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Secretarios del Secreto
Levantaban actas de todos los acontecimientos oficiales del tribunal y llevaban cuenta exacta de los mismos.
Su importancia radicaba en que tomaban parte en todas las actuaciones de los Inquisidores y de otros Oficiales, dentro y
fuera de la sala de audiencias y de la ciudad de residencia del Tribunal.
Sin su presencia no podían celebrase actos tan importantes como los procesos alos detenidos. La función más destacada era la elaboración de las
actas resultantes del desarrollo de los procesos de fe, teniendo que reflejar escrupulosamente todo aquello que se dijese en las diferentes sesiones: preguntas de los Inquisidores, declaraciones del reo, etc.
Solían ser tres o cuatro en cada Tribunal de Distrito.
También estaban a cargo de la Cámara del Secreto, lugar lugar donde se guardaba la documentación de los procesos,
las denuncias recibidas, las instrucciones y cartas acordadas enviadas por la Suprema, la correspondencia del Tribunal, etc.
Había un importante filtro a la hora de elegir a las personas que habían de desempeñar estos cargos porque, por su actividad, tan próxima a las doctrinas heterodoxas y alos reos, la posibilidad de incurrir en determinados errores castigados por el Santo Oficio era muy alta. Se requerían personas de gran confianza de los Inquisidores, discretas, eficaces y con la mayor formación posible. Solían nombrarse a personas jóvenes y licenciados e incluso algún doctor. Por norma general desempeñaban el puesto hasta su jubilación.
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