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El sitio de Baler: los últimos de Filipinas

 

Filipinas fue una de las últimas tres colonias que España perdió, a finales del siglo XIX.

Baler era, en aquella época, un pueblo de 2000 habitantes situado en la Provincia de Nueva Écija, en la costa Este del Norte de Filipinas, en la isla de Luzón, en una zona montañosa que dificultaba su comunicación con Manila, la capital, y con el resto de la provincia. Su acceso principal era por mar.

El 12 de febrero de 1898, un grupo de 50 soldados llegó al poblado de Baler para proceder al relevo de la defensa de la posición frente a los ataques nativos.

A pesar de que la metrópoli española había firmado la paz el 10 de diciembre de 1898 de París, además de un acuerdo con EEUU por el que vendió Filipinas por 20 millones de dólares de la época, estos hombres, encerrados entre los muros de piedra de la iglesia de Baler, se resistieron a creerlo, y continuaron luchando con todas su fuerzas durante 337 dias. Reclamaban pruebas del exterior que demostrasen que España había perdido realmente la guerra.

Por ello ganaron la fama de héroes y fueron conocidos como los últimos de Filipinas

    

Los sucesos (12 de febrero 1898 - 2 junio 1899)

 

Un destacamento español llegaba a Baler el 12 de feberero de 1998 para un relevo...

El 12 de febrero de 1898 llegaron al poblado de Baler poco más de 50 personas, dispuestas a defender desde aquella posición los intereses españoles, en la todavía colonia, frente a ataques de los independentistas filipinos (los katipuneros) .

La guarnición estaba comandada por el Capitán D. Enrique de Las Morenas, como comandante político-militar del Distrito. Con él llegaban 50 soldados del 2º Batallón de Cazadores al mando de los Tenientes Juan Alonso Zayas y Saturnino Martín Cerezo con el Teniente Médico Rogelio Vigil de Quiñones y tres enfermeros, para sustituir a la anterior guarnición.

Tenían víveres para cuatro meses, plazo en el que se esperaba relevar la guarnición por otra nueva.

 

Sublevación tagala

A principios de abril de 1898, estalla la sublevación tagala nuevamente en la provincia. Poco a poco van cayendo los puestos españoles y Baler queda aislada y sin posibilidad de recibir órdenes o comunicaciones militares. Sin embargo los habitantes de Baler mantenían una actividad normal sin síntomas de sublevación.

El 27 de junio el pueblo amaneció despoblado. Ese mismo día desertaron 2 soldados filipinos y uno español. Ante la inminencia del ataque, las tropas se instalaron en la Iglesia que era un edificio de piedra y mampostería situado en una posición defendible.

La iglesia de Baler era el único edificio de piedra que quedaba en pie en ese pequeño pueblo del norte de Filipinas. Era por tanto el lugar idóneo para que los soldados que habían ido a defender la todavía colonia española se refugiaran de los rebeldes filipinos. Pero lo que en un principio estaba improvisado para ser un techo temporal se convirtió en su única vivienda durante más de 330 días.

 

Iglesia de Baler

Iglesia de San Luis de Tolosa (Baler), donde se instaló la tropa durante el sitio

 

El sitio de Baler (30 de junio 1898 - 2 de junio de 1899)

El día 30 de junio, algunos soldados realizaron una salida para explorar pero encuentraron una fuerte resistencia retirándose a la Iglesia de la misión franciscana en torno a la cual se había constituido el pueblecito de Baler.

Así comienza el sitio de Baler que se puede dividir en TRES ETAPAS.

     

    -La primera fase abarca desde el 30 de junio hasta el 31 de julio de 1898. En esta primera fase los filipinos se dedican a hostigar a las tropas españolas desde lejos, con fuego de fusilería, y a solicitarles la rendición. Aquí se produjeron las primeras bajas y una deserción.

    Para entonces ya se hallaban encerrados entre los gruesos muros de la iglesia del poblado. Fue necesario acondicionarla para adecuarla a la situación de guerra que se vivía: se tapiaron los muros, se habilitó un pozo, se instalaron servicios higiénicos e incluso se construyó una pequeña cárcel, ya que entre el grupo de soldados se descubrió algún que otro traidor

    Sin poder recibir noticias de su Cuartel General, ya que los tagalos dominaban el centro de la isla, solo tenían ordenes de sostener la posición a toda costa.

     

    - La segunda fase comprende desde el 31 de julio hasta el 14 de enero de 1899. Las fuerzas sitiadores estaban compuestas por unos 800 filipinos, con 6 cañones.

     

Martin Cerezo, siendo General

Teniente Saturnino Martín Cerezo, siendo General

 

 

    El mismo día 31 de julio comienza el bombardeo de la Iglesia, sin grandes efectos

    El 7 de agosto los filipinos intentan un asalto por sorpresa para incendiar el edificio, colocando una escalera en una zona de poca visibilidad pero son descubiertos por un centinela y rechazados con bastante bajas.

    Durante este periodo los filipinos habían ido acercando sus trincheras a la posición española hostigándola con fuego de cañón y de fusilería solicitando nuevamente la rendición de la Iglesia en varias ocasiones. Los alimentos escaseaban y las enfermedades causaron varias bajas, entre ellas las del Teniente Alonso, el 18 de octubre y la del Capitán de Las Morenas el 27 de noviembre, este último por malaria. La base de la alimentación era de arroz descacarillado, debido a que el avituallamiento que realizaron antes de encerrarse en la iglesia, fue principalmente el de 4500 kg. de Pelay, que era un arroz autóctono del archipiélago filipino.

    Ante la falta de alimentos frescos que hacía que enfermaran de la mortal enfermedad del beriberi, consistente en la inflamación de los nervios periféricos, y por recomendación del Teniente Médico Rogelio Vigil, se decidió una salida que efectúan 14 soldados al mando del Cabo José Olivares. Aunque el médico Vigil de Quiñones había conseguido construir una pequeña huerta próxima a la iglesia, plantando pimientos, tomates y calabazas silvestres, el estrago mortífero del beriberi no se hizo esperar. En pocos meses fallecieron además de algunos soldados, el Capitán Enrique de las Morenas, el Capellán Fray Gómez Carreño y el 2º Teniente Alonso Zayas. Todos fueron enterrados en la propia iglesia.

     

    Plano de la Iglesia de Baler fortificada

    Plano de la Iglesia de Baler indicando detalle de su fortificación

    1- Puerta

    9- Sacristía aspillerada

    17- Trinchera con su foso

    2- Baptisterio con 3 aspilleras

    10- Puerta de la Sacristía al corral

    18- Ventanas aspilleradas

    3- Puerta que da al camino del río

    11- Salida a la trinchera de la Sacristía

    19- Horno para cocinar

    4- Entrada a las trincheras

    12- Paso del primer patio al corral

    20- Barandilla del Presbiterio

    5- Plantaciones de pimientos y tomates

    13- Pozo construido por los defensores

    21- Parapetos encima de los muros

    6- Línea del Coro

    14- Letrina hecha en una de las ventanas

    22- Pozo de aguas negras

    7- Altar Mayor

    15- Urinario

    23- Entrada del Convento tapiada

    8- Puerta de entrada a la Sacristía

    16- Cuarto de ¿Asco?

    24- Atrincheramiento aspillerado

    25- Foso y trinchera de la Sacristía

     

    Después de deshacer las trincheras tagalas y provocar su retirada hacia posiciones más alejadas de la Iglesia, quemaron las casas circundantes a la posición y recogieron cuantas frutas y verduras pudieron. La quema de las viviendas cercanas a la Iglesia permitió abrir la puerta posterior de la misma para facilitar la ventilación del puesto lo que disminuyó los enfermos de beri-beri.

    En este periodo los filipinos intentan nuevamente la rendición comunicando a los españoles la rendición de Manila y el fin de la guerra hispanoamericana.

    - La tercera fase se desarrolló entre el 14 de enero de 1899  hasta el 2 de junio de 1899, fecha final del sitio de Baler.

    Los filipinos solicitaron la ayuda de oficiales españoles para convencer a la guarnición del fin de la guerra y de la pérdida de la soberanía española.

    El 14 de enero de 1899 la trompeta de los filipinos toca a parlamento. El Teniente Martín Cerezo sube a la torre de la iglesia y observa a lo lejos un hombre portando bandera blanca.

     Avanzó el paisano identificándose como el Capitán español Olmedo Calvo, y asegurando traer noticias del Capitán General.

     Aunque sus deseos eran entregar un documento personalmente al Capitán de las Morenas, el Teniente Martín Cerezo que no quiso dar a conocer la muerte del Capitán, le respondió que el Capitán no puede salir por hallarse indispuesto y que él mismo le entregaría el documento. A ello accedió el parlamentario.  El escrito que se les entregó decía: Habiéndose firmado el Tratado de Paz entre España y los EE.UU. y habiendo sido cedida la soberanía de estas Islas a la última nación citada, se servirá Ud. evacuar la plaza, trayéndose el armamento, municiones y las arcas del tesoro, ciñéndose a las instrucciones verbales que de mi orden le dará el Capitán de Infantería D. Miguel de Olmedo Calvo. Dios guarde a Ud. muchos años. Manila, 1 de febrero de 1899. Diego de los Ríos.

    Dado el castigo psicológico al que se encontraba sometido el ánimo del Teniente Martín Cerezo, por el prolongado sitio, y haber sido engañado en varias ocasiones, aquel escrito le produjo más desconfianza que esperanza. En primer lugar, figuraba la frase las arcas del tesoro. ¿Cómo era posible que la superioridad le exigiera esa entrega, cuando tenía que saber la pobreza en la que se encontraba?. Otra duda era, que el escrito no llevaba la numeración oficial de todo documento clasificado. Por último, que el parlamentario llegaba de paisano siendo oficial y hubiese preguntado al Teniente si era el Capitán de las Morenas, tras haber alegado ser condiscípulo suyo en la academia. Todas estas dudas comentadas con el Teniente médico Vigil de Quiñones hicieron que Martín Cerezo no hiciera caso del documento y diera continuidad a la resistencia.

     Entretanto, los filipinos intentaronn tomar varias veces la Iglesia siendo repelidos por las fuerzas españolas.

     

    Plano de la Iglesia de Baler con las tumbas de los soldados fallecidos

    Plano de la Iglesia de Baler indicando las tumbas de los soldados fallecidos

     

    En marzo se recrudecieron los bombardeos artilleros, con nula efectividad. La situación en el interior de la Iglesia era casi desesperada. Empiezaron a escasear las municiones y las raciones de comida fueron reducidas al extremo.

    A petición de las autoridades españolas, un buque estadounidense intentó evacuar a los españoles pero, al hallarse en guerra los filipinos con los Estados Unidos, sus tropas fueron rechazadas por los tagalos y su buque obligado a retirarse por el fuego de la artillería filipina.

     Tras siete meses de encierro se intensificó el agotamiento y la desesperanza, traduciéndose en alguna deserción entre los más pusilánimes. En realidad desertaron seis españoles y dos indígenas pudiendo evitarse otras deserciones al ser detenidos antes de que la realizaran. Los tres fueron juzgados de acuerdo con el Código de Justicia Militar, y aunque la pena que le correspondía era la de fusilamiento, el Teniente Martín Cerezo determinó encerrarlos en la habitación que correspondía al baptisterio, asegurándolos con grilletes.

    Tras este amargo suceso, otro nuevo fue motivo de alegría, al comprobarse como unos carabaos, bovinos de las región, pastaban próximos a la iglesia. Pronto cazaron uno y en pocas horas estuvo incluso cocinado. Llevaban varios meses sin comer carne, y en tres días dieron fin al bovino, no sin que la mayoría sufriera un cólico. Era lamentable el no poder conservar la carne, ante la falta de sal y en un clima tropical.

    Para hacer más comestible el arroz autoctono, se continuó descascarillándolo, cometiéndose un grave error, entonces comprensible, al desconocerse que la cascarilla contenía la vitamina B, que no sería descubierta hasta 14 años más tarde.

     El 30 de marzo de 1899 se produjo uno enfrentamiento muy fuerte con denso fuego de fusilería e incluso algunos disparos de cañón de 75mm. que aunque no hacían mella en los gruesos muros de la iglesia resultaban peligrosos cuando entraba un proyectil por un hueco de ventana.

    A este respecto hemos de recordar lo ocurrido, al decidir el Teniente Martín Cerezo utilizar uno de los cañones que encontró dentro de la iglesia. Aunque sólo era un tubo de cañón de avancarga, decidió utilizarlo. Para ello, reunió pólvora suficiente de los cartuchos de fusil y de las bengalas. Colocó el tubo en un hueco que hizo en el muro, amarrando fuertemente la culata a una de las vigas del techo. Por medio de una mecha que colocó en el oído del cañón y tras cargar la recámara con la pólvora y muchas piedras, le dio fuego. Se produjo el disparo, pero al retroceso, el cañón hizo de péndulo, rompiendo algunas tejas del techo y chocando violentamente contra el muro de la iglesia. Comprendiendo, que los resultados eran poco eficaces y muchos los trastornos ocasionados, suspendió el fuego de cañón.

    El 29 de mayo de 1899, se presenta a parlamentar con los sitiados el Teniente Coronel español Aguilar Castañeda perteneciente al E.M. del General de los Rios. Pequeños detalles hicieron dudar a Martín Cerezo de la autenticidad del nuevo parlamentario: su raro uniforme, sus pocos expresivos documentos de acreditación; e incluso el barco que, visible en la ensenada, aseguraban era para repatriarlos, pensaron, o creyeron ver, era un lanchón tagalo enmascarado como un barco real. Ciertamente los aparatos de observación que poseían no eran de gran calidad y para Martín Cerezo era increíble, que España hubiese abandonado Filipinas como insistentemente le decían. Esto era el factor base de su incredulidad.

    Rechazados los argumentos del Teniente Coronel Aguilar, el jefe, perplejo y aburrido, hubo de retirarse sin antes decirle al Teniente: ¡Pero hombre! ¿qué tengo que hacer para que Vd. me crea, espera que venga el General Ríos en persona? A ello le contestó el Teniente: Si viniera, entonces sí que obedecería las órdenes.

    Tras once meses de férreo sitio sin prácticamente nada que comer, el Teniente Martín Cerezo, organizó una salida nocturna que acercándolos a la costa, les permitiera montar un punto fuerte en espera del paso de algún buque en dirección a Manila;

         El 31 de mayo se distribuyen las últimas municiones y se destruyen los documentos. Por no poder llevar consigo a los dos soldados desertores arrestados, se ordena su fusilamiento de acuerdo con las facultades que el Código Militar concedía a los jefes de plazas sitiadas.

     

Los últimos de Filipinas

Los supervivientes a su regreso en Barcelona, 1 de septiembre de 1899

 

    El 1 de junio de 1899 se hace la primera intentona, que es frustrada por la intensa vigilancia filipina. Mientras se preparaba la salida para el día siguiente, el Teniente Martín, al releer los periódicos que le dejó el Teniente Coronel Aguilar, encontró en el periodico  Imparcial de Madrid una noticia que le dejó perplejo, y a la que sólo podía tener acceso él. La nota decía que su amigo y compañero el Teniente Francisco Díaz Navarro pasaba destinado a Málaga a petición propia. Esta noticia se la había contado en secreto el propio Díaz Navarro. Según se expresaría el mismo Martín Cerezo, Aquella noticia fue como un rayo de luz que lo iluminara de súbito. Entonces reunió a la tropa, les relató cuál era realmente la situación y les propuso una retirada honrosa, sin pérdida de la dignidad y del honor depositado en ellos por España.

    Los defensores, le dijeron a su Teniente que hiciera lo que mejor le pareciera.

    El día 2 de junio de 1899, un año más tarde del inicio del cerco, se rendía a los filipinos la guarnición de Baler. Ante el asombro de los filipinos, vieron izar en la iglesia la bandera blanca y oír el toque de llamada. Seguidamente, hizo acto de presencia el Teniente Coronel jefe de las fuerzas sitiadoras, Simón Tersón, que escuchó a Martín Cerezo y le respondió que formulase por escrito su propuesta, añadiéndole, que podrían salir conservando sus armas hasta el límite de su jurisdicción, y luego renunciarían a ellas para evitar malos entendidos.

     El escrito que entregó el Teniente Martín Cerezo decía: En Baler a 2 de junio de 1899, reunidos jefes y oficiales españoles y filipinos, transigieron en las siguientes condiciones: Primera: Desde esta fecha quedan suspendidas las hostilidades por ambas partes. Segunda: los sitiados deponen las armas, haciendo entrega de ellas al jefe de la columna sitiadora, como también de los equipos de guerra y demás efectos del gobierno español; Tercera: La fuerza sitiada no queda como prisionera de guerra, siendo acompañada por las fuerzas republicanas a donde se encuentren fuerzas españoles o lugar seguro para poderse incorporar a ellas; Cuarta: Respetar los intereses particulares sin causar ofensa a personas.

     Y así, honorablemente, dio fin tras 337 días de asedio el Sitio de Baler. Una vez arriada la bandera, el corneta tocó atención y aquellos soldados se aprestaron a abandonar su reducto. Los Tenientes Martín Cerezo y Vigil de Quiñones, enarbolando la bandera española, encabezaban una formación de hombres agotados, que de tres en fondo, y con armas sobre el hombro, abandonaban el último solar español en el Pacífico, desde marzo de 1521.

     Durante el cerco murieron tres soldados por disentería, once por beri-beri, dos por fusilamiento, cuatro por fuego enemigo y 5 desertores se pasaron al enemigo. Entre los 32 supervivientes de los cincuenta y siete que iniciaron la defensa, varios estaban heridos o enfermos.

    Fueron evacuados hacia España en medio de los honores tributados por los Filipinos y los Estadounidenses. El recibimiento en España fue tibio.

     Al cabo de cien años de este asombroso acontecimiento, no se sabe qué valorar más; si el ofuscamiento de Martín Cerezo sobre la realidad, actitud disculpable por los numerosos engaños recibidos, o la tenacidad en cumplir fielmente y hasta el final las órdenes de defender a su pais en sus posiciones del Pacífico.

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