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Receptor
Manejaba la hacienda del Santo Oficio.
Su nombramiento lo realizaba el rey pero dependía directamente de los Inquisidores, sin cuya decisión no podía realizar acción
alguna.
Estaba a cargo de los secuestros de bienes, conjuntamente con el Alguacil y el Secretario de Secuestros.
Era el responsable de los ingresos económicos del Tribunal de Distrito: confiscaciones, juros, censos, etc.
Debían llevar una correcta contabilidad que
al final del año era supervisada por un Contador General enviado por la Suprema y pagar los sueldos de los Inquisidores y Oficiales.
Las personas que desempeñaban este cargo debían tener además de una buena instrucción, una buena situación económica ya que en el supuesto de que las cuentas reflejaran alguna deficiencia, ellos tenían que
compensarla con su capital personal.
En muchas ocasiones especialmente a lo largo del s. XVIII, adelantaron el dinero para el pago del salario de sus compañeros de
Tribunal.
Fue una plaza que con el tiempo decayó en interés y los que eran nombrados para el cargo permanecían en el cargo poco tiempo
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