “Ad abolendam” tuvo efectos fulminantes para la erradicación de los múltiples movimientos europeos, sin embargo, en algunas regiones de Europa meridional, en concreto en el Languedoc, la herejía a la que se hacía mayor referencia en la decretal, el catarismo, se mantuvo prácticamente indemne y fuertemente imbricada en el entramado social.

 

1198 à El Papa Inocencio III escribió a sus arzobispos instándoles a castigar a los herejes cátaros

 

1199 à El Papa Inocencio III emite la bula “Vergentis in senium” en la que equiparó la herejía al crimen de lesa majestad al interpretar desde el derecho romano que quien atenta contra Dios atenta contra la máxima expresión de poder; en lo sucesivo, los herejes obstinados serían proscritos y sus bienes confiscados. Las sanciones se extendían a credentes (los que creen) , fautores (los que favorecen), receptatores (lo que reciben) y defensores (defienden) a los herejes.

La bula preveía sanciones de excomunión, de pronunciar interdicto contra las ciudades que acogieran y protegieran herejes.  

 

 

Desde 1200 a 1250 todas las clases sociales contribuyeron a engrosar la secta del catarismo.

En general, en Europa, desde principios del siglo XIII se generalizaron los movimientos de represión de las herejías.

El Papa Inocencio III, por su origen familiar era un gran señor feudal. Creía en la virtud de las armas cuando estaban guiadas por Dios; también era un jurista, formación que había recibido en París y Bolonia. Comprendió que el catarismo había surgido por una carencia de la Iglesia; había pocos clérigos católicos bien instruidos, pocas abadías y obispos; muchos de estos últimos no visitaban sus diócesis más que para recoger impuestos.

 

 

Entre 1203 y 1208 à El Papa Inocencio III promovió la conversión pacífica de herejes a través de delegados apostólicos desplazados a los lugares más problemáticos. Inicialmente estos legados pontificios eran monjes cistercienses y luego con la colaboración adicional de Domingo de Guzmán, también cisterciense (aunque posteriormente fundador de la orden dominica).  Se trataba de misiones y coloquios para persuadir a los herejes.

En 1205 Domingo de Guzmán funda la Orden de Predicadores con el fin de contrarrestar el influjo de los Perfectos cátaros con una predicación y ejemplo de vida semejantes. Se aborda el problema de la vida escandalosa del clero y se organizan coloquios con los herejes buscando la vía de la persuasión. Iban de población en población enfrentándose a los contrapredicadores cátaros que en ocasiones conocían el Evangelio mejor que sus propios clérigos. La conversión era demasiado lenta y la actividad hereje era cada vez más agresiva e  ingobernable.

En este clima, con la herejía en pleno auge y la creciente humillación de la Iglesia Romana ante la pasividad y connivencia de los señores occitanos, el asesinato de un legado papal cisterciense (Pierre de Castelnau) en 1208 a manos de cátaros,  instó a Inocencio III para proclamar la guerra santa contra los cátaros.

 

1209 à El Papa Inocencio III proclama la Cruzada contra los Cátaros. Se desarrolló en tres etapas. Finalizó en 1244

 

1215 à IV Concilio Letrán

Convocado por el Papa Inocencio III.  Dictó un reglamento que dio forma a la Inquisición Pontificia, reagrupando disposiciones de los Papas que lo precedieron en concilios anteriores.

Los puntos principales eran:

1.-Toda herejía debía ser perseguida concertadamente por las autoridades civiles y eclesiásticas.

2.-Los procesos deberán ser iniciados de oficio —sin instancia de parte—.

3.-Los obispos deberán disponer la realización de inquisición en cada parroquia de su diócesis.

4.-Las propiedades de los herejes deberían ser confiscadas.

5.-Los recalcitrantes debían ser relajados al brazo secular para ser sancionados (pena de muerte).

 

Inocencio III intervino con su suprema autoridad cuando los obispos perecían ineptos o remisos y si la gravedad del caso lo pedía.

 

1216 à Fallecimiento del Papa Inocencio III.

 

1224 à El emperador Federico II establece la “Ley de la hoguera” por parte de la legislación civil de Lombardía por creación de un edicto imperial en base a la aplicación de una bula contra la herejía del Papa Honorio III de 1220.

A través de ese edicto se ponían en práctica por parte dl poder civil todas las medidas destinadas a la represión de la herejía de acuerdo al IV Concilio de Letrán. A partir de entonces, cualquiera fuera declarado hereje por el obispo de una diócesis podía ser entregado a las autoridades seculares del lugar para ser llevado a la hoguera y si el obispo prefería mantenerlo con vida como ejemplo ante otros herejes, se le debía cortar la lengua por haber blasfemado la fe católica.

 

El Papa Honorio III promovió que la “Ley de la hoguera” se impusiera en el territorio imperial de Federico II.

 

A partir de 1224, con la “Ley de la hoguera, se marca un punto de inflexión entre la Iglesia tradicionalmente benevolente, reformadora y la Iglesia represiva caracterizada por la Inquisición institucional. 

 

1227 à El Papa Gregorio IX (sobrino de Inocencio III) sustituye al Papa Honorio III y en ese mismo año, en el Concilio de Narbona, ordenaba a los obispos  la institución en cada parroquia de comisiones de testigos encargados de inquirir – investigar- a los posibles herejes y proceder a su denuncia. Debían encuestar en las casas, en los pueblos, en los bosques o en los subterráneos en búsqueda de herejes. Las casas en las que se descubrieran herejes debían de

ser quemadas.

 

1229 à Concilio de Toulouse. Bajo la autoridad del legado Romano de San Ángel. El verbo inquirere y el substantivo inquisitio se encontraban ya en los cánones de este concilio.

1.- Se encomendaba a los obispos la instauración de la fe católica y a organizar la búsqueda de los herejes y sus castigos.

La identidad del hereje siguía presentándose de manera abstracta, sin hacer ninguna referencia a las creencias : «aquéllos que designa la opinión pública y aquellos que serán denunciados por las personas honorables y serias, así como aquellos que sean calificados como tales por el obispo».

2.-El obispo seguiría siendo el juez único y responsable del proceso.

3.- E juicio se realizaría en el Tribunal Ordinario Episcopal.

3.-El procedimiento jurídico sería el de la encuesta, la “inquisitio, que ya había inaugurado el IV Concilio de Letrán en 1215 a propósito de la destrucción de las “casas de herejes”, y estableciendo la instrucción “de oficio, totalmente secreta y sin presencia de abogados para los acusados.

4.- Se adoptaron las medidas edictadas en el Concilio de Narbona, en 1227, referentes a la creación de comisiones parroquiales cuya misión era la de encuestar en las casas, en los pueblos, en los bosques o en los subterráneos en búsqueda de herejes. Las casas en las que se descubrieran herejes debían ser quemadas.

De este modo la “Inquisición” rompe con el derecho señorial, puesto que todo Señor tenía derecho a encuestar en materia de herejía en las tierras de otro.

5.- Se pronunció sobre las diferentes penas o castigos que serían infligidos a los herejes en función de la gravedad de sus faltas:

-Los herejes que se confesaran voluntariamente serían condenados a llevar

cruces (lo que suponía una penitencia infamante), se verían privados del acceso

a los cargos públicos y privados, del derecho a la justicia.

-Los herejes que se confesaran obligados serían encarcelados en el “Muro”, nombre que recibía la prisión, para hacer penitencia y no contaminar a otros individuos y se les confiscarían los bienes

-Los que acogieran herejes (receptores), deberían sufrir las mismas penas.

-Los que teniendo como misión la de perseguir a los herejes, como los oficiales señoriales,  no se dedicaran seriamente a ello, se verían privados de sus bienes y destituidos de sus cargos.

-A los sospechosos de herejía se les prohibiría ejercer sus profesiones.

 

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La Inquisición Episcopal en Catalunya

 

En Catalunya, entre fines del XII y primer cuarto del s XIII, Alfonso II en 1194, Pedro II en 1197 y  Jaime I en 1225, declaran pena capital al hereje que se halle en sus dominios.

Se referían a los valdenses y a los cátaros, dos formas sucesivas y semejantes, originadas en Italia y sur de Francia, de movimientos espiritualistas, que propugnaban abolir la organización burocrática del cristianismo, la jerarquía sacerdotal, así como el juramento y cualquier clase de homicidio aun legal. Su puritanismo, la creencia en el doble principio maniqueo del bien y del mal, y su consecuencia, la transmigración del espíritu, otorgaba fácil consuelo a aquellas masas fanáticas, lo que explica su enorme y temida popularidad.

 

En Catalunya las primeras actuaciones datan de finales del siglo XII, contra los valdenses.

 

1194 à Primer acto bien documentado de la Inquisición Episcopal en Cataluña: Alfonso II el Casto, primer rey de la Corona de de Aragón (constituida por el Reino de Aragón, más los condados catalanes que heredó de su padre, Berenguer IV, conde Barcelona), estableció una constitución emanada en Lérida, contra la herejía, dirigida a todas las autoridades eclesiásticas y civiles y a los pueblos bajo su autoridad.

"Ordenamos a todo valdense que, en vista de que están excomulgados de la Santa Iglesia, son enemigos declarados de este reino y tienen que abandonarlo, e igualmente todos los estados de nuestros dominios. En virtud de esta orden, cualquiera que desde hoy se permita recibir en su casa a los susodichos valdenses, asistir a sus perniciosos discursos o proporcionarles alimentos, atraerá por esto la indignación de Dios Todopoderoso y la nuestra; sus bienes serán confiscados sin apelación y será castigado como culpable del delito de lesa majestad; además cualquier noble o plebeyo que encuentre dentro de nuestros estados a uno de estos miserables sepa que si los ultraja, los maltrata o los persigue, no hará con esto nada que no nos sea agradable".

En ella se especificaba que:

1.- Se persiguiera y castigara a los herejes llamados valdenses, también conocidos como “Pobres de Lión”, que desde las zonas meridionales de Francia atentaban contra la unidad religiosa de sus dominios,  a la par que todo tipo de herejes, declarados enemigos públicos de Cristo y de sus reinos, los cuales eran conminados a salir de los reinos.

2.- Amenazaba a esos herejes con la indignación de Dios y la real, con la pérdida de sus bienes y con el castigo que se aplicaba a los convictos del crimen de lesa majestad.

3.-Entre otras disposiciones daba seguridad a los que maltratasen a los herejes, que no serían castigados, antes bien serían merecedores de la aceptación real.

 

Desde entonces, la persecución se hizo sentir con violencia, y en una sola ejecución 114 valdenses fueron quemados vivos y sus cenizas echadas al río Ter en Girona. Sin embargo, muchos lograron esconderse y seguir secretamente su predicación en Catalunya, pues al contrario de lo que decretaba la orden real, los veían con costumbres austeras y anunciando de manera sencilla y llana el Evangelio.

 

 

1197 à Segundo acto bien documentado de la Inquisición Episcopal en Catalunya: Pedro II el Católico en una constitución emanada en Gerona ampliaba, si cabe, las medidas contra los valdenses con la incautación de bienes y penas pecuniarias contra los que no colaborasen con tales medidas. Esta constitución tenía que ser leída en todas las iglesias de los reinos de sus dominios cada domingo y tenía que ser observada por todo el mundo.

 

Desde 1200 a 1250 todas las clases sociales contribuyeron a engrosar la secta del catarismo.

 

A partir de principios del siglo XIII, la acción inquisitorial actuó contra los cátaros.

 

1225 à Tercer acto bien documentado de la Inquisición Episcopal en Catalunya: constitución de Jaime I el Conquistador que se establecía la prohibición de que los herejes entrasen en los territorios de sus dominios. Además se decretaba que los herejes fuesen detenidamente examinados. Sobre este examen los Obispos habían de pronunciar sentencia canónica, perteneciendo a la justicia del brazo secular su cumplimiento aplicando la legislación vigente.

 

 

1331 à A través de la bula “Excomunicamus et anathemizamus” , el Papa Gregorio IX refundió las disposiciones antiheréticas de las bulas y concilios desde la bula “Ad abolendam”,( incluyendo la “Ley de hogueras” de 1224, que sería aplicada por el poder civil).  unificando leyes canónicas y civiles contra la herejía.

 

Entre 1231 y 1233  El Papa Gregorio IX fue tomando una serie de medidas de las que fue saliendo la Inquisición en su sentido estricto: “Inquisición Pontificia” porque era la primera inquisición unitaria bajo la autoridad del Papa en colaboración con el poder civil:

Los puntos principales de la nueva Inquisición eran:

1.- El Papa liberaba a los Obispos locales de su responsabilidad como represores de la herejía dada su reiterada ineficacia en esa función.

2.- Establecía la institución de un tribunal especial o extraordinario (Tribunal Inquisitorial) y lo confiaba a jueces delegados designados directamente por la Santa Sede, los inquisidores. Este tribunal inquisitorial actuaría con independencia de la jurisdicción episcopal.

Este tribunal inquisitorial podría imponer la excomunión, el interdicto, reconciliar  con la Iglesia a los herejes que abjurasen y reclamar del brazo secular la ejecución de la pena de hoguera para los que así dispusiese.

3.-En 1233 confió la Inquisición a la Orden de los Predicadores (Dominicos) y subsidiariamente a la Orden de Frailes Menores, los  Franciscanos. La vida de estos frailes al ser itinerantes se adaptaba mejor que la de los miembros de otras órdenes a la tarea de la lucha contra la herejía. La Inquisición la deberían llevar a cabo en nombre de la Santa Sede.

4.- En su procedimiento destaca, de manera general, la supresión de la mayoría de las garantías que el Derecho Canónico aseguraba a los acusados: éstos desconocían el nombre de los acusadores, no podían ser asistidos por un abogado, estaban expuestos al riesgo de la tortura. Más que la verdad, lo que se pretendía era la confesión en vistas a una eventual conversión.

La Inquisición así definida apareció en 1231 en Alemania, en 1232 en la Corona de Aragón, en 1233 en Francia, y fue confiada, por su preparación intelectual, a la orden de Santo Domingo.

 

 

A partir de la institución de la Inquisición Pontificia, se pone en marcha el PROCEDIMIENTO INQUISITORIAL:

 

1.-Los inquisidores son jueces delegados del Papa y dependen únicamente de

él, poseen la plenitud o potestatis en materia de herejía y no conservan, en teoría, ningún lazo con la Orden de Predicadores a la que pertenecen.

2.-Por su parte los burgueses, cuyos representantes habían sido reconocidos por la justicia del señor, van a ver suprimidas las franquicias y garantías que habían obtenido, viéndose excluidos de la justicia de los inquisidores.

3.-La Inquisición pone en práctica el “procedimiento de oficio”, totalmente secreto, y suprime así toda garantía al acusado. Este procedimiento de oficio sustituye al procedimiento acusatorio que era oral y público. Ahora, los debates serán privados y los acusados no tendrán derecho a recurrir a un abogado.

4,-Los nombres de los testigos son conocidos únicamente por el tribunal, los prevenidos los ignoran, para evitar represalias contra sus acusadores. La Inquisición mantiene de esta manera el miedo y la angustia de los amigos y protectores de los herejes, incitándoles así a abandonarlos.

5. La única ceremonia pública de este “procedimiento de oficio” era la de los Sermones Generales pronunciados por los inquisidores y al final de los cuales anunciaban las penas infligidas a los acusados. Los Sermones generales representaban un momento muy importante de este procedimiento porque se trataba de grandes asambleas solemnes a las que asistían los poderes laicos y eclesiásticos. Era entonces cuando los condenados eran entregados al brazo secular que, según la pena, se encargará de encender las hogueras y de ajusticiarlos. Los Sermones generales jugaban un papel pedagógico importante porque era el momento en el que se presentaba a modo de recordatorio, la única verdad existente, la que formulaba la Iglesia.

 

Una de las particularidades de la Inquisición Pontificia era que los condenados, tras conocer su sentencia, podían apelar ante la Santa Sede. Ofreciendo el suficiente dinero a la Iglesia, teniendo una posición social elevada o realizando favores que las autoridades eclesiásticas juzgaran suficientes, les resultaba posible conseguir la absolución, lo cual seguía dando muestra de la corrupción clerical en aquella época.

 

 

1234 à Se instalan en el Sur de Francia los primeros inquisidores,  creándose dos tribunales, uno en Toulouse y el otro en Carcasona.

 

1237 à El Papa Gregorio IX, visto cómo proliferaban las hogueras para castigo de herejes, hubo de moderar el celo de los inquisidores, disponiendo que cada inquisidor dominico tenga un colega franciscanoa fin de que la dulzura de este último temple la demasiado grande severidad del otro”. El uso de abogados estaba prohibido.

 

La orden de los dominicos (Orden de Predicadores), creada por Domingo de Guzmán, era muy estricta y sus métodos expeditivos se trataron de suavizar al principio con la presencia a su lado de monjes más tolerantes, los franciscanos  (Orden de Frailes Menores, creada en Italia por Francisco de Asís).

 

1244 à Conquista de la fortaleza de Montsegur, último bastión cátaro. Los herejes que quedaban en la región se refugiaron unos en Puigllorenç, Querbus y otros en Catalunya e Italia.

 

1252 à El Papa Inocencio IV en la bula “Ad extirpanda” decretó que la herejía era una razón de estado y autorizó el uso de la tortura –aunque debía de ser ejecutada por seculares- como medio legítimo para obtener la confesión de los reos. La tortura, como medio para obtener confesiones había viniendo siendo algo habitual en los sistemas judiciales civiles de la Edad media, pero hasta entonces la Iglesia había procurado evitarla por la evidencia lógica de que su uso distorsionaba la confesión del reo. De cualquier modo, en ningún caso podía mutilarse al reo ni poner en peligro su vida. Las penas eran variables. Los herejes relapsos eran entregados al brazo secular para la ejecución de la pena de muerte.

Además de la hoguera se aplicaba la pena de prisión o murus que podía ser:

 -largus, con cierta posibilidad de movimientos.

 -strictus, con cadenas en pies y manos, local estrecho y poca comida.

-strictissimus, verdadera antecámara de la tumba.

 

Muchas de las condenas se produjeron postmortem. En ocasiones los cadáveres fueron desenterrados de sepulturas situadas en cementerios católicos y llevados a la hoguera.

 

De 1305 a 1309 aldeas enteras fueron sometidas a los interrogatorios de los más famoso inquisidores del sur de Francia.

Geofrey d’Ablis (inquisidor de Carcassone)

Bernardo Gui (o Guidoni) (inquisidor de Tolosa).

 

Los métodos de Geofrey d’Ablis y de Bernardo Gui Sus métodos no contemplaban la tortura propugnada por “Ad extirpanda”: creían más en su habilidad policial que en las declaraciones forzadas por el dolor y el miedo. Bernardo Gui redactó un famoso manual para dirigir los interrogatorios y la toma de miles de declaraciones, registradas con toda escrupulosidad para ser examinadas y comparadas con detenimiento, daba siempre los frutos esperados. Esta paciente labor policial se veía reforzada cuando se capturaba a un Perfecto, porque estos hombres no dudaban en escoger la hoguera frente a la abjuración de su fe y mantenían con firmeza su voto de decir la verdad para no perder las gracias que otorgaba el consolamentum.

 

Ante esta situación, la mayoría de los Perfectos huyeron a Italia, donde reinaban mejores condiciones. Se organizará una jerarquía en el exilio y se establecerá una corriente permanente, con guías o ductores, que alimentará lo que quede del catarismo occitano hasta su desaparición.

 

Algunos cátaros huyeron también a Cataluña.

 

En el Languedoc, el catarismo sobrevivía clandestinamente en casas particulares, hospederías y hasta en silos y bodegas: los nuntii van a buscar secretamente a los escasos Perfectos para las reuniones nocturnas.

 

A veces salta la chispa de la rebelión, pero en vano: en 1305, Pons de Montolieu y otros seis notables de Carcassonne son atados a la cola de un caballo y arrastrados y colgados con sus trajes consulares.

 

Poco a poco, el movimiento, refugiado cada vez más en los campos y aldeas, se extingue bajo la represión.

 

1321 à El último Perfecto del Languedoc, Belibasto, es capturado después de atraerle a traición desde su refugio en España (San Mateo).

 

Alrededor de 1330 puede decirse que todo ha desaparecido en el sur de Francia, aunque en el norte de Italia y en Sicilia se prolongó aún hasta principios del siglo XV.

 

 

1486 à Por encargo del Papa Inocencio VIII, los dominicos dos Inquisidores dominicos, Heinrich Kramer y Johann Sprenger, escribieron el manual de Inquisidores Malleus Maleficarum, ("Martillo de Brujas") utilizado por la Inquisición Medieval y de los jueces de lo criminal, y texto, por así decirlo, explicativo de las diferentes clases de brujas, con las características correspondientes a sus respectivas influencias. Una enciclopedia sobre las brujas. Esta obra es notoria por su uso en el período de la histeria por la caza de brujas que alcanzó su máxima expresión desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XVII

 

 

-En la Inquisición Pontificia, las sentencias de los juicios eran apelables ante la Santa Sede y generalmente los acusados eran absueltos allí por dinero, posición social o mediante un favor importante a los ojos de la Iglesia.

 

-Luego de algunos siglos de funcionar fue quedando en desuso y en el olvido.

 

 

 

 

La Inquisición Pontificia en Catalunya (Inquisición Catalana)

 

El Papa Gregorio IX constataba que la herejía (en especial la cátara) había empezado a infestar Catalunya.

 

1232 à El Papa Gregorio IX publica en Spoleto la bula “Declinante iam mundi vespere ad occasum”,  dirigida al arzobispo de Tarragona y metropolitano de Cataluña, la institución formal de una Tribunal de la fe en Catalunya bajo la competencia exclusiva del poder eclesiástico, es decir, de los obispos, con el concurso del brazo secular en casos determinados.

En esta bula se ordenaba al Arzobispo de Tarragona y metropolitano de Cataluña que:

1.- Se procediera contra los herejes, sus protectores y sus encubridores ya fuera por él mismo, el metropolitano, o bien por los frailes de la orden de los Predicadores (que había sido creada específicamente para hacer frente al catarismo) o por otros.

2.-Se practicase una diligente indagación o inquisitio sobre los herejes

3.-Si los herejes eran hallados culpables, ante su negativa a convertirse sinceramente y obedecer los mandamientos de la Iglesia sin ningún tipo de restricción, se procediera contra ellos conforme a los estatutos formulados ya contra los herejes.

 

1233 à El rey Jaime I el Conquistador confirma un estatuto redactado por Ramón de Penyafort para combatir a los herejes y el establecimiento de la Inquisición que fue confiada al Obispo de Barcelona y a los dominicanos.

 

1234 à Asamblea eclesiástica reunida en Tarragona en la que por recomendación de Ramón de Penyafort  se acuerda una constitución que complementa la bula pontificia de 1232 .

Se establecía:

1.-Que ninguna persona laica pretendiera discutir sobre la fe católica ya de forma privada ya públicamente.

2.-Que nadie poseyera libros de la Biblia, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento, en lengua vulgar;

3.-Que no se concediera ningún cargo público a alguien que hubiera sido infamado o fuera sospechoso de herejía.

4.-Que las casas que alojaran herejes, en el caso de ser ellos sus propietarios, fueran destruidas, en los demás casos fueran devueltas a su señor;

5.-Que sólo podían dictar penas los obispos o sus delegados;

6.-Que los que amparasen a los herejes perderían sus bienes, teniendo que ser además entregados a la autoridad real para el correspondiente castigo corporal;

7.-Que los oficiales seculares renuentes a hacer cumplir estas disposiciones, debían ser depuestos.

8.-Que se debía enviar a los lugares sospechosos de herejía un clérigo asistido por dos o tres laicos para llevar a cabo una inquisición.

 

El obispo era aún la máxima autoridad. Pero en la bula de 1232 se encomendaban las tareas inquisitoriales a los frailes mendicantes de la orden de los Predicadores. De ahí que, poco a poco, los inquisidores se fueran situando en primer plano. Sin embargo, como puede observarse en los procesos de inquisición, el obispo no quedó marginado. Una vez llevada a cabo la acción indagatoria o inquisitorial o instructoria, intervenía la autoridad del obispo designando un “cojuez”.

 

El despliegue inquisitorial era ya un hecho en Catalunya.

 

1237 à Proceso de Castellbó (muy cerca de la Seu d’Urgell). Castellbó y sus alrededores se había ido convirtiendo en el corazón del catarismo catalán pero había sido tolerado por razones de linaje. Los inquisidores detuvieron a 45 herejes, 15 huidos fueron declarados contumaces, se hizo desenterrar 18 cadáveres, se quemaron sus restos y se ordenó destruir dos casas.

 

1242 à III Concilio de Tarragona. Fue sólo una asamblea eclesiástica que comprendía todos los territorios de la Corona de Aragón. Estuvo presente Ramón de Penyafort que, a instancias de Jaime I el Conquistador, estructuró definitivamente el tribunal de la Inquisición en Aragón y reguló su funcionamiento según un primer reglamento, debido al propio Ramón de Penyafort, que constituyó un primer «manual de inquisidores».

En esta asamblea:

1.-Se estableció una distinción entre herejes y relacionados con los herejes.

Herejes eran quienes persistían en el error.

Sospechosos eran los que escuchaban sus prédicas o rezaban con los herejes.

Ocultadores eran los que se comprometían a no descubrir a los herejes.

Fautores y defensores eran los que ayudaban o defendían a los herejes.

Relapsos eran los que, habiendo abjurado de la herejía, reincidían en ella o reincidían en la fautoría.

2.- Todos éstos estaban sujetos a excomunión mayor.

3.-Se trató de regularizar las penitencias y las fórmulas de abjuración de los herejes.

4.- Las decisiones tomadas no fueron otra cosa que la aceptación solemne de las directrices concretas del papa Gregorio IX.

 

1244 à La Rendición de la fortaleza de Montsegur hizo que muchos herejes se refugiaron y fueran bien acogidos en las tierras del vicondado de Castellbò, considerado el corazón del catarismo catalán.

 

A mediados del siglo XIII la Inquisición Pontificia estaba organizada en Catalunya y no difería de los otros organismos inquisitoriales de otros países.

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1254 à Inocencio IV, por insistencia de Jaime I El Conquistador, ordenó a los superiores de la orden de los Predicadores de Lérida, Barcelona y de Perpiñán que nombrasen inquisidores entre los frailes de su orden y los enviasen al rey Jaime I el Conquistador.

 

 

 

 

Actividad de la Inquisición Catalana

 

En Cataluña las primeras actuaciones datan de finales del siglo XII contra los valdenses.

 

A partir de principios del siglo XIII, contra los cátaros. En este mismo siglo se actuó contra unos judíos por blasfemias y por escarnecer la Eucaristía.

 

Iniciado el siglo XIV, se actuó contra los templarios. En este mismo siglo, algunas doctrinas de Arnau de Vilanova fueron materia para la intervención de la Inquisición. También lo fueron las opiniones de los Begardos. También, algunas opiniones de Ramon Llull, es decir, de sus seguidores, el movimiento conocido como Lulismo. También, las opiniones de cierto espiritual franciscano sobre la pobreza. Por invocar los malos espíritus, tener tratos con demonios y hechicería intervino la inquisición en este siglo XIV contra un judío en un proceso que enfrentó al inquisidor del momento, Nicolau Eimeric, con el poder secular acerca de la jurisdicción de un poder y otro poder. En los últimos procesos del s. XIV, la Inquisición actúa sobre todo contra la hechicería en toda su extensísima gama de concreciones, hallándose implicadas todas las clases sociales: astrología, sortilegio, maleficio, nigromancia, conjuro, artes mágicas, encantamientos, brujería, invocaciones y adoraciones demoníacas, ocultismo, alquimia y otros muchos matices. Otra manifestación objeto de la atención de la Inquisición fue la blasfemia.

 

Con el siglo XV la Inquisición Catalana entra en un periodo de letargo. Los procesos de la Inquisición se dirigen, casi exclusivamente, contra practicantes de nigromancia, conjuros, artes mágicas, encantamientos, brujería, invocaciones y adoraciones demoníacas, ocultismo. También, en casos de blasfemias y escarnios a la liturgia cristiana, en especial a la Eucaristía. Por último, también en el siglo XV, la Inquisición actuó en algunos casos de acusación de criptojudaísmo.

 

La pasividad es la característica de la Inquisición Catalana, institución sólo eclesiástica, durante el siglo XV hasta la aparición de la Inquisición Castellana.

 

 

 

 

 

Los Inquisidores de la Inquisición Catalana

 

Aunque fueron muchos los Grandes Inquisidores actuando en los dominios reales, desde la instauración formal de la Inquisición en tiempos de Ramón de Penyafort, destacan en especial los del siglo XIV:

 

Bernat de Puigcercós.

 

Nicolau Rossell.

 

Nicolás Eymeric, nombrado en 1357. Fue el inquisidor más tenaz, más duro y más agresivo de toda la historia de la inquisición catalana. Su acceso al cargo de Gran Inquisidor de la Corona de Aragón llevó consigo una profunda reestructuración del organismo inquisitivo, reestructuración que no lo afectó esencialmente, pero que revistió una gran importancia.

 

Hernando Martínez de Écija, nombrado en 1391. También especialmente recordado por su crueldad.

 

 

 

Antes de la constitución de la Inquisición Española, en el Reino de Castilla no había Tribunal de Inquisición; los delitos contra la fe eran resueltos por los Obispos, por lo que habría que hablar de una Inquisición Episcopal.

En cambio, en el Reino de Aragón las cosas eran diferentes, ya que la herejía cátara se había extendido desde Toulouse hasta esas tierras, motivo por el cual ya estaba implantada la Inquisición Pontificia.

 

En 1492, se exigió a la comunidad judía conversión “forzosa” al cristianismo o expulsión de España.

 

1- Fundación (1478 a 1530): gran actividad. Objetivo principal: los conversos y otros herejes, los focos protestantes de la Universidad de Alcalá de Henares y de Sevilla. Periodo de severas penas. En 1483 se crea el Consejo de la Suprema y General Inquisición (“la Suprema”) y el mismo año se nombra a Tomás de Torquemada Inquisidor General de Castilla y Aragón.

 

2.- Decadencia (1530 a 1640).

La actividad del tribunal fue menor, salvo un pequeño rebrote durante el reinado de Felipe II.

El Santo Oficio se hizo más burocrático.

El objetivo principal en esta época fueron los cristianos nuevos y la censura de libros a causa de la represión ideológica derivada del Concilio de Trento. Empezó una represión contra los erasmistas (Carlos I era erasmista). La falta de reos hizo a los inquisidores extender su jurisdicción a causas relativas a sodomía y se encargó de vigilar estrechamente las actividades de los extranjeros relacionadas con delitos ideológicos y de fe.

En 1609, se exige a la comunidad mora conversión “forzosa” al cristianismo o expulsión de España.

 

3.- Rebrote (1640 a 1660). Se reinició la actividad, principalmente sobre conversos o cristianos nuevos.

 

4.- Disolución (1668 a 1834): inactividad cada vez mayor. El tribunal se limitó a coartar la libertad de expresión y a impedir la propagación de las ideas ilustradas o excesivamente progresistas. A partir de 1808 (muerte de Carlos IV) la inquisición entra en una fase de desintegración paulatina. Con la invasión de Napoleón se pone fin a la Inquisición, pero en 1811 se reinstaura aunque sin mucha actividad. En 1834 queda definitivamente abolida por las Cortes.

 

 

 

 

Inquisición Española en Catalunya

 

La Inquisición Española se implantó en Castilla en 1478, pero no se implanta en Catalunya hasta  1487, después de ofrecer resistencia.

 

Frente a la Inquisición los reinos de la Corona de Aragón partían de una situación distinta de los de Castilla: la experiencia inquisitorial no era nueva para ellos. En el caso de Barcelona, además, se añadía el hecho de contar, ciudad y diócesis, con un inquisidor propio; segregado del inquisidor general. Era una inquisición plenamente papal y romana que se encontraba entonces a en franca y pacífica atonía. La oposición fue asumida inicialmente por el Consejo de Ciento y la

Generalitat y posteriormente por las Cortes Catalanas,

 

Se pueden establecer cuatro periodos en Catalunya:

 

1.-1487-1598 Finaliza con la muerte de Felipe II. Con dos subperíodos:

1487-1505, dominado por la acción contra el criptojudaísmo.

1539-1598, por la represión de protestantismo.

 

2.-1599-1640 Se inicia con la entronización de Felipe III. Finaliza con la con la “Revolta Catalana” se introduce, por vez primera, la dualidad inquisitorial Barcelona / Tortosa. Durante la anexión de Catalunya a Francia entre 1640 y 1659, regresa a Catalunya el modelo de “Inquisición Catalana” y se pide al Papa que nombre dos Inquisidores Generales (Jaume Ferrán y Jaume Pla). Cuando Catalunya se integra de nuevo a España, se reimplanta la Inquisición Española.

 

 

3.-1653-1705 el tercer período comienza con la recuperación de la unidad inquisitorial, bajo el mandato de la Suprema y se alarga hasta que de nuevo se rompe esta unidad con motivo de la guerra de secesión y la opción por el archiduque Carlos —Carlos III— por parte de Catalunya. Austriacistas y borbones mantienen el Tribunal los primeros en Barcelona, los segundos en Tortosa.

 

4.-1718-1820 Durante la etapa borbónica, la Inquisición pasó a tener un papel testimonial, disminuyó drásticamente la actividad. Se inicia con el decreto de Nova Planta y mantiene la uniformidad borbónica hasta 1808, primera abolición francesa y desde entonces se mantiene en un periodo decadente hasta la supresión absoluta por asalto de la sede del Tribunal de Barcelona.

 

 

La Inquisición portuguesa fue establecida en Portugal en 1536 por el rey Juan III.

 

En un principio, la Inquisición portuguesa estaba bajo la autoridad del Papa, pero en 1539, el rey nombró inquisidor mayor a su propio hermano, Don Enrique.

 

1547 à el Papa terminó aceptando que la Inquisición dependiese de la corona portuguesa.

 

1540 à Primer auto de fe. Tuvo lugar en Lisboa

 

1560 à se estableció un tribunal de la Inquisición en Goa.

 

Abolida en 1821.

 

 

Al comienzo, la actividad de la Inquisición romana se restringió a Italia, pero con Pablo IV, en 1555, comenzó a perseguir a numerosos sospechosos de heterodoxia, entre los que se encontraban varios miembros de la jerarquía eclesiástica, como el cardenal inglés Reginald Pole.

 

1600 à Fue juzgado, condenado y ejecutado el filósofo Giordano Bruno.

 

1633 à Fue procesado y condenado Galileo Galilei.

 

1965 à el papa Pablo VI reorganizó el Santo Oficio, denominándolo Congregación para la Doctrina de la Fe.

 

 

Observaciones

La Inquisición Episcopal resultó ser una  dinámica represora primitiva para establecer un control de la herejía desde la Iglesia, a través de los obispos, ejecutada con el soporte del poder civil, pero carente aun de estructura y de normalización como sucedería años más tarde.

 

 Durante este periodo, se va observando que el Papado:

- Intentó poner coto a grupos heréticos concretos, los que iban tomando fuerza y presencia social.

 - La vigilancia corría a cargo de los Obispos, pero no era muy efectivo.

- No tenía especial interés en aplicar castigos físicos expeditivos como había hecho históricamente, desde siempre, el poder civil.

- De cualquier modo se apoyaba en el poder civil si se debían aplicar castigos físicos, aspecto lógico de entender porque éste tenía larga experiencia en la represión de grupos heréticos.

 

 

 

 

 

Domingo de Guzmán (1170-1221)

Dominico.

 

Convencido de que los Cátaros, considerados herejes por la iglesia, debían ser convertidos al catolicismo, comenzó a formar el movimiento de predicadores. De acuerdo con el papa Inocencio III, en 1206, al terminar las embajadas, se estableció en el Languedoc como predicador entre los cátaros. Funda la Orden de Predicadores en 1216.

Una etimología apócrifa atribuye el nombre de la orden a "Domini Cani", es decir, perros (guardianes) del Señor, pero en realidad se deriva del nombre de su fundador Santo Domingo (Dominicus, en latín). Igualmente los Dominicos se consideran a sí mismos como los perros pastores de la Iglesia.

 

 

 

El Catarismo en Languedoc

 

La doctrina cátara halló en los siglos XII y XIII las condiciones y el ambiente ideal para su expansión:

 

1.-En el desarrollo burgués del norte de Italia y del sur de Francia y en el mutuo tráfico comercial.

 

2.- El marco geográfico-político favorecía la libre expansión de la doctrina:

     2a.- En las comunas italianas, por su posición independiente del control imperial y papal equidistante de ambos poderes

     2b.- En el Languedoc, por su situación de neutralidad entre el poder francés del norte, el inglés de Aquitania al oeste, el catalano-aragonés al sur y el imperial al este.

 

3.- La conducta de los grandes dignatarios de la Iglesia dejaba mucho que desear y favorecía el auge de la contestación herética.

 

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El Catarismo en Catalunya

 

El CATARISMO tuvo una importante repercusión en la sociedad catalana, sobretodo a partir de la segunda mitad del siglo XII y hasta finales del siglo XIII.

El CATARISMO, muy extendido primero en los países balcánicos y posteriormente en casi toda Europa, encontró en el Sur de Francia, de manera particular en toda la Occitania, un clima muy propicio para su arraigo. Albi y Toulouse, sobre todo, se convirtieron, en los dos principales focos de la nueva corriente religiosa.

En Catalunya, el catarismo encontró terreno abonado para una fácil introducción y un fuerte desarrollo.

Las tierras del Rosselló y de la Cerdanya unidas al condado de Barcelona, por su proximidad al Languedoc tenían más posibilidades de estar tocadas por el catarismo, debido a la misma proximidad geográfica, a los lazos familiares, militares y comerciales de estas tierras con el Languedoc.

El trasvase de la corriente cátara a los dominios aragoneses del sur de los Pirineos no tardó en producirse, no sólo a través de buhoneros, mercaderes y trabajadores de la lana -la industria de la lana ya existía en Cataluña durante el siglo XII-, sino principalmente gracias al apoyo que encontraron los cátaros en los señores feudales de las regiones pirenaicas. Los grandes señores feudales, si no pertenecían al catarismo, estaban estrechamente ligados a él por lazos de parentesco, vasallaje o amistad

Por ese motivo el catarismo catalano-aragonés no presentó novedades ideológicas específicas, es decir variantes doctrinales, respecto al catarismo occitano.

 

Canales de introducción del catarismo en Catalunya

No resulta fácil precisar el momento de la entrada del catarismo albigense en las tierras pirenaicas de la corona de Aragón. Pero si el modo en que lo hizo:

1.- Fue introducido en Catalunya desde Occitania  siguiendo el procedimiento habitual de los cátaros, a través, sobretodo, del comercio y de la industria, principalmente la téxtil (que durante el siglo XIII dependía, en gran parte, de comerciantes occitanos).

2.- Se incrementó con la llegada de nobles occitanos cátaros, motivada por distintos factores:

- La represión religiosa en Occitania favorecida por los lazos políticos y de vasallaje que en aquellos tiempos unían a Catalunya a los condados y vizcondados del Languedoc

- La importante entrada de capital que comportaba, por los intereses derivados de la guerra contra los sarracenos

- La repoblación de los territorios conquistados.

 

 Motivos de la gran acogida y difusión del catarismo en Catalunya

De 1200 a 1250 todas las clases sociales contribuyeron a engrosar la secta.

Pero cada clase social tuvo sus motivos para apoyar al Catarismo.

1.- Los grandes señores feudales (y la pequeña nobleza también), porque estaban interesados en afianzar, delante de la feudalidad eclesiástica, las posiciones logradas y eran propensos a la adopción de una doctrina que comportaba la supresión del poder temporal de la Iglesia. Y para ello, los señores feudales de estos territorios, titulares de unos dominios en vías de consolidación, no dudan en acometer contra los dominios de las iglesias, que constituían lógicamente un serio obstáculo para sus ambiciones expansionistas, acudiendo incluso a recursos como el bandidaje siempre que fuera preciso.

2.- La burguesía mercantil, que participaba cada vez más en el gobierno ciudadano y en la época inicial del capitalismo, aspiraba al libre comercio del dinero con la posibilidad de préstamo a interés (condenado por la Iglesia católica) y veía con malos ojos las medidas antisuntuarias de la Inquisición y las persecuciones que ahuyentaban la mano de obra y el dinero. Frente a esto, el Catarismo se mostraba como una doctrina que no solamente no condenaba las actividades mercantiles, sino que incluso las favorecía.

3.- Los artesanos, especialmente los textiles, fueron una de las clases predilectas de los cátaros. Muchos Perfectos ejercieron ese oficio.

4.- Los campesinos porque vivían en precarias condiciones, perjudicado por los diezmos y primicias eclesiásticos y porque deseaba un misticismo distante de la opulencia eclesiástica del momento.

El anticlericalismo radical de los cátaro-albigenses creó un ambiente propicio para su desarrollo.

 

Asentamientos Cátaros en Catalunya

1.- Las zonas más influídas por la nueva doctrina fueron el Rosellón (que entonces estaba plenamente integrado al condado de Barcelona y a la Corona de Aragón) y los valles pirenaicos, donde las grandes familias tenían importantes lazos familiares, culturales, militares y económicos con Occitania.

 2.- La zona catalana pirenaica occidental llegó a ser también, refugio y centro de actividades cátaras. Destacaron: Andorra, la Tor de Querol, Berga, Josa, Gósol y Castellbó, y un destacado grupo de los señores de estos territorios se convertirán en decididos protectores de la herejía.

3.- Se extendió hasta Barcelona, Lérida, sur de Tarragona –Montsant, Prades y la ribera del Ebro– aprovechando las franquicias que se otorgaban a los cristianos que repueblan los territorios recién conquistados a los árabes.

4.-Cátaros de Lleida y del sur de Tarragona pasaron a tierras valencianas y en algunos casos llegaron a ostentar cargos de responsabilidad y a disponer de un gran patrimonio.

 

Repercusiones en Catalunya de la Cruzada contra los Cátaros (1209-1229)

A principios del siglo XIII se generalizaron los movimientos de represión de las herejías. Inocencio III, en 1209, proclamó la cruzada contra los Cátaros.

La cruzada albigense, que supuso la represión por la fuerza del catarismo occitano, tuvo una gran repercusión para Catalunya:

1.- Representó el final de la expansión catalana en tierras occitanas (que pasaron a formar parte del reino de Francia, a partir de la derrota sufrida por el rey Pedro I en Muret, en 1213 ).

2.- Fue el comienzo de una importante emigración que contribuyó a la conquista de tierras musulmanas.

3.- Benefició la expansión catalana por Italia, gracias a la imagen tolerante de Catalunya, transmitida por los cátaros refugiados principalmente en Lombardía. 

 

Tras la Cruzada y con la implantación de la Inquisición en Europa, sobreviene una etapa de clandestinidad.

 

En la segunda década del siglo XIII, la Inquisición dio un gran paso para su institucionalización en Cataluña, debido a una constitución de Jaime I, publicada en 1225. En esta constitución se establecía la prohibición de que los herejes entrasen en los territorios de sus dominios. Además se decretaba que los herejes fuesen detenidamente examinados. Sobre este examen los obispos habían de pronunciar sentencia canónica, perteneciendo a la justicia del brazo secular su cumplimiento aplicando la legislación vigente. La Inquisición iba tomando forma.

 

Politicas de represión del Catarismo en Catalunya

En la corona catalano-aragonesa la represión de la herejía, favorecida en especial por Iglesia, estuvo condicionada por sus repercusiones en la política occitana de los reyes. Por ello se observaron distintas actitudes:

-En contra de la represión: Alfonso el Casto y Pedro I la condenaron varias veces la represión, seguramente para proteger a los nobles de una represión más dura.

-A favor de la represión: Jaime I cedió a las presiones papales que pedían con urgencia la extinción del catarismo. A mediados del siglo XIII fue establecida definitivamente la inquisición como institución, y bajo el control de los dominicos

Sólo en la zona de la Cerdaña (Lleida) y en el condado de Castellbó fueron condenados más de medio centenar de cátaros durante la primera mitad del siglo XIII. Quince de ellos fueron quemados vivos y dieciocho en efigie, mientras que los demás se supone que se retractaron de su doctrina o pagaron dinero para obtener el perdón. Lo mismo sucedió en el Cadí (Barcelona) y en la ciudad de Lleida. Además, unos pocos fueron condenados después de muertos, aunque hiciera años del óbito, y, como castigo, sus cuerpos resultaron profanados.

 

Desaparicón del Catarismo en Catalunya.

Los tres factores que más contribuyeron a erradicar los restos de herejía cátara en los reinos orientales de la península fueron:

1.-Nuevo clima socio-político: La Reconquista iba progresivamente proporcionando nuevas tierras y nuevas oportunidades a la nobleza y la burguesía rica, sin tener que competir por ellas con la Iglesia.

2.-Tolerancia del soberano aragonés: Jaime I facilitó el encauzamiento de las familias de inmigrados occitanos o pirenaicos, sospechosos de herejía, hacia empresas de reconquista o repobladoras.

3.-La Inquisición: Desde el año 1232 entró en funcionamiento la Inquisición en Aragón.

En torno al año 1300, apenas quedaban núcleos cátaros importantes en Catalunya.

 

 

Las órdenes mendicantes.

 

A mediados del siglo XIII se fundan las órdenes mendicantes: los franciscanos y los dominicos.

 

Predican la austeridad, la beneficencia y la caridad, retornando a las fuentes primitivas del cristianismo y haciendo votos de pobreza

 

Estas órdenes tienen un crecimiento rápido. En pocos años construyen monasterios en casi todas las ciudades de Europa.

 

Éstos monjes mendicantes hacen un marcado contraste con el opulento clero episcopal establecido.

 

Dependen directamente de Roma.

 

Su ortodoxia es extrema.

 

La Orden Dominica es encargada por el Papa para predicar el evangelio y actuar en alguna región infectada de herejía.

 

 

Célebres Inquisidores

 

 

Bernardo Guidoni (1261-1331)

Dominico. Gran Inquisidor de Toulouse

 (1307-1323)

 

Mientras ejerció su cargo, debió hacer frente a tres grandes tipos de herejía de su época: el catarismo y el valdismo. Historiador y hagiógrafo de su orden, es autor de numerosas obras de gran importancia,, entre las cuales es célebre el manual de  inquisidoresPractice Inquisitionis hæreticae pravitatis” ("Práctica de la Inquisición en la depravación herética") en el cual trataba sobre las prácticas y métodos de la Inquisición, utilizada durante la Baja Edad Media.

 

Bernardo Gui es novelado como el inquisidor en la célebre novela de Humberto Eco, “El nombre de la rosa”.

 

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Nicolás Eymeric (1320-1399)

Dominico, Inquisidor General de Aragón (1357-1360 y 1365-1376)

 

Escribió “Directorium Inquisitorum”, manual de Inquisodores, eje de la mecánica procesal de la Inquisición Medieval y también de la Inquisición Moderna.

Gran parte de la vida y obra de Aymerich se dedicó a su oposición a los escritos de Ramón Llull.

 

 

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Heinrich Kramer

(Dominio, Inquisidor de Tirol, Salzburgo, Bohemia y Moravia en )

y

Johann Sprenger

(Dominico, Inquisidor General de Alemania)

 

Escribieron en 1486 el “Malleus melificarum”. Una enciclopedia sobre las brujas.

Para los autores del libro no había engaño demasiado tortuoso ni tormento excesivo con tal de obtener confesiones. Tampoco cabían el escepticismo ni la moderación, pues, como rezaba el lema del libro, “No creer en brujas es la mayor de las herejías”.

Tuvo docenas de nuevas ediciones, se difundió por Europa y tuvo un profundo impacto en los juicios contra las brujas en el continente por cerca de 200 años.

En el “Malleus Maleficarum” se presentan tres partes

1.-Descripción de como cooperan el Diablo y sus brujas para perpetrar males en hombres y animales, tentarles con incubos y sucubos, e inculcar el odio.

2.-Descripción del pacto que las brujas hacen con Satán, ya que los humanos no tienen poder para hacer magia, y tal energía les es dada por el Maligno, de como las brujas renuncian al Cristo, a su bautismo y dan su alma a Satán a cambio de sus poderes, acto considerado blasfemo y una traición a Dios. Estas evidencias fueron recopiladas básicamente por los autores en sus interrogatorios como Inquisidores.

3.- Describe los procesos legales para los juicios por brujería, incluye las reglas para tomar testimonios, la admisión de pruebas, métodos de tortura y pautas para la condena.

Lo que el Malleus Maleficarum venía a decir, prácticamente, era que:

1.- Si a una mujer la acusan de brujería, es que es bruja.

2.- La tortura es un medio infalible para demostrar la validez de la acusación.

3.- El acusado no tiene derechos. No tiene oportunidad de enfrentarse a los acusadores. Se presta poca atención a la posibilidad de que las acusaciones puedan hacerse con propósitos impíos: celos, por ejemplo, o venganza, o la avaricia de los Inquisidores que rutinariamente confiscaban las propiedades de los acusados para su propio uso y disfrute.

Como manual técnico para torturadores;

1.- Incluye métodos de castigo diseñados para liberar los demonios del cuerpo de la víctima antes de que el proceso la mate.

2.- Ideó un refinado sistema de preguntas desconcertantes y dio instrucciones a los futuros inquisidores y jueces sobre cómo deberían insinuarse en la confianza del acusado y prometerle clemencia, para llevarlo más fácilmente a una confesión. En su obra enseñaba la manera de confundir a las víctimas en interrogatorios contradictorios y llevarlas de esta suerte a manifestaciones imprudentes, de las que fácilmente podrían salir nuevas inculpaciones de otras brujas.

 

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Las “Instrucciones”

 

Fueron establecidas por los siguientes  Inquisidores Generales:

 

-Tomás de Torquemada

-Diego de Deza

-Fernando de Valdés.

 

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