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Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Chile

  José Toribio Medina

Capítulo III de la Primera Parte

Capítulo III de la Primera Parte

De cómo cierto juez pasó a ser reo

González de San Nicolás, sabedor de lo que contra él se decía en cierto escrito, se presenta en casa del maestro Paredes. Diálogo que allí sostienen. González resuelve acusar a su antiguo juez. Elige como conservador a fray Cristóbal de Rabanera. Este manda abrir una información. Es recusado por Paredes. Declaración de Escobar. Paredes ocurre al fin a prestar su confesión. Los querellados dan satisfacción a González. La sentencia.

Decíamos en el capítulo pasado que el interrogatorio presentado por Alonso de Escobar para que se examinasen los testigos de que pensaban valerse en su defensa había de ser causa de un proceso todavía más curioso e interesante que el que acabamos de historiar.

Supo, en efecto, González de San Nicolás, sin duda por alguno de los testigos o por el escribano, que en el escrito de respuesta a la acusación que había presentado el abogado de Escobar, y especialmente en el interrogatorio y respuestas de los testigos, se le atribuían algunas proposiciones altamente contrarias a las buenas doctrinas, y sin pérdida de tiempo quiso cerciorarse de la verdad de lo que hubiese. Horas después de firmada la sentencia, el último día de aquel mes de agosto, el fraile dominico, acompañado del escribano Juan Hurtado, se presentaba en casa de Juan Bautista Pastene, donde moraba el maestro Paredes, quien se hallaba en esos momentos en compañía del dueño de casa, de Diego de Frías y de Juan de la Peña.

-Me han dicho -comenzó fray Gil dirigiéndose a Paredes- que en el proceso de Alonso de Escobar se han articulado varias cosas en mi perjuicio. ¿Podría mostrármelo vuesa merced?

-No me es posible -replicó el interpelado.

-Os requiero que me lo mostréis -repuso aquél- donde no protesto tomar juez conservador que conozca de este negocio. Y dirigiéndose a Hurtado, le dijo:

-Como escribano público que sois, dadme testimonio de lo que pasa.

-Siempre que se me pida por escrito y yo esté obligado a hacerlo -repuso entonces Paredes- os lo mostraré.

-¿Para qué quiere vuesa merced -añadió entonces Hurtado- dar lugar a que el padre fray Gil tome juez conservador?, sino que, pues ha procedido vuesa merced como juez ordinario y los autos del proceso han sido públicos y esta ya sentenciado, ¿por qué no lo muestra, si después, aunque no quiera, lo ha de hacer?

Rogándoselo entonces las demás personas que estaban presentes, Paredes expresó:

-No puedo mostrar los autos porque no se vea el dicho de un testigo.

-¿Cuál? -le preguntó Frías-. ¿El de don Diego?

-Sí -concluyó Paredes, y entrándose luego en su aposento, salió trayendo el proceso. Dirigiéndose en seguida a González, le dijo:

-Padre fray Gil: por vida vuestra que os quitéis desos enojos y pasiones, porque, cierto, es mentira todo lo que os van a decir, y no deis lugar a mentiras ni chismerías; porque, si bien os acordáis, me dijisteis en la plaza que Marmolejo y Rodrigo de Escobar os habían dicho que Alonso de Escobar decía que no quería oír lo moral, y para que veáis cuán falso es, ved aquí sus dos dichos en la sumaria información.

Y viendo que González se manifestaba sorprendido de lo que iba leyendo, continuó:

-¡Pues hágoos saber, padre fray Gil, que así es todo lo demás que dicen que hay contra vuesa merced!

Continuó entonces leyendo la sentencia pronunciada contra Escobar, y con esto le pasó el expediente a Hurtado: «y este testigo, cuenta el escribano, tomó el dicho proceso y lo hojeó y halló un escripto que le parece ser de letra de un Pedro de Padilla que enseña a leer muchachos en esta cibdad, y este testigo lo leyó públicamente en alta voz, de suerte que lo oyeron los circunstantes... en el cual escripto a este testigo le parece que se alega y dice que el padre fray Gil ha dicho y predicado que el Papa no tiene poder en estas partes en lo espiritual y temporal, y que Su Majestad del Rey Nuestro Señor era tirano, y que sus vasallos no eran obligados a obedecer a él ni a sus ministros, y otras cosas de que este testigo no se acuerda bien...».

Había el escribano adelantado un tanto más en la lectura e iba a continuar con el examen de la prueba, cuando Paredes le pidió el proceso, sin querer que pasase adelante.

Trabose entonces otra plática entre aquél y el padre dominico, hasta que éste, seguido de Hurtado, tuvo por conveniente retirarse.

Como se comprenderá, lo que fray Gil había oído estaba muy distante de dejarle satisfecho, y para enmienda y reparo de lo que se le achacaba fuese a querellar nuevamente ante el franciscano fray Cristóbal de Rabanera, a que había elegido juez conservador, de Alonso de Escobar, del licenciado Escobedo, que había firmado el escrito de éste, de los testigos Juan de Cuevas y Juan Bautista Pastene, y, por fin, del mismo juez Paredes que había admitido el escrito del reo y las declaraciones de los testigos.

De orden del nuevo juez procediose luego a recibir las declaraciones del caso.

Depusieron en la querella Juan de Céspedes, Alonso Álvarez, el antiguo fiscal Frías, el escribano Hurtado y Pedro de Artaño.

Paredes, que de juez que había sido en el proceso de Escobar, se hallaba ahora en calidad de reo, el 10 de septiembre presentó un escrito recusando a Rabanera, por cuanto, decía, «los franciscanos y dominicos tenían hermandad jurada de se favorecer y ayudar en todos los negocios y casos que se les ofreciese», advirtiendo, a la vez, al notario que no le fuese a notificar decreto alguno.

Llamado Escobar a prestar su confesión al día siguiente, alegó que el escrito de interrogatorio le había sido llevado por su letrado a la prisión en que se hallaba y que no se acordaba de las palabras que en él decía.

«Preguntado si es verdad que este confesante ha dicho y publicado que el inventor de la secta luterana fue fraile dominico, y ésta y las demás infamias contenidas en el dicho escripto e interrogatorio contra el dicho padre fray Gil lo dijo este confesante en su dicho e confisión que le fue tomada por el dicho maestro Paredes preguntándole si había dicho las palabras sobre que fue acusado por el fiscal, dijo que él no ha dicho ni publicado que fraile de Santo Domingo haya sido inventor de la seta luterana; mas de que le parece que con el enojo que estaba, por haber dicho el dicho padre fray Gil que le castigasen por luterano, dijo que él era luterano y que de su hábito salió Lutero, mas no por hacer determinadamente ni de hecho pensado injuria al padre fray Gil ni a su Orden, y que si otra cosa alguna dijo, que no se acuerda, que se remite a su confesión».

El 19 de septiembre, sin embargo, Escobar presentaba un escrito en que iba a retractarse de plano de cuanto había dicho contra González de San Nicolás.

Refiriéndose a su acusador decía, pues: «Lo que le he oído predicar y he sabido y entendido de sus sermones siempre ha sido propusiciones católicas y no cosas escandalosas contra el Sumo Pontífice ni contra el Rey nuestro señor, ni otra cosa que pueda causar escándalo, porque lo que ha predicado acerca de las entradas e conquistas destas partes ha sido decir que el Papa dio al Rey de España las Indias para que enviase predicadores a ellas, y que no le dio poder para que robase los indios, ni los matase, y que el rey ha dado siempre muy buenas instrucciones a sus gobernadores y capitanes que han descubierto las Indias, que por no haberlas guardado, se han hecho y hacen grandes injusticias e agravios a los indios, e que son obligados los que vinieron a las dichas conquistas a la restitución de todo el daño que en ellas se ha hecho, y que aunque los indios se hayan sujetado, contra conciencia, puede el Rey, a los que estuviesen sujetos, predicarles el Evangelio e administrarles justicia, e que los indios que se han alzado han tenido justicia de alzarse por los agravios que les han hecho, y por no guardar con ellos lo que manda el Rey y el Papa y el Evangelio, e que si acaso el Rey o el Papa mandasen alguna cosa que fuese contra lo que en el Evangelio se manda, no se excusará de pecado el que los obedeciese; y que unas cuentas que dicen venir benditas por el General de la orden de los Menores, ha dicho que él bien cree que el Papa tiene poder para conceder todos los perdones que en ellas dicen que se ganan; pero que él no quiere creer que el Papa concedió tal, hasta que vea por donde: y digo que en lo que dije en mi dicho, en la confesión que me tomó el maestro Paredes, donde dice que el primer inventor de la secta luterana fue fraile, yo no dije dominico ni de su Orden, sino de su hábito, porque fue fraile el inventor, porque no sé quien fue; y en lo demás que dije en mi dicho e en los escritos e interrogatorios de preguntas que presenté en la dicha causa ante el maestro Paredes, donde trato contra el dicho padre fray Gil, fue con pasión y enojo: y lo contenido en este escrito es la verdad: pido a vuesa merced haya por satisfecho de mi parte al dicho fray Gil González de San Nicolás».

Este mismo día el maestro Paredes, abandonando la línea de conducta que sustentara en el principio de la causa, fuese lisa y llanamente a prestar su confesión ante el franciscano Rabanera, y, previo juramento, declaró lo que todo el mundo sabía ya: que había iniciado, en favor del mismo fray Gil, el proceso contra Escobar, y que en virtud de su carácter de juez no había podido menos de admitir el escrito e interrogatorio del reo, que, como era bien sabido en derecho, no podía ni debía valer sino en lo pertinente a la causa; agregando que como el asunto de Escobar era tocante a la fe, «para mayor justificación lo comunicó con el licenciado Molina y se halló con él a sentenciar el dicho proceso...».

Es conveniente fijarse en esta circunstancia porque ya veremos las nuevas complicaciones a que dio lugar.

Pasaba esto, como se recordará, el 19 de septiembre, y ya el 24 parecía nuevamente Paredes ante el juez y escribano a dar satisfacción al airado fray Gil, repitiendo que «no tuvo cuenta en que el escrito era contra él, sino para descargo del dicho Alonso de Escobar y que su intención no fue admitir cosa contra el dicho padre fray Gil o contra su doctrina por católica».

En el mismo día firmaban una satisfacción análoga el licenciado Juan de Escobedo y Juan de Cuevas. Juan Bautista Pastene la daba también horas más tarde, en un escrito en que expresaba, «declarando el dicho que dije en la dicha cabsa, como testigo que fui presentado por parte del dicho Alonso de Escobar, que lo que le he oído predicar al dicho fray Gil y he sabido y entendido de sus sermones, siempre ha sido propusiciones a mi oído católicas y no cosas contra el Sumo Pontífice, ni contra el Rey nuestro señor, ni otra cosa que pueda causar escandalo, porque lo que ha predicado acerca de las entradas e conquistas de estas partes, ha sido decir que el Papa dio al Rey de España las Indias para que enviase predicadores a ellas, y que no le dio poder para que robase los indios ni los matase, y que el rey ha dado siempre muy buenas instrucciones a sus gobernadores e capitanes que han descubierto las Indias, y que por no haberlas guardado se han hecho y hacen grandes injusticias y agravios a los indios, e que son obligados, los que vinieron a las dichas conquistas, a la restitución de todo el daño que en ellas se ha hecho, y que aunque los indios se hayan sujetado contra conciencia, puede el Rey, a los que estuviesen subjetos, predicarles el Evangelio e administrarles justicia, e que los indios que se han alzado han tenido justicia de alzarse, por los agravios que les han hecho y por no guardar con ellos lo que manda el Rey y el Papa y el Evangelio, e que si acabso el Rey o el Papa mandasen alguna cosa que fuese contra lo que en el Evangelio se manda, no se excusará de pecado el que los obedeciere, y esto es verdad: pido a vuesa merced haya por satisfecho al dicho padre fray Gil».

Con esto ya no quedaba sino dar la sentencia y ésta no se hizo esperar. «Fallo, decía el juez, atentos los autos y méritos, que debo de declarar y declaro por impertinente, y, en consecuencia, por ninguno todo lo articulado contra el padre fray Gil González de San Nicolás, por el interrogatorio presentado por Alonso de Escobar, en la causa que por este dicho proceso parece haberse tratado contra él, que es lo contenido en la segunda y tercera pregunta del dicho interrogatorio; y todo lo depuesto y declarado, sobre las dichas preguntas, por los testigos presentados y examinados en la dicha causa, y, como tal, impertinente e ninguno, mando sea, testado e tildado en el dicho proceso; e asimismo declaro haber incurrido en excomunión mayor el maestro Francisco de Paredes, visitador, juez que fue en la dicha causa, por se haber entremetido en inquirir y hacer información y probanza contra el dicho padre fray Gil, en caso de inquisición, siendo, como es, en el dicho caso exento de su jurisdición e inmediato a Su Santidad, por privilegios e indultos apostólicos, a las órdenes y religiones dellas concedidos por los Sumos Pontífices, e habida consideración a la satisfacción dada en esta dicha causa al dicho padre fray Gil por el dicho maestro Francisco de Paredes y por el licenciado Escobedo, e por Alonso de Escobar e Juan de Cuevas e el capitán Juan Bautista de Pastene, e que el dicho padre fray Gil se desistió e apartó de la dicha su querella: absuelvo e doy por libres a todos los susodichos e a cada uno dellos della y de lo que contiene, e asimismo a Agustín Briseño, notario; condenando, como condeno, en las costas en esta causa e proceso justas e derechamente fechas, cuya tasación en mí reservo, al dicho maestro Francisco de Paredes, visitador e juez susodicho, e al licenciado Juan de Escobedo, por iguales partes, ansí en las del notario de la dicha causa como en las del asesor que en ella he tenido, del cual declaro haber tenido necesidad para la prosecución e determinación de ella, y por esta mi sentencia difinitiva juzgando, ansí pronuncio y mando en estos escritos y por ellos. -Fray Cristóbal de Rabanera. -Asesor, El licenciado Hernando Bravo».

El celo que Paredes había demostrado por las cosas de la fe, derechamente enderezado para favorecer al dominico, había de valerle de este modo una excomunión mayor y el pago de las costas del proceso!

Paredes no se conformó, naturalmente, con la sentencia de Rabanera y luego apeló de ella. Más tarde veremos en lo que paró el recurso.

 

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