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Origen y desarrollo de la Inquisición en España y en Indias

 

Escudo de la Inquisición

A ambos lados de la cruz está la espada, que simboliza el trato a los herejes y la rama de olivo, que significa la reconciliación con los arrepentidos. Rodea el escudo la leyenda «EXURGE DOMINE ET JUDICA CAUSAM TUAM. PSALM. 73», que en latín significa Álzate, oh Dios, a defender tu causa salmo 73 (74).

La Inquisición

El Santo Oficio de la Inquisición, tambien denominado Tribunal de la Santa Inquisición, fue un tribunal eclesiástico establecido para inquirir y castigar los delitos contra la fe , es decir, dedicado a la persecución de la herejía.

La Inquisición toma su nombre de un procedimiento penal específico, la inquisitio, no existente en el derecho romano, que se caracterizaba por la formulación de una acusación por iniciativa directa de la autoridad, sin necesidad de instancias de parte, es decir, sin necesidad de delaciones o acusaciones de testigos.

En definitivas cuentas, consistía en la averiguación del crimen por la propia iniciativa judicial.

El Tribunal del Santo Oficio creado para la erradicación de la herejía tenía potestad para actuar de esta forma, por lo que se le conoce abreviadamente como Inquisición.

 

Orígenes de la Inquisición

El Santo Oficio surge a principos del Siglo XIII por una serie de disposiciones del papa Gregorio IX promulgadas entre 1221 y 1235.

Se crea como organismo eclesiástico confiado a las ordenes mendicantes (los dominicos en un principio y, al poco, los franciscanos.), independiente de la jurisdicción episcopal y que, con la autoridad del papa, procurará la represión de las herejías y en particular la cátara , creciente en el Sur de Francia por esos años.

 

La Inquisición en España

La historia de la Inquisición en España tiene dos etapas.

          a) La Inquisición Pontificia (papal) o Medieval

          b) La Inquisición Real o Moderna

 

La Inquisición Medieval en España

El Santo Oficio, en su forma original (Inquisición Medieval o Pontificia ), se estableció en la Corona de Aragón en 1232, es decir desde los mismos inicios de la Inquisición Medieval, mediante comisiones papales creadas en el marco de la lucha contra el catarismo, extendido por el vecino Languedoc, una parte del cual estaba bajo la autoridad del rey de Aragón, que era también marqués de Provenza.

Actuó con otros tribunales establecidos en Valencia y Baleares pero con cierta lenidad y, a veces, pasó casi desapercibida.

Entre los inquisidores generales de Aragón habría de destacar cierto personaje, Nicolás Eymeric, autor de una célebre obra, el Directorio de lnquisidores, donde se recopilaban textos de derecho romano y canónico, y donde, sobre todo, se ofrecía una guía práctica para que los inquisidores conocieran el adecuado modo de proceder y las penas que en cada caso debían ser impuestas.

     Pasado el momento de auge de la herejía cátara, la Inquisición papal aragonesa cayó en una inactividad casi completa.

En Castilla nunca llegó a introducirse la Inquisición Medieval o Pontificia . Los procesos de herejía en Castilla eran tratados por los Obispados en lo que se daba en llamar la Inquisición Episcopal. Sin embargo los obispados no concedían mayor importancia a los delitos de fe.

 

La Inquisición Moderna en España

A mediados del siglo XV convivían en la Península Ibérica varias clases sociales:

      1) Los reyes y la nobleza: ostentaban el poder, manejaban las armas, hacían la guerra a los moros y eran dueños de las tierras, despreciando el trabajo manual.

      2) El pueblo: inculto e iletrado, esclavo de la gleba, o sea que dependía de los señores feudales y que era el que cultivaba la tierra.

      3) El clero: agrupado en conventos de diferentes órdenes, entre cuyas más importantes se hallaban las de los dominicos y los franciscanos, monjes mendicantes, que pregonaban el ascetismo, la vida dedicada a la oración y dependían directamente de Roma, no del obispo local. Dominaban el saber, generaban los libros y custodiaban las bibliotecas. Eran los cristianos instruidos y educados para mantener el saber basado en la religión católica.

      4) Las minorías de otros credos: judíos y moros.

        -  Los moros eran el pueblo vencido, el que que retrocedía a medida que los cristianos reconquistaban el territorio peninsular y se concentraba con cierta firmeza en Andalucía, en la provincia de Granada. Socialmente, aquellos que habían quedado en el territorio conquistado por los cristianos, eran habitantes rurales que rendían trabajo campesino como mano de obra de bajo costo.

        -  Los judíos, que residían en la Península desde tiempos inmemoriales, eran habitantes urbanos, que ejercían toda clase de oficios, incluso los preeminentes, como consejeros de los reyes, incluso. Eran letrados y conocían la contabilidad y la numeración decimal, lo que les hacía destacar en el ámbito de los negocios, el comercio y las inversiones. En su papel de banqueros se aplicaban como prestamistas, lo cual no les daba una buena imagen frente al resto de las clases sociales de la época. Eran la clase burguesa.

Con el fin de romper el monopolio comercial del los judios, cuya creciente riqueza generaba envidia y temor a la nobleza y a al pueblo, las leyes de los diferentes reinos limitaron sus posibilidades de trabajo impidiéndoles ejercer diversos oficios. De este modo sus actividades eran progresivamente restringidas y se les obligaba a vivir en barrios determinados. El propósito final era su exclusión de la vida económica y su control demográfico.

En éste panorama se insertaron los judeoconversos, llamados también marranos o cristianos nuevos, en contraposición a los cristianos viejos o lindos que eran los originarios cristianos. Los conversos observaron que al cambiar de religión, los impedimentos que tenían como judíos eran eliminados al convertirse en cristianos, de modo que volvían a quedar habilitados para todos los oficios y puestos del reino, que antes les eran vedados por su condición de judios.

Dada su excepcional preparación estos conversos enseguida recuperaron posiciones en las cortes de España por su capacidad y sabiduría, aventajando a los cristianos viejos.

Como era de esperar, con el correr del siglo XV, éstos cristianos nuevos despertaron la envidia y los celos de los cristianos viejos y comenzaron las intrigas y las demandas en su contra.

A finales del Siglo XV, en el marco de una sociedad alterada por las guerras civiles y las convulsiones sociales, se empezaron a lanzar voces que reclamaban la introducción de la Inquisión en el Reino de Castilla. Esta necesidad se justificaba en la supuesta actividad judaizante de los conversos, a los que se acusaba de seguir practicando en secreto la fe judaica (lo que se denomina criptojudaismo) y de actuar confabulados para socavar las bases de la sociedad cristiana y controlarla.

Un judeoconverso, por tanto un bautizado, que seguía practicando sus ritos judios, era un hereje. Por tanto se cosideró que debía ser  controlado y castigado al igual que se había hecho frente a las herejías en el pasado, es decir mediante un Tribunal de Inquisición.

Los Reyes Católicos hicieron la oportuna solicitud al papa Sixto IV de una Inquisición plenamente operante, lo que fue concedido por la bula de 1 de Noviembre de 1478.

Mediante esta bula el papa concedía los Reyes Católicos plenos poderes para nombrar y destituir a los Inquisidores. Nacía asi la Inquisición Real Castellana (que denominamos tambien Inquisición española o Inquisición Moderna).

El nombramiento del primer Tribunal Inquistorial no se efectuó hasta 1480.

La Inquisición no actuaba sobre los judíos. Actuaba sobre los judeoconversos que mantenían ritos propios del judaismo. La Inquisición trataba de corregir los “errores de fe” en los católicos: la herejía.

En 1492 serían expulsados los judios y esto supuso una trascendencia enorme no sólo demográfica, sino especialmente por su importancia económica, al formar parte de la burguesía más activa.

La introducción del Santo Oficio, en su modo castellano, en los territorios de la Corona de Aragón (donde se venía desarrollando la Inquisición Medieval), fue muy problemática. Se intentó hacerla pasar por una mera revitalización de la vieja Inquisición papal ya existente desde 1232. Los problemas vinieron por una parte por el deseo de Sixto IV de continuar manteniendo la Inquisición en Aragón bajo control papal, y por otrala más importante, por parte de los mismos súbditos de la Corona de Aragón, que consideraba a la Inquisición Real  como un contrafuero, es decir un ataque a sus sistemas legales vigentes en Aragón. No les faltaba razón, pues la Inquisición Real ya no era solo una presencia  religiosa, ahora era política, como instrumento de la monarquía. En la Corrona de Aragón, se veía ese cambio como una nueva vuelta de tuerca de la Corona Castellanoaragonesa por afianzar más la autoridad real.

En 1483, los Reyes Católicos nombraron a fray Tomás de Torquemada, prior de un convento dominico de segoviano, Inquisidor General para las Coronas de Castilla y Aragón (exceptuando los territorios italianos).

Entre 1484 y 1498 Tomás de Torquemada elaboró las primeras Instrucciones a través de las que se fijó el reglamento interno de la nueva Inquisición, que sería sustancialmente distinta a la Inquisición Medieval.

En 1561 el Inquisidor General, Fernando de Valdés promulgó Instrucciones nuevas, que serían las que darían definitivamente a la Inquisición su típico carater rígido, burocrático y centralista por el que le conocemos.

 

La Inquisición Medieval vs. la Inquisición Moderna en España

Aspectos / Inquisición

Inquisición Medieval o Pontificia

Inquisición Moderna o Real

Fecha de origen y territorio

- Funciona desde la 1230 durante la Edad Media.

- En España solo en el Reino de Aragón

- Funcionó desde 1478 a lo largo de la Edad Moderna

- En Reino de Castilla y luego por extensión en el Reino de Aragón (donde pasó a sustituir a la Inquisición Pontificia, establecida allí desde 1230).

Objetivo

- Combatir la herejía cátara

- Combatir la herejía en los judeoconversos (marranos), moriscos y protestantes .

Autoridad de la que dependía

- El Papa.

- El Rey, por concesión papal.

- El Rey nombraba a los Inquisidores, lo que convertía a la Inquisición en un instrumento de poder de la Monarquía. Era constituida por funcionarios del Estado.y responden a las políticas del Reino.

- Los procesos no eran apelables en Roma

 

 

 

 

 

 

 

 

Etapas y desarrollo de la Inquisición española

Etapas y desarrollo de la Inquisición española (1480-1813)

La historia del Santo Oficio en España puede dividirse en cinco etapas:

Etapa

         Actividades

1478-1530

    - Es la fase de mayor actividad, centrada especialmente en la intensa persecución de los conversos judaizantes. La mayoría de los historiadores sostienen que el número de personas quemadas desde 1481 hasta 1504, cuando Isabel de Castilla murió, fue cerca de 2000.

    - A partir de 1502 fijó su atención en los conversos que provenian del Islam. En la década de 1520 se dedicó a los protestantes.

    - Durante estos primeros 50 años, se procesó no menos de 60.000 personas, y se realizó la tercera parte de todas las ejecuciones que se llevaron a cabo en tres siglos y medio.

1530-1560

    - Fase de menor actividad, época de afianciamiento de la institución.

1560-1614

    - Nuevo momento cumbre en actividad con la represión de los protestantes y moriscos.

    - Actividad antijudaizante contra los judeoconversos portugueses, que pasan a España y las Indias tras la anexión del Reino de Portugal a la corona española durante el reinado de Felipe II (1580).

1615-1700

    - La expulsión morisca de 1609 reduce mucho los casos contra ellos.

    - En general fue una fase más tranquila, pero sin descanso, con nuevos ataques a los judaizantes  a principios y a finales de siglo.

1701-1813

    - Decadencia del Tribunal, cada vez más inactivo, hasta su disolución por decreto de las Cortes de Cádiz de 22 de Febrero de 1813.

    - Fernando VII restauró el tribunal en 1814, pero de manera puramente nominal. La abolición fue definitiva por el decreto de Isabel II el 15 de Julio de 1834, aunque fue una mera formalidad.

    - El judaismo desparece después de 1740.

    - La actividad durante el s. XVIII fue esencialmente dirigida hacia masones y librepensadores.

Integración del Santo Oficio en la política española

Frente a la  vieja Inquisición papal, la versión renovada del Tribunal para la defensa de la fe católica tenía como principal diferencia ser un instrumento al servicio de la política real y sujeto a la monarquía. Sin embargo la autoridad inquisitorial dependía en último extremo del Papa y aunque el nombramiento de los Inquisidores era una prerrogativa real, debía ser ratificado por Roma. Es decir, era un organismo gubernativo que no dejaba de ser un tribunal eclesiástico amparado, aunque fuera desde lejos, por la máxima autoridad de la Iglesia Católica.

Numerosos Inquisidores procedíeron del Consejo de Castilla y del Consejo de Estado, lo que evidencia aun más la estrecha relación entre el poder político y los Inquisidores.

Mientras que cada territorio de la Corona tenía sus propios órganos de Gobierno, completamente independientes, la Inquisición, presidida por un único Inquisidor General y directamente dependiente de la Corona, se convirtió en el primer organismo administrativo que extendía su autoridad a los diversos territorios de la monarquía hispánica. Esto era visto con especial recelo por  el Reino de Aragón,

Sin duda, la Inquisición gravó sobre la conciencia de muchos españoles, además de los que fueron sus víctimas directas; pero el conjunto de la población no se le opuso. Las voces que se alzaron contra ella, que eran ante todo las de otras autoridades eclesiásticas o civiles, no lo hicieron por rechazar el principio mismo de su existencia (la necesidad de perseguir penalmente la herejía), ni siquiera mayoritariamente porque estuviesen en desacuerdo con sus métodos procesales, sino por una mera cuestión de competencia.

En cuanto a la gente común, por más que tuviese una opinión negativa de los Familiares y que murmurase de la rapacidad de los tribunales (no menos, por otro lado, de lo que criticaba a las demás autoridades que actuaban sobre ella), estableció su particular simbiosis con la Inquisición.

Aunque parezca extraño, las criticas hacia el Santo Oficio venían más por aspectos legales que por sus prácticas en si, ya que por lo general, la mayoría de las victimas eran judaizantes, moriscos y protestantes (en parte extranjeros), y no gozaban de la simpatía pública.

En efecto, si el tribunal necesitaba víctimas, más de una vez la población buscó verdugos. De no haber servido también las acusaciones a los intereses de mucha gente, nunca hubiese podido lograr el éxito una persecución institucional (contra judaizantes o moriscos o brujas) que se basaba precisamente en la participación popular a través de las delaciones de unos y otros. Los inquisidores podían interpretar las pruebas a su modo, según sus conocimientos y prejuicios; pero aquéllas eran sobre todo aportadas por los testigos, de modo que sin su cooperación el tribunal resultaba impotente e incluso incapaz de inspirar temor (aunque sí odio). De hecho, en muchas zonas rurales de Galicia y de Cataluña, la población respondía a las visitas inquisitoriales con una muralla de silencio. En cambio, para muchos individuos, el Santo Oficio era un expediente seguro para zanjar disputas personales, alcanzar venganza de sus enemigos e incluso disfrazar tensiones con vecinos o parientes con los que la convivencia se había hecho imposible. La sociedad no fue, pues, la víctima colectiva de la Inquisición, sino su cómplice.

Por otra parte, la efectividad del Santo Oficio era en realidad bastante limitada. De hecho, la mayor parte de las áreas rurales escapaban a una intervención inquisitorial efectiva por mera falta de medios. Además, el control de las ideas, muy difícil en cualquier época, lo era aún más en un momento en no había medios de comunicación de masas y en que impermeabilizar las fronteras estaba totalmente fuera del alcance de cualquier estado, especialmente con tantas leguas de costa y con tantos pasos de montaña para los contrabandistas como tiene la Península Ibérica.

El auténtico, el verdadero lado negro del Santo Oficio es el de esas personas que, sin más delito que su ignorancia o sus conocimientos, o simplemente por estar en el sitio equivocado en el momento inoportuno, caían entre los implacables engranajes de una máquina capaz de triturar, bajo el espeso manto del secreto, los huesos y la conciencia de sus víctimas, incapacitadas para defenderse, obligadas a autoinculparse y a inculpar a su propia familia y amigos, hasta acabar expuestos a la infamia pública, cuando no a la muerte.

Pero ése, como muestra la actuación de la justicia civil y religiosa dentro y fuera de España, no fue sólo el estigma de la Inquisición, sino el de toda una época.

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