.

Las Penas en la Inquisición española

Penas impuestas por el Santo Oficio de la Inquisición

Pena Ordinaria

Relajación al brazo secular” (pena de muerte)

Penas arbitrarias

Pena de abjuración

Pena de destierro

Pena de cárcel

Pena de galeras

Pena de vergüenza pública con azotes

Pena de vergüenza pública sin azotes

Pena pecuniaria

Pena de hábito penitencial o sambenito

Incapacitaciones

Penitencias espirituales

Penas

Toda acusación que daba inicio a un proceso inquisitorial tenía como objetivo el castigo del hereje mediante la imposición de una pena.

Estas penas tenían unas características y unos fines muy particulares como son la ejemplaridad, el utilitarismo, el oportunismo y la arbitrariedad.

Con la ejecución de la pena se producía una publicidad que servía como ejemplo y escarmiento, consiguiéndose asi un efecto intimidatorio, cuya consecuencia inmediata era la prevención de futuros delitos heréticos.

La ejemplaridad se reflejaba en actos como la celebración de los autos de fe, la ejecución de la pena de muerte en la hoguera, la vergüenza pública, los azotes, la exhumación de los huesos de los herejes difuntos y el sambenito como vestidura de los penitentes con su posterior exposición en las iglesias.

El utilitarismo se aprecia en penas sobre las que se obtiene algún provecho en su aplicación, como era la sustitución de la pena de carcel perpétua por la de galeras, cuya duración dependía de la rentabilidad en el trabajo y no de criterios jurídicos. El plazo en castigo de galeras era mínimo de tres años, probablemente porque de haber sisdo menos tiempo el Fisco hubiera empleado en mantenimiento mucho más  de lo obtenido con el trabajo de los condenados.  El mismo utilitarismo se aprecia en las penas de Confiscación de Bienes, y en las penitencias pecuniarias impuestas a los sospechosos para cubrir los gastos del Tribunal.

El oportunismo se observa en la suavización y en el endurecimiento de las penas por motivos políticos o sociales, al margen de la responsabilidad del reo. Se mitigaba la pena sobre todo en delitos cometidos por sacerdotes, como es el caso de la solicitación. Se castigó este delito siempre en privado, para evitar el desprestigio del sacramento de la penitencia.

La arbitrariedad era patente en la aplicación de las penas. Cuando el acusado resultaba condenado como hereje relapso o pertinaz, y el delito era perfecto y plenamente probado, la ley se aplicaba sin excepción. Si existía arrepentimiento, al reo se le admitía areconciliación, imponiéndole normalmente las penas de cárcel y sambenito. Si la culpabilidad no resultaba probada , pero el reo seguía siendo sospechoso, la sanción dependía del arbitrio del juez, que decidiía entre el destierro, cárcel, galeras, etc. y también durante cuanto tiempo debían cumplir con la correspondiente pena. Por otra parte, impuesta la sanción, el tribunal podía, en cualquier momento, dispensar, conmutar, disminuir o aumentar la penitencia, según la humildad que demostrara el penitente.

La arbitrariedad también se ponía de manifiesto durante todo el período del ciumplimiento de la pena. Debe tenerse en cuenta que los Tribunales inquisitoriales no concluían definitivamente las causas salvo en los casos de absolución o de condena apena ordinaria. De esta forma cualquier persona podái ser llamada siempre al arbitrio de los inquisidores para que se le impusieran nuevas penas e incluso reabrir la causa si su conducta era considerada sospechosa.

 

Pena ordinaria

El castigo era la pena de muerte. Por su naturaleza, esta pena se reservaba para el declarado hereje formal. En España y en Sicilia la pena era muerte a fuego, pero otros reinos se seguían las establecidas por sus leyes particulares. Solo cuand se tratab de herejes pertinaces, impenitentes y convictos, la ley ordenaba quemarlos vivos.

En este caso los herejes eran entreados  a la justicia seglar , que era la encargada de ejecutar la pena  en un acto público y ejemplarizante. En el caso de que la hereje fuese mujer embarazada quedaba momentaneamente exenta de ser castigada hasta despues de dar a luz.

 

Relajación al brazo secular (pena de muerte)

La pena de muerte se enmascaraba tras el eufemismo relajación al brazo secular.

La palabra relajar significa, según el Diccionario de la Real Academia Española, en concepto de término legal, «entregar el juez eclesiástico al juez secular un reo digno de pena capital» En pocas palabras significa ser mandado a ejecutar por el verdugo de otro.

La relajación se hacía con base en que el Tribunal no condenaba a nadie a muerte, pues hacía lo posible por salvarlo, que era fin principal , y cuando no lograba el arrepentimiento del inculpado no le quedaba más remedio que entregarlo al brazo secular para que la autoridad civil lo ajusticiara conforme a las leyes civiles.

Para ser estrictos, el Tribunal del Santo Oficio no condenaba directamente a muerte a ningún reo. En tales casos las sentencias inquisitoriales decían: “entregado al brazo secular o relajado al brazo secular”. Tal acto consistía en la entrega formal de los reos pertinaces por los jueces inquisidores a los jueces reales ordinarios. La justicia real les impondría las penas que señalasen las leyes civiles, o sea hoguera.

En cualquier caso, la condena a muerte tan solo se aplicaba en casos de herejía grave, que quedara plenamente probada y en dos situaciones bien establecidas:

    - Relapsos: los que reincidían en una herejía de la que habían abjurado tiempo atrás. Dependiendo de si se arrepentían y abjuraban o no lo hacían, se les consIderaba Penitentes relapsos o Impenitentes relapsos, respectivamente.

    - Impenitentes no relapsos: los que no abjuraban de su herejía por no reconocerla como tal.

La entrega al brazo secular se realizaba a instancias del Fiscal, quien la solicitaba a los Inquisidores. Es interesante resaltar que, a partir de las Instrucciones de Torquemada , se impusieron cada vez mayores restricciones para la adopción de la condena a muerte. De hecho sólo se aplicaba excepcionalmente e iba acompañada de otras sanciones: la excomunión mayor, la confiscación de los bienes del procesado y la inhabilitación de hijos y nietos por línea paterna e hijos por línea materna para ocupar cargos públicos, ejercer ciertos oficios, llevar vestidos de seda, joyas, portar armas y montar a caballo.

Conmutación de pena

Si en la hora final se negaban a reconciliarse con la Iglesia eran quemados vivos. Pero si se producía el arrepentimiento del procesado, aunque fuese de última hora e inclusive si se encontraba camino del suplicio, la pena podía ser conmutada. Si sucedía así, las autoridades civiles debían devolverlo a los Inquisidores, quienes realizaban un proceso de comprobación dirigido a verificar la autenticidad de tal conversión . En él se exigía al reo que hiciese la denuncia inmediata y voluntaria de sus cómplices; asimismo, que mostrase su disposición a perseguir a la secta a la cual había pertenecido. Luego se le pedía la abjuración de estilo.

    - Si realizaba todo esto satisfactoriamente los Inquisidores le conmutaban la pena de muerte por la de prisión perpetua.

    - Si la conversión era simulada, el reo era devuelto al brazo secular para que aplicase la condena ya dictada anteriormente.

Sin embargo a los relapsos (reincidentes en materia grave) no se les otorgaba una conmutación de última hora: como medida de misericordia se les aplicaba el garrote, con lo cual morían antes de prender la hoguera, de modo que le evitaban el sufrimiento del ser quemado vivo.

Se debe agregar, en honor a la verdad, que la pena de muerte en el Quemadero no era exclusividad de la Inquisición puesto que la justicia civil la imponía en los delitos de sodomía, bestialidad y adulteración de moneda.

Por otra parte. muchos de los quemados en la hoguera lo fueron en efigie, es decir, se incineraba en su lugar un muñeco de tamaño natural que lo representaba, bien porque el acusado había logrado huir antes de ser apresado (Proceso especial a Ausentes), bien porque había muerto durante (un proceso podía durar ocho y diez años) o antes del procesamiento (Proceso especial a Difuntos). En este último caso, además de la efigie, se quemaban sus restos mortuorios.

Desde el punto de vista de la barbarie que supuso la Pena de Muerte, con el fin de poner a la Inquisición española en su sitio, conviene puntualizar lo siguiente:

1) La hoguera había sido y era, al margen de la Inquisición, un procedimiento conocido para castigar a los herejes. En consecuencia, a este respecto, la Inquisición española no inventó nada.

2) En cuanto al número de víctimas, hay que decir que la Inquisición no llegó probablemente a ejecutar a un 2 por 100 de los acusados que fueron procesados por el Santo Oficio. Sin aventurar cifras concretas, y tras las dos primeras décadas de muy severa represión, es posible que durante los siglos XVI y XVII (ya que en el XVIII hubo menos ejecuciones) perecieran en la hoguera unas seiscientas personas. De ser ello así, vendría a suceder que en las dos centurias fueron ejecutadas por la Inquisición española unas tres personas por año en todo el conjunto de los territorios de la monarquía , incluidos los de Italia y América, porcentaje evidentemente inferior al de cualquier tribunal provincial de justicia.

3) Estos datos,deben ubicarse tambien en el contexto de las represiones religiosas y políticas que se produjeron en la Europa del Antiguo Régimen. La caza de brujas provocó en el continente unas 300.000 víctimas (dos tercios de ellas en Alemania) y unas 70.000 en Inglaterra, o que en la Francia revolucionaria de fines del XVIII, entre 1792 y 1794 fueron ejecutadas 34.000 personas, de las que una tercera parte ni siquiera fue juzgada.

 

Penas arbitrarias

Era toda pena diferente a la pena ordinaria. Se trataba de un amplio abanico de penas tanto para herejes como para sosopechosos de herejía.

En nigún caso una pena arbitraria conllevaba la muerte del reo.

 

Pena de Abjuración

Abjurar, según el Dicionario de la Real Academia Eespañola es «retractarse, renegar, a veces públicamente, de una creencia o compromiso que antes se ha profesado o  asumido»

En si la abjuración no era una pena, pero era un acto que se realizaba antes de la imposición de cualquier otra pena .del que sólamente se exceptuaba a los absueltos y a los condenados a ser entregados al brazo secular.

En el acto de la abjuración el procesado se retractaba claramente de las creencias contrarias a los dogmas católicos que se le atribuían, es decir de sus errores. Debía realizarse bajo juramento siendo la edad mínima para abjurar, de 14 años para los varones y 12 años para las mujeres. Debía constar por escrito y llevar la firma del reo. Cuando el reo no sabía escribir, firmaba en su nombre el Inquisidor o el Notario. La abjuración se llevaba a cabo tras el pronunciamiento de la sentencia. Cuando el Tribunal acordaba hacerlo en auto público, normalmente no se firmaba en ese momento sino al día siguiente en la sala de Audiencia.

Por tener caracter público en muchos casos, no dejaba de ser una pena de humillación frente a la sociedad.

Existían varios tipos de abjuración dependiendo del tipo de sospecha de la que el reo estab acusado: Esta sospecha podía ser leve, vehemente, violenta y formali, dando lugar a los cuatro tipos de abjuración:

 

Tipos de Abjuración

Abjuración de levi

    Se aplicaba a aquellos procesados contra los cuales se habían hallado sospechas leves de haber hereticado.

    Lo habitual era que el Penitenciado comparecer en el Auto de fe donde eran advertidos, reprendidos, multados dinerariamente, desterrados por un tiempo no superior a ocgo años y con frecuencia eran azotados públicamente. Si con el tiempo volvían a ser juzgados eran declarados impenitentes y sometidos a graves penas.

Abjuración de vehementi

    Este tipo de abjuración era impuesto cuando existían sospechas vehementes de herejía sin haberse llegado a probar totalmente las mismas.

    Lo habitual era que el Penitenciado comparecieran en el Auto de fe con sambenito de media aspa, llevarlo durante uno o dos años, permanecer encarcelado aproximádamente durante un año, multa dineraria de pérdida de la mitad de los bienes y destierro por un un tiempo que solía no ser superior a seis años. En ocasiones eran castigados con azotes (200 los hombres y 100 las mujeres). Si con el tiempo volvíana a ser juzgados, eran considerados relapsos y podían ser relajados (pena de muerte).

 

Pena de destierro

Consistía en castigar al reo prohibiéndole su presencia física en ciertos lugares determinados por el Tribunal, asignándose como ciudades vedadas normalmente Madrid o los lugares de residencia de la Corte, la sede del Tribunal, el lugar de residencia del reo y cualquiera de las poblaciones en las que él pudiera ser conocido como culpable. Adicionalmente al desterrado se le prohibía aproximarse a cierta distancia de la costa.

La duración de esta pena oscilaba entre unos meses a toda la vida, aunque por regla general era impuesta solo por unos años, normalmente 10.

Esta pena era habitual en los delitos de solicitación en confesión y blasfemia, siendo en estos últimos frecuente la pena de azotes. Las mujeres acusadas de sortilegio, despues de ser azotadas podían ser condenadas al exilio.

 

Pena de cárcel

Primeramente hay que resaltar que la pena de prisión no tenía nada que ver con los internamientos en las CELDAS SECRETAS, que eran cárceles preventivas que se utilizaban, solamente, durante el proceso y que deben su nombre a que en ellas el reo permanecía incomunicado hasta el dictado de su respectiva sentencia.

El Tribunal utilizaba para el cumplimiento de sus sentencias las denominadas CELDAS PÚBLICAS o DE PENITENCIA.

La prisión secreta en la que se confinaba al acusado durante el proceso era un lugar más desagradable que la casa de penitencia, en la que sería encerrado si llegaba a ser condenado a encarcelamiento.

La penas de encarcelamiento dictadas por sentencia eran penas relativamente leves, pues no siempre se cumplían en prisión, siendo posible hacerlo por arresto domiciliario o en un convento. Incluso quienes la pasaban en cárcel, lo hacían por lo común en regimen abierto, de modo que podían salir y entrar de dia libremente, simplemente observando algunas reglas básicas.

        - La cárcel perpetua: en la práctica no duraba más que unos 8 años.

        - La cárcel por tiempo definido

A los condenados a cárcel perpetua se les sometía a un régimen penitenciario indulgente. Sin embargo, esta pena conllevaba la Confiscación de los Bienes del sentenciado así como el impedimento para que los hijos y nietos pudieran poseer o ejercer dignidades y oficios públicos. A esto se añadía la prohibición de utilizar distintivos que indicasen posición social tales como llevar trajes de seda y joyas, portar armas, montar a caballo, etc. La única forma de exonerarse de estas inhabilitaciones era a través de la compra de una dispensa.

Un alto porcentaje de penas de prisión era conmutado por sanciones de carácter penitencial.

A los que estaban en las cárceles públicas se les permitía recibir visitas de sus familiares más cercanos. La comida era proporcionada de manera regular y adecuada, cierto es que a sus propias expensas, incluyendo pan, leche, frutas, carne y vino. Los detenidos debían llevar consigo la cama y el vestuario que utilizarían. Los gastos de los pobres eran cubiertos por el Tribunal. Las prisiones inquisitoriales eran las mejor organizadas de su época, admitiéndose que eran limpias, holgadas y provistas de ventilación y luz. En líneas generales, el trato era tolerable y muy superior al de las celdas civiles. Incluso se dio algún caso de presos de estas últimas que simularon la herejía para ser trasladados a las del Santo Oficio.

Según las normas inquisitoriales, en las celdas públicas los presos casados, por ejemplo, podían recibir a sus cónyuges y hacer vida marital . Se les permitía a los condenados realizar labores productivas a fin de que lograran ganar su sustento diario. En la época de auge de la Inquisición el sentenciado no estaba colocado en celdas individuales pero en la etapa de decadencia la situación cambió radicalmente debido a la poca cantidad de procesados.

 

Castigo de galeras

Se trataba de una pena privativa de la libertad utilizada por la Inquisición española era el denominado castigo de galeras, establecido por disposición real ante la escasez de mano de obra para tales labores -indispensables para la comunicación marítima, sobre todo con las colonias hispanas- y para la seguridad del reino.

La duración de la pena era arbitraria, al igual que las otras, dependiendo del delito cometido.

Desde 1506 La Suprema ordenó no aplicatla a los mayores de sesenta años, los clérigos y las mujeres. Si el reo mostraba un estado físico que desaconsejaba el castigo de galeras, se recurría ala opinión de un médico.

El servicio en galeras era de notable dureza y dejó de emplearse a mediados del siglo XVIII.

 

Vergüenza pública con azotes

La flagelación pública era muy corriente. La aplicaba un verdugo público (a diferencia de la Inquisición medieval, donde la aplicaba un sacerdote).

El reo salía montado en un asno, llevando de la cintura para arriba solamente la camisa, con un dogal en el cuello y coroza (en la que aparecían dibujos alusivos al delito cometido), recibiendo en el trayecto la cantidad de azotes dispuestos en la sentencia. Por lo general 200 azotes. Juanto al reo iba una guardia de Familiares del santo Oficio a caballo y el notario encargado de levantar acta mientras el verdugo le iba propinando latigazos hasta concluir. Todo ello acompañado por las burlas y escarnio del pueblo.

En casos de de blasfemia y herejes pertinaces  e impenitentes, se usaba a veces mordaza.

Se castigaba con azotes a las mujeres que habían contraido nuevo matrimonio estando vivo el primer marido, al igual que los testigos y los reos que no pudieron ser castigados a galeras.

A partir de 1641 la pena de azotes podía ser conmutada siempre que el reo tuviese hermanas, hijas o nietas en una posición social honorable. También quedaban excluidas de esta pena las mujeres que tuviesen marido o hijas casaderas.

Este castigo cayó en desuso en el s XVIII.

 

Vergüenza pública sin azotes

En este caso el reo era paseado por las calles encima de un asno, desnudo de cintura para arriba pero sin dogal y con coroza que llevaba las insignias correspondientes a su delito, mientras el pregonero declaraba sus delitos.

En casos de de blasfemia y herejes pertinaces  e impenitentes, se usaba a veces mordaza.

 

Penas pecuniarias

Eran graduadas según el delito y la fortuna del reo.

La principal pena de carácter pecuniario era la Confiscación de todos los Bienes del procesado. Se efectuaba en los casos de herejes persistentes, relapsos (reincidentes) y condenados a prisión perpetua; en los otros casos, la sanción incluía la imposición de multas las que, si no eran canceladas, daban lugar a la Confiscación de los Bienes del procesado hasta por un monto equivalente a la deuda.

Los Bienes Confiscados tenían un doble destino:

        - Capllevados (fiados) por amigos o parientes de los procesados

           o

        - Puestos a pública subasta.

Si eran fiados consistía en que los fiadores entregaban una fianza económica a cambio de la retención de bienes, según la previa estimación realizada por el Alguacil de la evaluación global de los mismos. Este sistema era el más utilizado por su rapidez y agilidad burocrática. Tenía el inconveniente de que en múltiples ocasiones, el fiador era también procesado por la Inquisición por lo que resultaban absolutamente gratuitos los esfuerzos en retener los bienes.

Por ello, en especial desde 1523 cobró fuerza el procedimiento de la subasta de bienes. En este caso El dinero líquido encontrado al procesado era absorbido por el Receptor y el resto, -bienes muebles o inmuebles- eran puestos en la subasta pública. Estos bienes eran comprados a bajo precio, especialmente los bienes muebles.

Como abundaban los casos de ocultación de bienes, la Inquisición recurrió a la institución de un nuevo funcionario, el Delator de Bienes . Para tener una idea de las ganacias que podían obtenerse en esta actividad, a finales del siglo XV, se le garantizaba al Delator de Bienes con un tercio e incluso hasta la mitad de los bienes ocultos hallados. A principos de s.XVI, este beneficio bajó hasta ser un quinto de lo hallado, pero en cualquier caso, la Inquisición siempre pagó al Delator de Bienes en comisión de lo hallado.

 

Pena de Hábito Penitencial o Sambenito

Una de las sanciones vergonzantes consistía en llevar puesto, por algún tiempo determinado, el sambenito, túnica o casulla, hecha de algodón o lino, de color amarillo, con una cruz de San Andrés  de color rojo, negro o verde sobre el pecho y la espalda.

Entre los antiguos usos de la Iglesia primitiva, a los penitentes que lloraban sus culpas y mostraban arrepentimiento, se les daba una vela de cera y se los arropaba con una especie de saco de lana que, previamente, había sido bendecido por el sacerdote o párroco del lugar. De ahí, que a esa prenda se le llamase saco bendito , denominación que más tarde, derivó en las formas san bendito y, finalmente, sambenito.

Inicialmente los sambenitos no llevaban la cruz. Esta se implementó en la indumentaria años despues de la muerte de Torquemada, siendo el cardenal Cisneros el Inquisidor General. Se empleó la cruz en aspa, cruz de San Andrés, porque a criterio de Cisneros, a los enemigos de la fé católica no se les debía permitir llevar la cruz tradicional.

Usualmente el uniforme de sambenito se acompañaba de un sombrero alto, de papel prensado, al que llamaban la coroza, que tenía se presentaba en dos variantes:  forma de mitra o forma cónica. No está claro por qué se empleaba uno u otro, pero si es cierto que el último tipo, la coroza cónica era más común que la mitral.

Si el culpable era un difunto condenado a  muerte, y al desenterrarle con el propósito de ser quemado en huesos (como procedía la pena de muerte a un difunto cuando había sido juzgado culpable de herejía en un proceso del Santo Oficio) aun no estaba descompuesto, vestían igualmente al cadaver con el sambenito para su exposición en el correspondiente Auto de fe. Si solo se habían rescatado hueso de su tumba, estos eran pintados con llamas antes de ser quemados.

El presupuesto para el sambenito, los adornos que se le incorporaban, a la ropa y el cirio de penitente empleados en el Auto de fe y la coraza provenía de la administarción civil.

El sambenito se llevaba sobre la ropa de uso diario y por periodos de un año o incluso durante toda la vida. Una vez se había cumplido el plazo estipulado para llevar  el sambenito (en el caso de condenados a muerte se les extraía antes de quemarlos), éste era colgado en las paredes de la iglesia parroquial donde el hereje vive o vivía (caso de ser difunto o desaparecido) para escarnio y recuerdo perpetuo ante los parroquianos. Junto al sambenito colgado en la iglesia se indicaba el nombre de la familia, el crimen contra la Iglesia católica y el castigo impuesto. C uando las ropas se deterioraban, eran reemplazadas por paños donde figuraba el nombre, linaje, crimen y castigo del culpable. En tales circunstancias, no fue infrecuente que los familiares y descendientes trataran de robar o esconder los sambenitos, provocando, como contrapartida, que una de las obligaciones del Inquisidor al visitar su distrito fuera precisamente comprobar que todos los sambenitos estaban en su sitio y que se encontraban en estado de perfecto reconocimiento.

Con ello, el Santo Oficio buscaba deliberadamente que perdurara la infamia y la vergüenza del hereje y la de sus descendientes. Al margen de la vergüenza, esto complicaba mucho el llevar una vida social sana dentro de la comunidad. les marcaba mucho y sufrían de rechazo social y laboral.

 

En la Inquisición española estaban REGLAMENTADAS SEIS VARIANTES DE SAMBENITO

(tres variantes para los acusados herejes y otras tres para los convictos herejes)

Cargo

Grado

Adornos del sambenito

Elementos adicionales en la cabeza

Acusado hereje

Leve

(PENITENTE)

Sin adornos

No

Acusado hereje

Moderado

(PENITENTE)

Un brazo de cruz de San Andrés sobre fondo amarillo

No

Acusado hereje

Extremo

(RECONCILIADO)

Cruz de San Andrés completa sobre fondo amarillo

No

Hereje convicto

Arrepentido

(RECONCILIADO)

Cruz de San Andrés completa sobre fondo amarillo

Coroza

Hereje convicto

Herejía grave pero arrepentido (primera vez)

(RECONCILIADO)

Cruz de San Andrés completa.

Llamas hacia abajo (fuego revolto).

Fondo amarillo (o negro).

Coroza con llamas hacia abajo

Hereje convicto

 

No arrepentido en herejía grave (PERTINAZ)

o

Reincidente en herejía grave (RELAPSO)

RELAJACIÓN al brazo secular

(RELAJADO)

Cruz de San Andrés completa.

Llamas vivas hacia arriba (entre las que se ve ardiendo el retrato del reo), dragones, diablos, rostro de Jano.

Sobre fondo amarillo (o negro)

Coroza con llamas vivas hacia arriba y con dragones y diablos.

 

Además del sambenito y la coroza , habían otros elementos que acompañaban al reo en su exposición en el Auto de fe, tales como rosario, cirio penitencial (encendido si eran reconciliados o apagado si eran impenitentes) y en el caso de los blasfemos, estos en ocasiones llevaban una mordaza..

 

Diferentes tipos de sambenito, con y sin coroza

El personaje del centro  lleva un sambenito mostrando demonios, llamas vivas hacia arriba y la imagen de Jano sobre fondo amarillo, esta ornamentación, unido al hecho de que no lleva un cirio penitencial, indica que es un condenado a muerte,  y por eso se le representa llorando

Reconciliado. Hereje convicto pero arrepentido (primera vez).

Acusado de hereje en grado extremo

Hereje convicto en grado de no arrepentido (impenitente)

 

Incapacitaciones

Se le impedía al reo desempeñar determinadas funciones o usar algunos derechos, tanto en el ámbito civil como religioso.

En ocasiones, y por razón de parentesco se prolongaba el castigo a otras personas ajenas a la causa.

 

Penitencias espirituales

Existían diversas sanciones espirituales tales como asistir a peregrinaciones, guardar ayunos, rezar oraciones, acudir a misa en calidad de penitente, etc.

Cuando los sancionados pertenecían al estamento religioso eran suspendidos en sus oficios por un tiempo determinado, se les prohibía celebrar misa o se les recluía en un monasterio.

 

La infamia y la inhabilitación sobre los descendientes del reo

Sobre los descendientes de los condenados a muerte o cárcel perpetua -hijos por línea materna e hijos y nietos por línea paterna- recaían las inhabilitaciones. Estas les impedirían ocupar cargos públicos y eclesiásticos en España y sus colonias. Tampoco se les permitía, en eses caso, utilizar prendas suntuosas tales como vestirse con sedas, lucir adornos de oro, etc

La infamia también recaía sobre los descendientes de los procesados en algunos juicios efectuados por los tribunales civiles como, por ejemplo, cuando los jueces reales juzgaban a los que consideraban traidores a la corona.

En general el crimen de herejía deshonraba a la persona que lo cometía y a sus familiares actuales y descendientes.

La Inquisición en España       Orígen y Desarrollo de la Inquisición       La Inquisición en las Indias       Los órganos administrativos       La financiación       Las Instrucciones

Los delitos       Las víctimas       Las penas       El Auto de Fe

Características del proceso penal inquisitivo       Fases del proceso penal inquistivo       La Quistion de Tormento

La Inquisición Medieval       Los cátaros       La brujería       El Santo Oficio actualmente       Bibliografía general

Website de Gabriel Bernat
Website de Gabriel Bernat