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Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Chile

  José Toribio Medina

Capítulo II de la Primera Parte

Capítulo II de la Primera Parte

El primer hereje de Chile

Quién era Alonso de Escobar. Una conversación en la plaza principal de Santiago. Querella de fray Gil González de San Nicolás. Recíbense las deposiciones de los testigos. Confesión de Escobar. Nómbrase a Diego de Frías fiscal de la causa. Escrito de acusación. Señálase defensor al reo. Las pruebas. La sentencia.

Era Alonso de Escobar un español que había pasado a Indias en compañía de su padre Cristóbal de Escobar, y hallábase en el Cuzco cuando llegaron allí los capitanes Pedro de Monroy y Pedro de Miranda enviados por Valdivia en busca de socorros para su naciente colonia. Sabedor de que Vaca de Castro no quería o no podía auxiliar a los emisarios del conquistador de Chile, Cristóbal de Escobar les hizo un préstamo de catorce mil quinientos pesos de oro, con los cuales se levantaron setenta hombres de a caballo, se compraron arcabuces, cotas y otros pertrechos de guerra, y con la dicha gente y un oficial de hacer pólvora, trayendo a su hijo Alonso como maestre de campo, emprendió la marcha a Chile por el despoblado de Atacama.

El joven Escobar contaba ya en esa fecha una brillante hoja de servicios: se había hallado en el sitio del Cuzco por los indios y en la pacificación de la provincia de los Charcas, habiendo sido uno de los ocho que en circunstancias difíciles se arrojó a nado para atravesar el Desaguadero. En Chile, después de haber recorrido la tierra hasta los promaucaes, de regreso a Santiago, donde se avecindó, en un encuentro con los indios le entraron una flecha por la garganta, de que estuvo mucho tiempo enfermo. Más tarde distinguiose en el opósito de Lautaro, y cuando llegó Hurtado de Mendoza, saliole al encuentro con armas, caballos y algunos soldados, continuando todavía sus servicios en tiempo de Bravo de Saravia y de Rodrigo de Quiroga.

Vivía, pues, en Santiago, cuando el domingo 9 de agosto de 1562, conversaban en la plaza pública de la ciudad, entre otras personas, el arcediano maestro don Francisco de Paredes, visitador y vicario general de estas provincias, y el padre dominico fray Gil González de San Nicolás. En el curso de su plática contó éste allí que según le habían dicho, Escobar repetía con frecuencia que cuando él predicaba «la letra del Evangelio, le oía bien, y en entrando en lo moral del Evangelio se tapaba los oídos, e otras palabras equivalentes a éstas».

Al día siguiente lunes, Paredes hacía llamar al escribano Agustín Briseño para que le autorizase un auto en que haciendo constar que lo dicho por Escobar era «palabra escandalosa y mal sonante contra nuestra religión cristiana y una de las opiniones de Martín Lutero y sus secuaces, y porque conviene saber la verdad y remediallo con justicia y castigar semejante herejía, su merced del dicho señor Visitador mandó levantar la información siguiente».

Fue el primero en ser llamado el mismo padre fray Gil González de San Nicolás, que no hizo sino repetir que la noticia de las palabras pronunciadas por Escobar había llegado a su conocimiento estando en la plaza en conversación con el maestro Paredes, juez de la causa.

Ese mismo día 11 de agosto recibiose también la deposición de todos los testigos que aparecían sabedores del hecho, que eran Rodrigo de Escobar, Juan Marmolejo de Sotomayor, Pedro de Villagrán, Juan de Cuevas, Melchor Juárez, y, finalmente, Pedro de Miranda el mismo que se había venido con Escobar desde el Cuzco y a quien dijo que conocía desde hacía veintitrés años. A todos ellos se les previno que bajo pena de excomunión mayor ipso facto incurrenda no comunicasen sus dichos, ni siquiera tratasen del asunto con persona alguna.

Después de citar de un modo conteste las expresiones que se atribuían al reo, todos los deponentes estuvieron de acuerdo en que siempre le habían tenido por buen cristiano y en que de sus palabras no habían recibido escándalo alguno.

Oigamos, sin embargo, la declaración que dio Rodrigo de Escobar:

«Fue preguntado diga e declare so cargo del juramento qué fecho tiene, si se acuerda haber oído decir al dicho Alonso Descobar alguna palabra temeraria o escandalosa, mal sonante o herética que sepa a herejía contra nuestra santa fe católica, de la cual redundase en escándalo de los que le oyeron.

»Dijo que lo que sabe es que de quince días a esta parte, poco más o menos, estando este testigo en las casas del Cabildo desta cibdad y posada del señor teniente Pedro de Villagrán, tratando de cosas, se vino a tratar del padre fray Gil y de sus sermones y Alonso Descobar, vecino desta cibdad, que estaba allí juntamente con Juan Marmolejo y no se acuerda quién otro, y no se acuerda bien si estaba allí Juan Marmolejo o quiénes eran los que estaban presentes, porque había mucha gente y estaban algunos dellos divididos e apartados hablando en corros, y en ellos estaba, a lo que se quiere acordar, el señor teniente Pedro de Villagrán y Diego García de Cáceres e Gonzalo de los Ríos y Juan Marmolejo e otros muchos, dijo el dicho Alonso Descobar que oyó al padre fray Gil que el dicho Alonso Descobar lo hacía muy bien (sic) en cuanto declaraba el Evangelio, pero que entrando en lo moral, hizo un ademán con la mano, y que no se acuerda bien si dijo entonces que no oía o no le escucharía más, e que le paresce a este testigo lo dijo el dicho Alonso Descobar a manera de gracia inorantemente, sin entender lo que decía, porque antes había dicho que el padre fray Gil le decía a él muchas cosas e que también le decía a él otras muchas e que otras veces le ha oído decir este testigo al dicho Alonso Descobar, tratando de no querer oír o escuchar al padre fray Gil cuando entra en lo moral, que es porque no quiere oírle decir que es el dicho Alonso Descobar un ladrón, robador, e que el gobernador no tiene poder ni el rey ni el papa, e que por esto decía el dicho Alonso Descobar no le quería oír, e que en lo demás, que esta vez ni otra que este testigo oyó al dicho Alonso Descobar no vio escandalizar a nadie de los que estaban presentes ni él se escandalizó, porque tenía al dicho Alonso Descobar y tiene por católico cristiano, y que lo que dijo, todo fue enderezado a manera de rescebir pesadumbre el dicho Alonso Descobar de las palabras afrentosas que el dicho fray Gil decía, porque él así mostraba recebir afrenta dello e que ni este testigo lo ha tratado lo que dicho tiene con alguna persona o con el padre fray Gil particularmente, fue por vía de gracia riyéndose mucho de lo que Escobar había dicho e no porque se escandalizase dello ni entendiese ofendía a Dios en haberlo dicho el dicho Alonso Descobar lo que dicho e declarado tiene, que es lo que este testigo podría decir haber oído al dicho Alonso Descobar: e que esto es lo que sabe de lo que le es preguntado, e la verdad para el juramento que fecho tiene».

Marmolejo de Sotomayor, repitiendo más o menos lo mismo, insistió en que no había recibido escándalo alguno de lo dicho por Escobar hasta que habiéndoselo contado a fray Gil, «le respondió e dijo a este testigo que era opinión luterana decir que no quería el dicho Alonso de Escobar oír lo moral del Evangelio, no mirando el fray Gil a qué efecto lo decía el dicho Alonso de Escobar, a cuya causa este testigo dijo al dicho fray Gil que el dicho Alonso de Escobar no lo decía a aquel fin que lo echaba el padre fray Gil, sino sólo porque los llamaba robadores, e que esto que dicho tiene es la verdad, etc.».

Al día siguiente de recibidas las deposiciones, el visitador Paredes ordenó despachar mandamiento de prisión contra el acusado, disponiendo al efecto que, por ser seglar, se llevase la información al mismo Pedro de Villagrán, teniente de gobernador de la ciudad, para que impartiese el auxilio del brazo real.

Dos días más tarde, esto es, el 13 de agosto, se presentaba el juez en la casa del reo, la cual se le había dado por cárcel, a efecto de tomarle su confesión. Después de declarar en ella quiénes eran sus padres y el tiempo que hacía a que había pasado a las Indias, «fuele preguntado que en este tiempo si se acuerda haber dicho alguna palabra temeraria o escandalosa o mal sonante o herética o que sepa a herejía contra nuestra santa fe católica y religión cristiana, diga lo que sabe.

»Dijo que en todo el tiempo que dicho tiene que ha que pasó de los reinos de España no se acuerda jurar en vara de justicia ni en mano sacerdotal ni Evangelios caso que a Nuestro Señor ofendiese, antes tiene por costumbre de reprehender a las personas que juran el nombre del Señor en vano, e que esto dijo a este artículo e que no ha dicho, a lo que se acuerda, ninguna palabra escandalosa ni mal sonante ni ninguna de las susodichas contra nuestra santa fe que le son preguntadas en la pregunta de suso, e que esto responde.

»Fuele preguntado si cree e tiene todo lo que tiene e cree la Santa Madre Iglesia de Roma, que es la que no puede errar, por estar regida e gobernada por el Espíritu Santo, diga lo que sabe.

»Dijo que lo cree e tiene bien y verdaderamente como fiel y católico cristiano que lo es, aunque pecador, y según que lo tiene la Santa Iglesia de Roma.

»Fuele preguntado si sabe que demás del sentido literal de la letra de la Sagrada Escritura tiene otros sentidos y declaraciones aprobadas por la Iglesia romana, como es el sentido moral y espiritual, adonde hay necesidad del tal sentido y declaración, diga lo que sabe.

»Dijo que este confesante no sabe leyes ni es letrado para discernir ni declarar lo moral que la pregunta dice, ni lo entiende, más de haber oído a los teólogos, que para las reprehensiones y vicios de las ánimas lo traen por argumento declarándolo como ello es, e que esto responde a esta pregunta.

»Fuele preguntado que es la causa que cuando oye la predicación del Evangelio dice e ha dicho muchas veces que cuando oye declarar el Evangelio literalmente que lo oye de buena gana, mas el sentido moral no le quiere oír, pues es lo tal contraria fe e religión cristiana y opinión de Lutero, diciendo que se tapa los oídos y menospreciando la tal declaración; y no contento con esto, mas antes diciéndolo a muchas personas, de lo cual se tiene sospecha por no saber a qué intención lo dice, demás de que es grande escándalo que de oír las tales palabras da este confesante y ha dado a los oyentes y en tierra nueva, no se sufre, como es esta: diga lo que sabe e pasa.

»Dijo que niega la pregunta porque es muy gran testimonio que se le levanta, porque él cree bien y firmemente, como arriba tiene dicho, lo que tiene declarado tocante a la fe, mas de que habrá cinco años, poco más o menos, que el padre fray Gil entró en esta cibdad de Santiago y le ha oído muchos sermones y declarar la palabra evangélica y dotrina, cierto muy bien y saludable para las ánimas, y entre los dichos sermones y dotrina decir que declara lo moral, lo cual este confesante no entiende por no ser letrado, e declarando el Evangelio y la dotrina cristiana y lo que el padre fray Gil dice ser moral hacer un ensalada diciendo muchos chismes e odios y rencores públicamente en el púlpito que dice le venían a decir de los vecinos y no vecinos en que públicamente preguntaba: al que hurta, ¿cómo se ha de llamar? y el dicho fray Gil mesmo decía: ladrón; y señalando con el dedo, decía: pues así sois vosotros; e llamando a este confesante e a los demás vecinos tiranos, y en cierta fiesta del señor Santiago otro día adelante habrá un mes, poco más o menos, dijo el dicho fray Gil: basta, que en la fiesta e regocijo que tuvieron los vecinos y los demás que ahí estaban hubo grandes defetos, así en ellos como las mujeres de los vecinos, lo cual dijo públicamente en el púlpito delante de los alcaldes de Su Majestad y regidores, e asimesmo ha dicho de los cinco años a esta parte muy muchas veces delante del obispo electo y del cura que agora es y fue antes y de los legistas que en esta cibdad están que no tiene poder el Papa para dar al Rey facultad en esto de las Indias ni el Rey puede ni tiene, ni puede proveer con buen título, declarando e diciendo a este confesante e a los demás vecinos e oyentes que no están obligados a seguir al Rey ni al Gobernador en su nombre ni a las demás justicias que asisten en nombre de Su Majestad, y el que lo tal usa peca mortalmente y está en el infierno, y esto es público e notorio a las órdenes que en esta cibdad están y vecinos; y por estas razones ha dicho este confesante que la palabra evangélica y dotrina que el padre fray Gil predica es santa y muy buena, mas que en entrando en estas pasiones le alborotan el espíritu, porque lo deshonra públicamente, e que por esta causa e causas que dicho tiene dice este confesante no querer ir a oille porque no le deshonre, porque se quiere ir a la iglesia matriz a oír los oficios divinos y a encomendarse a Dios e a su bendita Madre, que le encamine y le a eche aquella parte que más se sirva y a lo que dice el padre fray Gil que es palabra luterana decir contra la dotrina y moral que él entiende, este confesante dice que concede en ello, e que quemen e castiguen al que tal reprobare; e que a lo que dice que este confesante tocó en palabras luteranas, que lo niega, e del hábito del dicho padre y orden salió el Lutero e no del deste confesante: e que esto es lo que responde a lo que le es preguntado.

»Fuele preguntado si sabe y tiene que es obligado y son todos a oír los mayores, que son los letrados y predicadores y creerles, por estar puestos para la declaración del Evangelio, y siendo así que es la causa porque lo contradice entendiéndolo de otra manera y dándose a entender a muchas personas, donde paresce ser con mala intención, odio que tiene a los que declaran la letra del Evangelio, e que diga en que partes y lugares lo ha dicho y delante de qué personas.

»Dijo que él tiene de fe estar obligado a obedescer los mayores, como Nuestro Señor lo manda en su Evangelio e guardar lo que declararen tocante al Evangelio y dotrina y lo demás que deben guardar; mas, si el tal mayor, declarando el Evangelio, por buenas razones o por pasión u odio u rencor deshonrare a los feligreses de la Iglesia, si serán obligados a guardar su dotrina o no, este confesante no se determina por no ser letrado; e que lo que ha dicho sobre la materia fundándose en las razones que dicho tiene ha sido delante del señor teniente Pedro de Villagrán y de Rodrigo Descobar y del capitán Bautista e de Pedro de Miranda e de Rodrigo de Quiroga e de otras personas que no se acuerda, diciéndole a este confesante que fuese a oír al padre fray Gil, y este confesante les respondió que no quería ir allá porque no le deshonrase más de lo deshonrado, sino irse este confesante a la iglesia mayor a oír la Palabra de Dios, que tan bien se decía en ella como en otra parte, y que acá se hallaba contrito y allá le revolvían el pecho y se escandalizaba este confesante con las cosas que declarado tiene: e que esto es la verdad e lo que sabe so cargo del juramento que fecho tiene; e dijo ser de edad de cincuenta años, poco más o menos, e que es hijo de padres cristianísimos de quien no se puede tener sospecha ninguna e que es hijodalgo e que para ello está presto de lo probar y mostrar por previlegio real; e siendo leída por mí el notario esta su confesión se retificó en ella y lo señaló de su rúbrica por no saber escribir y lo firmó su merced el dicho señor Visitador...».

Este mismo día, Paredes nombró fiscal de la causa a Diego de Frías, quien incontinenti aceptó y juró el cargo. El 17 presentaba su acusación contra el reo.

«Premisas las solemnidades del derecho», decía el fiscal en ese documento, «el susodicho, con poco temor de Dios Nuestro Señor y en gran peligro de su ánima y conciencia, dando mal ejemplo de su persona a nuestra religión cristiana, tocando en palabras mal sonantes, con que se da mal ejemplo a los fieles y a los naturales nuevamente convertidos, dijo y publicó, públicamente delante de todo el pueblo, que las palabras que se decían en los sermones, tocantes al Evangelio, a la letra, que él las quería oír, y en lo moral, que es la sustancia, de lo que los fieles cristianos han de tener y creer juntamente con la letra del Sagrado Evangelio para lo que toca a la salud de sus ánimas, que él se tapaba los oídos y no lo quería oír, aunque fuese de la boca de fray Gil, en lo cual, el dicho Alonso de Escobar cayó en una de las irróneas (sic) de Martín Lutero y, como a tal luterano, vuesa merced debe castigar con las mayores y más graves penas establecidas en derecho, confiscándole todos sus bienes, conforme a derecho, como se debe hacer a las personas que públicamente incurren en semejantes delitos.

»Pido a vuesa merced condene al dicho Alonso de Escobar en las mayores e más graves penas establecidas en derecho por los Sacros Cánones y Sínodo, confiscándole todos sus bienes, conforme a las constituciones sinodales y a los Sacros Cánones, ejecutándolas en su persona y bienes, declarándole por luterano y por confiscados todos sus bienes, por haber dicho tan feas palabras y mal sonantes a la república, en especial estando en estas partes y tierra nueva, donde se deben castigar rigurosamente semejantes delitos porque no caigan en error algunas personas viendo que no se castigan los semejantes, en lo cual vuesa merced administrará justicia, la cual pido y juro en forma de derecho, por Dios Nuestro Señor, que esta acusación no la pongo de malicia sino por alcanzar cumplimiento de justicia y porque sean castigados semejantes delitos y para que sea ejemplo de los fieles cristianos.

»Otrosí pido a vuesa merced que le mande poner y ponga en graves prisiones para que haya efeto el ejecutarse en su persona y bienes todo lo que contra el dicho Alonso de Escobar fuere sentenciado, mandándole que le sean puestas prisiones, en lo cual vuesa merced administrará justicia y pídolo por testimonio».

Viendo el giro que llevaba este asunto y que para desenredarlo no le había ya de bastar la sinceridad de su declaración, Escobar pidió al juez que se le señalase un letrado que se hiciese cargo de su defensa. Condescendiendo con esta petición, Paredes le nombró a Juan de Escobedo.

En la respuesta a la acusación alegó Escobedo que su defendido era cristiano viejo, que tenía y creía lo que la Santa Madre Iglesia romana; que sus padres y abuelos jamás habían sido penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición; que las palabras de que le acusaban las había dicho con simplicidad y no de malicia, «por no entender el dicho mi parte qué es sentido moral, ni saber leer ni escribir, para que dél se pueda presumir haber dicho las dichas palabras con dañosa intención, sino a efecto que el padre fray Gil ha predicado muchas veces en esta cibdad coartando el poder del Papa, diciendo que no tiene jurisdicción en estas tierras ni a Su Majestad se la pudo dar, antes Su Majestad la tenía tiránicamente y que sus vasallos no estamos obligados a obedecelle ni a sus ministros, y poniendo duda si las indulgencias que concede Su Santidad a las personas que rezan en ciertas cuentas benditas, si las ganan o no, y que los vecinos de esta ciudad son unos ladrones, robadores, y tratando muchas pasiones en el púlpito con personas particulares, y estas cosas, el dicho mi parte, ha dicho que no le quiere oír, porque le escandalizan, y lo que fuera de esto predica el dicho fray Gil lo oye y cree el dicho mi parte como católico cristiano».

El fiscal Frías, mientras tanto, en desempeño de su oficio, el día 21 pidió al juez que «luego, sin dilación alguna, mande prender y prenda al dicho Alonso de Escobar y le ponga en cárceles cerradas y con graves prisiones, atento a la calidad del delito, donde no le hable ninguna persona, poniéndole guarda de gente armada y a su costa»; y como sabía perfectamente que en caso de mediar una condenación había de ejecutarse sobre la persona y bienes del acusado, solicitó, a renglón seguido, que se inventariasen aquéllos. Pero el juez no dio lugar a esta petición, disponiendo, a la vez, que Escobar continuase preso en su casa.

Habiendo mediado estas incidencias, fue la causa recibida a prueba el día 26.

Durante el término probatorio se produjeron, además de las declaraciones de los testigos de la sumaria, las de Francisco Navarro y Diego de Guzmán, que expuso, no sin cierta malicia, que según le había dicho Escobar, el padre fray Gil «entendía por la moralidad el hacer dejación de los indios y llamarle de borracho y ladrón y robador, en el púlpito». El reo mismo a quien se le tomó también juramento para que declarase al tenor del interrogatorio presentado por el fiscal, insistió en que se tapaba los oídos porque «estando en el púlpito el dicho padre fray Gil dice a este confesante y a los demás vecinos, palabras injuriosas y escandalosas, llamándolos de ladrones públicos y tiranos e borrachos, por lindo estilo, e otras palabras injuriosas, de lo cual este confesante se escandaliza y alborota, y estas son las palabras e causa de que este confesante ha dicho públicamente no querelle oír porque es en su perjuicio; y que en lo demás cree bien y fielmente aquello que cree y tiene la Santa Madre Iglesia romana, como bueno y católico cristiano, y que en defensa de la fe este confesante morirá: y esto respondió».

Llegaba ya el momento en que el acusado presentase la prueba de sus descargos.

Invocó desde luego el testimonio de Juan Bautista Pastene, que por estar casado con una hermana de la mujer de Escobar suministró amplios datos acerca de su familia, inclusos los parientes de sus abuelos, que eran caballeros naturales de Sahagún, tenidos por cristianos viejos e hijodalgos, como lo era el mismo reo, «buen cristiano, temeroso de Dios y de su conciencia»; el de Pedro de Burgos, con quien se había conocido desde niño en el puerto de Santa María; el de Pedro de Miranda, que expuso tenía a Escobar «por buen cristiano y caritativo y era tenido públicamente entre todos los de su tierra que le conocían por cristiano viejo hijodalgo»; Sebastián Vásquez, y Pedro de Artaño que se había venido con él a Chile; y por fin, Juan Benítez que expresó que «el dicho Alonso de Escobar sabía ser cristiano viejo de todos cuatro costados».

Estos y otros testigos no menos calificados, como el licenciado Bravo, Pedro de Villagrán, etc., estuvieron, pues, contestes en afirmar que no podía dudarse en manera alguna de los buenos antecedentes del acusado.

Pero al mismo tiempo que Escobar justificaba su rancio catolicismo, en su interrogatorio había incluido dos preguntas enderezadas contra fray Gil que habían de ser en parte, según hemos de verlo, causa de un proceso harto grave y ruidoso.

Hallose, pues, así el visitador Paredes, rendida la prueba de las partes, conociendo de un negocio mucho más difícil de resolver de lo que en un principio acaso se lo imaginara, y a fin de salvar tamaña dificultad dictó una providencia para que las partes nombrasen cada una juez acompañado con quien asociarse, lo que motivó una apelación del fiscal Frías. A pesar de todo, la tramitación de la causa había sido tan rápida que el 29 de agosto dictaba Paredes la sentencia siguiente:

«En el pleito que en esta Audiencia Eclesiástica pende entre partes, de la una Diego de Frías, promotor fiscal, e de la otra Alonso de Escobar, vecino desta ciudad.

»Fallo que Diego de Frías, fiscal, no probó bien y enteramente su intención, según que probar le convino, porque las palabras que el dicho Alonso de Escobar dijo no son heréticas, y el mal sonido que parecen tener, consta decirlas con simplicidad y no maliciosamente, ni contra lo que la Santa Madre Iglesia romana tiene determinado: en consecuencia de lo cual debo de amonestar e amonesto al dicho Alonso de Escobar, que de aquí adelante no diga palabras de las contra él contenidas en esta causa, so pena que se procederá contra él por todo rigor de derecho; condénole más en las costas deste proceso, la tasación de las cuales en mí reservo: e por esta mi sentencia definitiva juzgando así lo pronuncio e mando».

Resuelto así el primer proceso de fe seguido en Santiago, quedaba sólo que tasar las costas en que el reo había sido condenado. En consecuencia hubo de pagar: al fiscal, cuarenta y cuatro pesos de buen oro; al alguacil Pedro de Castro, por la ejecución del mandamiento de prisión y carcelería, cuatro pesos; al juez, por sus firmas, quince; y al notario setenta y ocho pesos.

El fiscal, después que Escobar satisfizo hasta el último centavo, pidió el 4 de septiembre que se trasladase a Lima llevando en persona su proceso para que fuese revisto en segunda instancia; y así lo dispuso el juez, ordenando, a la vez, que Frías también pareciese allí dentro de un término razonable. Pero con motivo de estos autos iban a desarrollarse otros incidentes todavía más importantes que requieren un capítulo especial.

 

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