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Historia del Tribunal de la Inquisición de Lima: 1569-1820

José Toribio Medina

Capítulo VIII

Capítulo VIII

Continúan los procesos. -Relación del auto de fe de 29 de octubre de 1581. -Causa de Juan Bernal.


     A pesar de tales escarmientos, ni dejaban de presentarse nuevos hechos dignos de castigo, a juicio del Tribunal, ni éste cesaba por un instante en sus tareas.

     Desde el mes de abril de 1578 hasta octubre de 1581, en que se celebró el tercer auto de fe, se habían fallado, en efecto, las causas siguientes:

     Fray José de Lizamo, dominico, porque predicando en la ciudad de La Plata, dijo que los pecados confesados y perdonados volvían a revivir todos, fue desterrado del reino.

     Juan de Alarcón, clérigo, de Salamanca, que repetía a las criollas en la confesión que eran hermosas y discretas y que no parecían nacidas en tierras del Perú, permitiéndose de cuando en cuando abrazarlas, fue desterrado del obispado del Cuzco y privado de confesar por tres años.

     El bachiller Alonso de Arceo, predicando en la iglesia mayor de Arequipa, sostuvo que el Santísimo era sacramento de vivos y muertos, pero como además refiriese que lo había administrado a indios que estaban en pecado mortal, fue suspendido de predicar por diez años.

     El deán de Panamá, Alonso Sánchez Niño, fue condenado a retractar cierta proposición, por el escándalo que de ella hubo, y en cien pesos ensayados.

     Fray Antonio Núñez, provincial de la Merced, que en el Cuzco ponía espías para inquirir qué religiosos de su Orden entraban a casa del comisario del Santo Oficio, y que además hacía burla del Tribunal. Ítem, que tenía amistad con cierta mujer, a cuya comunicación fue atraído por uno de sus subordinados y por ruegos suyos, y porque un hombre había tratado de estos sus amores, le metió en el convento y le dio de mojicones: fue privado perpetuamente del cargo, ayunó algunos miércoles y viernes a pan y agua, y recibió una disciplina en su capítulo.

     Luis Verdugo, clérigo, por haberse permitido censurar ciertos actos de la Sede Vacante, y dar su opinión sobre algunos pecados, abjuró de levi.

     Gregorio Domínguez, vecino de La Plata, fue procesado por haber prendido a una persona a nombre del Santo Oficio.

     Gaspar del Peso, soldado, fue encausado porque habiendo sido acuchillado en una pendencia, exclamó, dirigiéndose a uno: «no quiero que Usted me vea, ni Dios tampoco.»

     Cristóbal López de la Vega, porque para subirse a un tablado en el auto último, se había fingido relator del Santo Oficio.

     Fray Antonio Carbonera, de Almansa, estando en su monasterio de La Plata, dijo que una información que el comisario hacía contra él la ejecutaba a sabiendas de ser falsa, por complacer a cierta dama principal. Requirió además de amores a algunas de sus confesadas, «procurándolas a actos sensuales, torpes, feos y carnales, queriendo algunas de ellas forzar dentro en su casa dellas, ayudándose para ello de un compañero que llevaba».

     Ogier Estacio, de Marsella, porque ocultó en el Cuzco el dinero de un tío suyo que había sido penitenciado, y «se perjuró», fue condenado en cuatrocientos pesos.

     Pedro de Villadiego, mercader, «sobre que hablando en conversación con ciertas personas, vino a decir que estando una vez San Pedro en una taberna había pasado por allí Nuestro Señor Jesucristo y le había preguntado: «¿qué haces, Pedro?» y que le respondió San Pedro: «multiplicar», y que le dijo Nuestro Señor Jesucristo, «haz y vente».

     Fray Agustín de Santa Mónica, que se denunció de haber seducido a varias indias en el acto de la confesión.

     Los clérigos Pedro Alonso Catalán y Juan de Padilla, y los religiosos fray Pedro Hernández y fray Pedro Casco, por idéntica causa.

     Diego de Aguilar, escribano de Arequipa, y Juan Velasco, por doble matrimonio.

     Pedro Juárez de Valdés, secretario que había sido de la Audiencia de Charcas, por haberse expresado en malos términos de los funcionarios del Santo Oficio.

     Los agustinos fray Francisco de Venera, por cierta disputa que tuvo en el juego con sus compañeros, y por algunas proposiciones, el provincial fray Luis Próspero Tinto, a quien después de retractarlas, en una misa mayor, estando en forma de penitente, se le leyó públicamente su sentencia y abjuró de vehementi.

     Alonso Esteban, María de Encio, Pedro de Morales, fray Luis Quintero, fray Juan Lobo, Rodrigo de Herrera, fray Juan de Medina, Pedro Troyano, el maestro Paredes y Juan Serrano, de cuyos procesos daremos cuenta al hablar de la Inquisición de Chile.

     Había, además, otra porción de causas en que los reos estaban mandados prender, lo que no se había ejecutado por falta de cárceles donde guardarlos; y no menos de quince contra solicitantes en confesión, que se enviaban a España en consulta .

     Se hacía, por lo tanto, necesario proceder sin demora a la celebración de un auto, y para el efecto, acordaron los Inquisidores señalar el día 29 de octubre de 1581.

     Era el más notable de los que allí habían de presentarse el proceso de Juan Bernal, flamenco, de oficio sastre, que el comisario de Panamá entregó al maestro de un navío para que lo condujese a Lima, donde inmediatamente de llegar fue encerrado en cárceles secretas.

     «Después de haber dicho y confesado que tenía y creía quasi todos los errores de Lutero, y habiéndosele nombrado letrado y comunicado con él, y pedídole que le enseñase la verdad, y después dello haberse reducido y pedido misericordia, se rescibió su pleito a prueba y se enviaron a ratificar los testigos, y decíamos que no teníamos buen concepto de su reversión. Este reo se rescebió a prueba y dijo que se redució a la iglesia católica por el mes de diciembre de 1579, y al principio de febrero de 1580, en una plana de papel que escribió de su mano, dijo que pedía se le diese por penitencia de sus pecados que trabajase a su oficio dos o tres años y que daría su jornal, dando a entender que fuese fuera de cárcel; y por el mes de abril siguiente pidió audiencia y en ella que se le diese una mano de papel, y se le dio, y en mayo siguiente llamó el reo al alcaide una noche y le dio dos medios pliegos de papel y le pidió los diese a los inquisidores luego, y en ellos niega el purgatorio y el mérito por las buenas obras; y siendo el reo traído a la audiencia presentó cuarenta y ocho hojas de papel scriptas de su mano, en que dice que él por salir de la cárcel había dicho que se reducía a la Iglesia de Roma, y que fue flaqueza de su carne y miedo del fuego y persuasión del demonio. Y ansí se dejó engañar, y dice a este propósito que le valdría más al hombre no tener lengua y ir al cielo sin ella, que con ella al infierno, y que su letrado le dijo que fuese obediente a la sancta apostólica iglesia romana y al Pontífice della, y que agora decía que siendo iglesia del engaño, la llaman sancta, y que el letrado le hizo besar un crucifijo, que son las subtiles obras del antecristo, y que le mandó pedir perdón de todos aquellos papeles (onde, como decimos en la primera relación, decía que tenía y creía los errores de Lutero) y que fue ministro del engaño; y dijo que lo que había scripto en un papel que sino hiciese verdadera penitencia que no pudiese alcanzar la misericordia de Dios, que lo mismo decía agora, mas no la penitencia como entonces dio a entender; y dijo que por miedo negó la ley de su Dios, por seguir la ley del engaño, que públicamente es tenida por buena, y que la iglesia romana es obra e invención del antecristo y que en lo que dijo confesándola siguió sus malas obras, y no lo que Dios manda; dice que es idolatría la veneración de las imágenes, y que los hombres adoran las obras de sus propias manos, y dicen que en ello sirven a Dios, y que los que gobiernan la iglesia romana compuesta dicen que estas cosas e imágenes son sanctas y no quieren que sepan la gente la declaración de estas cosas, porque en sabiéndola verán que es engaño claro. Torna aquí a negar el purgatorio y el mérito de las obras buenas, y que le pesa de haber dicho que por ellas se merescía cuando se redujo y iba perdido, aunque en la ley compuesta de la iglesia romana llaman a los tales ganados, y que su conciencia le avisaba que había hecho mal en reducirse y dejarse engañar del demonio, y que es falso decir que los que son desta ley del engaño son de nuestro Señor. Dice ansimismo que el hacer una cruz de dos palitos cruzados, es invención del antecristo, con que lleva a muchos perdidos; niega el sanctísimo sacramento del altar, y dice que la iglesia romana está fundada sobre la parte de barro que tenía la estatua de Nabucodonosor, y que cuando no se caten caerá y será destruida. Dice mucho mal del sumo pontífice y de las intituciones y personas eclesiásticas y de sus rentas, de los ayunos y religiones y de los jueces eclesiásticos, y que no pueden ni les dio Dios poder para castigar ni matar a nadie, y que quieren quemar vivos a los que no los obedecen, pero que más terrible es el infierno. Reprehende el rezar pater noster por cuentas y la oración de rodillas y dice que en ello se ofende a Dios, y dice que ninguno puede hacer bien, por ser todos sin provecho, si Dios no lo hace con él; dice mal de las indulgencias y dice que buscan el perdón de Roma y no de Dios, y que por esto siguen tanto al antecristo y no le quieren conocer por engaño; dice que la verdadera confisión es verdadera oración a Dios, y que las confisiones compuestas por la iglesia romana no agradan a Dios, y dice que los confesores se atribuyen a sí las llaves del cielo y le cierran para mucha gente y ellos mismos no quieren entrar; dice que no es lícito jurar y que decir que el pecado venial se perdona por vía de ciertas cosas, es hipocresía y embarazo, y que esto desea la carne, y que cada uno se perdona a sí; dice que el soberbio Aman es la Iglesia romana y que proveerá Dios que no pueda hacer siempre sus deseos y Dios dará libertad a su pueblo; dice mal de los frailes y hábitos de las religiones y que no les aprovecha porque se sanctifican a sí mismos, y reprende las misas, aunque entre ellos los frailes franciscos son de más llaneza; llama en muchas partes al papa e iglesia romana antecristo, y dice que tiene mucho deseo descrebir contra aquél, que es contra Dios y contra la compostura del engaño, y que la ley de la Iglesia romana es la ley del antecristo; dice también que nuestra Señora no se ha de llamar madre de Dios, porque Dios no puede tener madre, y que no hemos de decir madre de Dios sino sierva del Señor. Reprehende la invocación e intercesión de nuestra Señora y de los Santos y dice que no conviene llamar a nadie sancto, sino a sola la trinidad, y que querer que los otros intercedan por nosotros, es decir que Dios no conoce los corazones y es menester que otro se lo diga, y que se ofende a Dios en poner intercesores; y dice que cuando se retrujo, negó a Dios su maestro, como Judas que le vendió, y que cuando confesó la iglesia romana fue por flaqueza, y por salir de la cárcel y que fue obra del demonio; y en este discurso dice muchos errores y herejías luteranas, alegando por ellas muy muchas autoridades del testamento viejo y nuevo, que los herejes suelen traer, que los tiene muy en la memoria; y siendo traído al audiencia, no quiso jurar, porque dijo que no era obra de cristiano, que Dios no lo manda, y que aquella imagen era de engaño y obra del antecristo y que tampoco hubiera para qué jurar por el nombre de Dios, sino de sí o no; y habiéndosele preguntado qué le movió a hacer la retratación que hizo en presencia de su letrado cuando se redujo a la iglesia romana, dijo que por salir de la cárcel y vivir más, y por arrepentirse de sus pecados que había cometido en no seguir su ley que es la ley de Dios, y contra la iglesia romana, y que cuando dijo que quería tener firme en la iglesia católica y apostólica entendió por su fe contra la iglesia romana, y que cuando dijo de Roma, que dijo entre sí que Dios se lo perdonaría, y que hizo aquella confesión persuadido del demonio, como tiene dicho, y declara que donde dice antecristo lo dice por el Papa, y todos los que siguen la iglesia romana y del engaño, y que con este engaño le dijo su letrado que se redujese a la iglesia romana, y lo mismo dijo que dice por los Inquisidores y que lo que los Inquisidores siguen parece cosa espiritual y es engaño; y habiendo comunicado con su letrado (al cual se le leyeron sus confesiones) y el letrado aconsejándole se apartase de los dichos sus errores y herejías y se redujese a la iglesia católica romana, donde no, que no le podía ayudar, el dicho Juan Bernal dijo que no quería sino apartarse de ella, porque es error hacello, sino llegarse a la iglesia de Dios, y pidió que se le leyesen sus papeles que tenía presentados últimamente para ver si en ellos había alguna cosa en favor de la Iglesia Romana quitarlo de ellos; y el dicho su letrado se desistió y apartó de la defensa del dicho reo, porque no la tiene, y el reo dijo que en hora buena, que Dios le ayudaría; y siendo preguntado con quién ha comunicado estas cosas, dijo que no ha osado comunicarlas con naide, y estando ansí pertinaz, se le dio la publicación de cinco testigos, y respondiendo a ellos, dijo que no ganamos el cielo con obra ninguna sino por sola la fe, y que esto trató con los compañeros de cárcel, y que lo que quiere decir es que son menester obras para hacer la voluntad de Dios, y que su intención es dar a entender que hagamos la voluntad de Dios en todo y que conozcamos con verdad que somos indignos y sin provecho de alcanzar la gloria por nuestras obras, sino por la gran pasión de nuestro Señor Jesucristo, y dijo que él no contradecía lo que decía el testigo de lo que había pasado en la isla de las Perlas; y en las demás respuestas en la audiencia y de su letra tornó a decir y afirmar algunos de los dichos errores y llamar al Papa antecristo, y habiéndosele dicho si quería decir alguna cosa en su defensa o concluir esta causa, dijo que no tenía qué decir, y que en cuanto a concluir que aquí estamos, y en otra audiencia desde ha veinte días, en 29 de julio de 1580, estando presente el letrado que se le había nombrado, se le dijo si quería tratar con él y aconsejarse acerca del dicho su negocio, y el reo dijo que no, y siendo preguntado si quería concluir dijo que no tenía que hablar en concluir, ni tiene más que decir, y dimos el pleito por concluso difinitivamente y se notificó al fiscal; y en el mes de noviembre de 80, fue mandado traer al audiencia y siéndole referido que dos veces había sido apercebido para conclusión y en la última dellas se había habido la causa por conclusa, que ahora se le decía el mismo apercebimiento y que si tiene que alegar, se oirá, y dijo que no tiene qué decir, y fue habido el pleito por concluso difinitivamente, y en el mes de noviembre del dicho año, se vio el pleito en consulta, con ordinario y consultores, y fue votado a que el dicho Juan Bernal sea relajado a la justicia y brazo seglar y sus bienes confiscados, y que antes que se ejecute sea puesto a cuestión de tormento in caput alienum, hasta ponerle en el burro sin atarle las manos; y siéndole hecha la monición y puesto en el burro, no declaró cosa tocante a terceros; y en 22 de noviembre del dicho año de 1580, estando en nuestra audiencia el virrey don Francisco de Toledo (que le fue pedido se hallase en ella porque paresció convenía para dar más autoridad a las personas que habían de tratar de la conversión de este reo), y el arcediano de la sancta iglesia desta ciudad, el licenciado Martínez, consultor de esta Inquisición, y el maestro fray Miguel Adrián, prior de Sancto Domingo, y Joseph de Acosta, provincial de la compañía de Jesús, fue traído a la audiencia el dicho Juan Bernal, y por espacio de quasi dos horas, trataron los dichos teólogos con este reo, dándole a entender sus errores y que eran claras herejías, y aunque muchas veces le tuvieron convencido, se quedó en los dichos sus errores y herejías, pertinaz, diciendo que la iglesia de Roma era iglesia de mentiras y engaños. Después de lo cual, en el mes de diciembre del dicho año, el alcaide de estas cárceles dijo que el dicho Juan Bernal le había dado un pedazo de una tablilla, con que este reo tapaba una tinajuela en que tenía agua y en ella escriptas ciertas cosas que escribió con el clavo de una cinta, que la trajese a el audiencia, y siendo traída a ella el dicho Juan Bernal, se le leyeron en su presencia las letras que estaban escriptas en la tablilla, estas palabras «yo quiero apartarme de toda la herejía de Martín Lutero y por no ser llevado otra vez a la cámara del tormento, pido seis pliegos de papel para confesarme a la iglesia de Roma y porque tengo vergüenza lo querría escribir primero que me llamasen»; y el reo siendo preguntado, dijo que él lo había escripto ansí y que había dicho al alcaide que la trajese al audiencia, y le fue dicho que diga en la audiencia lo que quiere escribir en el papel que pide, y dijo que cuando fue traído al audiencia en presencia del virrey y teólogos se turbó y quería agora el papel para declararse, y habiéndose afirmado en algunos de los errores de que trató, dijo que lo que escribió en la tablilla que se quiere apartar de toda herejía de Martín Lutero, lo dijo por alcanzar papel, y que es verdad que su deseo es apartarse de toda herejía de Lutero y de sí propio, es a saber, de todo aquello que es pecado y que lo que dice por confesarse a la iglesia Romana lo dice por decir otras cosas contra ella, de sus composturas y nigromancias y obras del demonio, y que cuando más piensa en ella, tanto más engaño halla en ella, y que tuvo deseo de confesarse desta suerte, y tornó a decir contra las imágenes y contra las reliquias de los sanctos, y que el mostrar unos huesos y calaveras, como él lo vio en Roma, le paresció gran desatino, y que de allí se levantaban las idolatrías, y que es despantar que un hombre que haya estudiado la ley de Dios haga aquello, y dijo otras cosas a este propósito, y que pedía papel para confirmar lo que tiene dicho contra la Iglesia Romana.»

     ...«Después destar su negocio concluso y él pertinaz y votado a que fuese relajado en forma, añaden los Inquisidores en otro documento, se hicieron con él las diligencias acostumbradas para su reversión. Éste se estuvo siempre en su pertinacia en las cárceles: salió al aucto, y fue entregado a la justicia real, estando pertinaz y así murió.

     »Reconciliados por la secta luterana:

     »En la última relación que tiene Vuestra Señoría la dimos del estado del proceso de Joan Oxnem, inglés, capitán de los ingleses que vinieron a robar y entraron por el Ballano, cerca del Nombre de Dios, que estaba conclusa y votado a que fuese admitido a reconciliación, con hábito y cárcel perpetua irremisible, la cual tuviese en las galeras de su majestad, sirviendo al remo y sin sueldo, y confiscados sus bienes, salió al aucto público y ejecutose la sentencia.

     »Asimismo tuvo Vuestra Señoría relación de que el negocio de Thomas Xervel, inglés, maestre del navío en que estos ingleses vinieron, estaba concluso y votado a que fuese admitido a reconciliación y cárcel perpetua, y que los diez años estuviese en las galeras al remo, sin sueldo, y que acabados los diez años, tuviese la carcelería en esta ciudad en la parte y lugar que se le señalase, y en confiscación de bienes, salió al dicho aucto público y ejecutose la sentencia.

     »También dimos relación a Vuestra Señoría de que el processo de Jhoan Butlar, inglés, piloto del dicho navío de ingleses, estaba votado (habiéndole primero dado tormento por la intención que negaba y no habiendo confesado en él cosa de nuevo) a que saliese al aucto público en forma de penitente, y que abjurase de vehementi, y que fuese absuelto de la excomunión se forte había incurrido en ella, y que sirviese en las galeras de su majestad seis años al remo y sin sueldo. Salió el dicho Joan Butlar al aucto público, y ejecutose lo votado.

     »Ya dijimos a Vuestra Señoría que a estos tres ingleses y a otro mozo, hermano del dicho Jhoan Butlar, los habíamos traído a estas cárceles, de la cárcel real, donde estaban presos, que los habían traído del Ballano, y así los tornamos a remitir a la dicha cárcel real, adonde habiendo estado algunos días, por sentencia que contra ellos dieron los alcaldes del crimen fueron ahorcados los dichos Jhoan Oxnem, Thomas Xervel, y Joan Butlar, y el dicho mozo que se dice Enrique Butlar, fue sentenciado por los alcaldes a galeras perpetuas. Con este mozo no hecimos cosa, más de tenerle en las cárceles hasta que salieron los demás por las causas que dimos a Vuestra Señoría en la relación pasada.

     »Reconciliado por la ley de Moysem.

     »Manuel López, que acá se nombraba Luis Coronado, natural de Yelves, en el reino de Portugal... confitente haber judaizado, y estaba votado a que saliese al aucto público de la fe, y que fuese admitido a reconciliación con hábito y cárcel perpetua y confiscados sus bienes, y que de allí adelante no se nombre Luis Coronado, sino Manuel López, que es su nombre. El dicho Manuel López salió al aucto y se ejecutó la sentencia, y se le señaló la cárcel perpetua en esta ciudad en el hospital de los marineros donde sirva en lo que se le mandare, y que todos los domingos y fiestas de guardar vaya a oír la misa mayor y sermón (cuando le hubiere) a la iglesia mayor, y los sábados en romería a la iglesia de la Merced, donde de rodillas rece las cuatro oraciones de la iglesia, y se confiese y reciba el sacramento de la eucaristía, las tres pascuas del año, por toda su vida.

     »Diego de la Rosa, bordador, natural de Quito, fue condenado a que saliese al aucto público de la fe en forma de penitente, y que allí se leyese su sentencia y abjurase de levi, y desterrado por seis años de la ciudad de Quito y por cuatro de la de Trugillo deste reino, que comenzase a correr todo el dicho destierro desde el día de la pronunciación de la sentencia, y que tenga por cárcel esta ciudad y cinco leguas a la redonda, por dos años, y que confiese y comulgue las tres pascuas del año de los dichos dos años y traiga dello testimonio a este Sancto Oficio, como de todo, y de su proceso hemos ya dado relación particular a Vuestra Señoría, y salió el dicho Diego de la Rosa en el dicho aucto público y ejecutose su sentencia.

     »Francisco Hernández Vizuete, natural de Llerena, estuvo preso sobre haber dicho que la simple fornicación no era pecado mortal sino venial, de cuyo negocio dimos relación a Vuestra Señoría, hasta decir que estando concluso para prueba se habían enviado a ratificar los testigos a Panamá, donde dijo las dichas palabras; los testigos que depusieron contra él fueron tres, los dos se ratificaron, y el otro era muerto; diéronsele en publicación, e dijo que era verdad que había dicho que echarse con mujeres solteras no era pecado mortal sino venial, y que por amor de Dios que se usase con él de misericordia. Mandósele dar traslado y no lo quiso, porque dijo que no tenía más que decir; después de lo cual comunicó con su letrado, y con su acuerdo y parecer, dijo que había dicho las dichas palabras como hombre de poco saber, y no entendió que era contra lo que la Iglesia Romana tiene; y queriendo distinguir diversos pecados entre la cópula con mujer casada y mujer soltera, y que luego que fue advertido dello, se fue a acusar ante nuestro comisario, aunque en este Sancto Oficio no consta de que se haya acusado ante él, porque dice que no se scrivió y el comisario es muerto. Este reo siendo preguntado por su genealogía dijo que su abuelo materno fue familiar de la inquisición de Llerena. Y fue el pleito concluso definitivamente, e visto con los consultores (por no haber Ordinario de Panamá), fue sentenciado que salga al auto público de la fe en forma de penitente, y que allí le sea leída su sentencia, y abjure de levi, y desterrado de Panamá por cuatro años, y de esta ciudad por dos años, y que no los quebrante, so pena de que los cumpla doblados en las galeras, al remo y sin sueldo; y habiéndose pronunciado antél la dicha sentencia, y comunicado acerca della con su letrado, y él aconsejándole que por estar la sentencia dada con mucha misericordia no debía apelar della, el reo se resolvió en apelar, y su letrado dijo que presentaría petición en ello, y el fiscal apeló de la dicha sentencia, alegando ciertas razones a manera de agravios, y asimismo el dicho Francisco Hernández Vizuete apeló para ante Vuestra Señoría, no alegando cosa de nuevo; y se concluyó en definitiva; y tornado a ver con los consultores, se confirmó la sentencia, y en el dicho auto público se ejecutó, saliendo a él el dicho Francisco Hernández Vizuete.

     »Diego Hernández, herrador, natural de Trugillo en España, que por otro nombre se llamaba Joan García del Castillo, que estuvo preso por haber dicho delante de muchas personas que no era pecado tener cópula carnal con una negra, ni estar amancebado con ella, por que Dios había mandado quel hombre fornicase (como se dio a Vuestra Señoría relación particular, y de cómo estaba votada con ordinario y consultores en conformidad); salió al auto y fue condenado en lo mismo que el precedente.

     »Jhoan de Medrano, que por otro nombre se llamaba el ingrato Joan de María, de cuyo negocio dimos relación a Vuestra Señoría, que estaba recebido a prueba, y que aunque estaban ratificados los testigos y sacada la publicación, no se le había dado por estar enfermo; después por julio de mil quinientos y setenta y nueve, se le dio la publicación de trece testigos, los once dellos ratificados, muchos de los cuales dicen quel dicho Joan Ingrato comunicó con ellos las constituciones que tenía hechas para la nueva religión que había de fundar, a la cual decía que se habían de reducir todas las demás, excepto tres, que no declaraba, y que había hecho las dichas constituciones, teniendo revelación de Dios para ello, y contaba el modo cómo había tenido las revelaciones, y muchos de los testigos dicen que le tienen por hombre iluso y engañado del demonio, y algunos dicen que en lo exterior le hallan los que le han examinado por hombre de buenos deseos y buen cristiano, y un testigo dice que le dijo el Rey que para hacer las dichas ordenanzas en que trata de Papas y Reyes, ligas y guerras, no tenía necesidad de más que irse a la iglesia del hospital donde estaba y darse unos pocos de azotes, y acostarse o postrarse en la peana del altar, y que luego el Señor le ofrecía con gran facilidad lo que había de hacer, así de ordenanzas como de constituciones para la dicha religión, y que en ella había de haber religiosos de todos los estados de la iglesia de Dios; e dice un testigo que le dijo el reo que estas cosas le fueron reveladas a la mitad de sus días, y que así había de vivir otros tantos años como había vivido; y una mujer viuda que este testigo dice que andando el reo en hábito de seglar, por el año de setenta y uno, la significó que la quería bien, y que procurando ella quél no la viese, de razón en razón, vino a decir el dicho reo, la simple fornicación no es pecado, o no la tengo por pecado; y otra mujer testigo dice, que en su presencia y de un hombre, este reo hablando de una mujer que había hecho voto de tomar el hábito de la Concepción, que trae el dicho Joan Ingrato, dijo alabándola, que después de nuestra señora la madre de Dios, ninguna sancta ha comprendido lo que la dicha viuda, porque Sancta Catalina y Sancta Clara mucho hicieron, pero esta mujer ha de hacer todas las obras de caridad que Dios manda, y que había de ser una gran Sancta. Examinose el conteste, y no dijo cosa, y los testigos dicen otras muchas cosas acerca de lo que les comunicó el reo de las dichas sus constituciones y religión que había de fundar y rentas que había de tener, e dicen los testigos que aunque en decir las dichas cosas parece loco, pero que en su manera de proceder no es loco, sino concertado; y respondiendo el dicho Juan ingrato a la publicación, dice que había tenido revelación de hacer religión de la limpia concepción de la madre de Dios, y que no había tenido otra, y en lo que toca a las constituciones della, se remitía a ellas, las cuales mostró a muchas personas, y como fuese religioso o letrado no encubría los dichos papeles, y que algunas personas le han dicho que eran ilusiones del demonio, a lo cual él no respondía, por no descubrir lo que tenía en su espíritu, que era lo que había dado en siete pliegos de papel que presentó ante nos, en que dice las causas que le movieron a escribir las dichas constituciones y querer fundar la dicha religión y que todo aquello tenía por revelación de Dios, y que esto lo encubría, porque no pensaba decillo a nadie sino al Sumo Pontífice, hasta que le fue forzoso decillo ante nos, y que lo había dicho de la dicha viuda fue que no había leído vida de sancto que haya emprendido tantas cosas juntas como aquella mujer quería emprender, y negó haber dicho que la simple fornicación no era pecado, e dijo que las dichas cosas de su religión y ordenanzas, en su espíritu las tenía por revelaciones de Dios y no por ilusiones, y que así la cuaresma próxima, estando en oración suplicando a nuestro Señor fuese servido de lo que el dicho reo intenta lo hiciese otro, porque él es nescio y tonto y le tenían por loco y que prometía de servir de esclavo al que su majestad fuese servido que lo hiciese, y quel dicho reo se había respondido a sí propio, diciendo, «ven acá, Joan, has visto un tejedor que tiene su telar y sabe hacer toda suerte de telas y tiene a un rincón muchas lanzaderas y toma la que le parece, y si quiere hacer una tela destopa echa su canilla y hace su tela con la lanzadera, y si quiere de lino, o de seda o brocado, echa la canilla de lo mismo, y saca brocado o terciopelo, o seda o raso, según quiere. Parécete a ti que será bien dar la gloria desta obra a la lanzadera, o que la lanzadera la tome para sí sería usurpar la obra al maestro, sino que todos los que la vieren dan la gloria al maestro, así que esta obra da la gloria a Dios, y tú llámate ingrato y siervo sin provecho»; y que fue tan grande el contento y gozo que de allí saco en su espíritu que no lo sabe decir, lo cual tiene por revelación de Dios, y que esto le aconteció en la iglesia del hospital, donde estaba, delante del Sancto Sacramento. Y contó otra cosa que le aconteció un jueves sancto, estando en oración, de un dolor que pedía a nuestra Señora de los que ella había sentido y que le [154] tuvo muy grande, que cayó en el suelo, y que entonces pensó que podía ser dado por nuestra Señora, sin él merecerlo o que pudo proceder de haber estado tanto de rodillas, y en otras cosas se remetía a sus confesiones, y negó otras y le fue mandado dar treslado, y no le quiso, y habiendo comunicado con su letrado, y leídosele sus confesiones, acusación y publicación y respuestas y los siete pliegos de papel; y el dicho su letrado le dijo que respondiendo a la acusación tenía dicho que lo que acerca de las dichas constituciones y religión había dicho y hecho lo tenía por locuras, como el dicho letrado dijo que las tenía, y que después, en los dichos siete pliegos, dice lo contrario y que eran revelaciones de Dios, y lo mismo en la respuesta a la publicación, por donde tenía entendido que no declaraba verdad, y le encargó la declarase, y el reo respondió que lo que tenía dicho lo era, y en lo que respondió a la acusación lo dijo porque le acusaban de hereje, y quél no lo es, y que porque no se tenía por hereje tiene y ha tenido por revelaciones de Dios lo que tiene dicho y scripto en los dichos siete pliegos de papel que presentó y las dichas constituciones o capítulos de la fundación de la casa de la madre de Dios y de la orden de la limpia concepción, y el dicho su letrado dijo que las dichas cosas son (como lo dan bien a entender) ilusiones del demonio, y que aunquel dicho reo haya sido de buena vida y costumbres, a los tales procura el demonio engañar, y que pues el dicho reo se afirmaba en que eran revelaciones de Dios, nosotros proveyésemos lo que fuese justicia, porque a él le parescía que no tenía defensa, y el dicho Joan ingrato dijo que para su descargo tenía necesidad de decir las obras e vida que hacía, y saliéndose del audiencia el letrado, el dicho reo comenzó diciendo muchas cosas de su mucha devoción y amor a Dios y caridad con los hombres, y contó muchas cosas que le habían acontescido con mujeres que le quisieron hacer fuerza y él había resistido. E habiendo el dicho Joan ingrato tornado a enfermar, no se procedió en su negocio hasta el mes de diciembre del dicho año, y siendo traído ante nos, le fue leído lo quel dicho su letrado le dijo en la dicha última audiencia, de que su negocio no tenía defensa, etc., y le fue dicho que si tenía alguna cosa que decir o alegar lo hiciese, e dijo que no, más de remitirse a lo que determinásemos, y que no pasaría de lo que se le mandase.

     »Después de lo cual mandamos quel maestro fray Miguel Adrián, de la orden de Sancto Domingo, teólogo, se llamase y viese los dichos siete pliegos de papel, y lo demás del proceso que fuese menester para enterarse del negocio, y estándolo, aconsejase al dicho reo lo que debiese hacer, y se le leyó todo lo susodicho en presencia del dicho Joan Ingrato, y habiendo estudiado acerca dello, trajo escripto su parecer en poco más de una hoja de papel, en que dice que las revelaciones que el reo afirma ser de Dios acerca de una nueva religión que pretende introducir en la iglesia, son vanas, falsas, indecentes a la majestad de Dios nuestro Señor, y que aunque directamente no niegue en las dichas revelaciones ninguna propusición perteneciente expresamente a nuestra sancta fe, pero son muy peligrosas para destrucción della; lo uno por estar este reo en peligro de dar en pertinacia, porque los que con semejante camino dan crédito a revelaciones, están muy dispuestos para dar en pertinacia, como consta por experiencia; y que con dificultad son corregidos; lo otro, porque en este tiempo muchos heresiarcas han pretendido introducir sus errores por vía de revelaciones, e si se diese lugar a que cada uno redujese lo que pretende decir, a revelaciones, sería en manifiesta destruición de la fe, y que ansí en estos tiempos principalmente es del Sancto Oficio examinar las tales revelaciones para conservación de la fe, y que en cuanto el reo por vía de las dichas revelaciones trata de reformar la iglesia y los estados de los hombres, y darlos doctrina y modo de vivir para cómo se salven, es cosa muy peligrosa in materia morum, y cuando las revelaciones tocan en dar doctrina y en la reformación de costumbres por vía de las tales revelaciones, es común sentencia de los doctores que no se ha de contar ni reputar entre las revelaciones impertinentes, sino entre las que con mucho cuidado deben ser examinadas y entre las que de su género son peligrosas in materia morum et fide, y que en cuanto por vía de las dichas revelaciones hace leyes, y estatuye cosas para la reformación y salvación de los hombres, tiene ansimismo la dicha cualidad, y que en cuanto pretende instituir en la iglesia esta nueva religión de que habla por vía de la dicha revelación, siendo, como es, la dicha revelación falsa, es en grave daño de la iglesia, porque esta materia de religiones y aprobación dellas es gravísima, y así no se debe dar lugar a que por falsas revelaciones se introduzcan en la iglesia, y es del Sancto Oficio examinar a los tales, como gente peligrosa in materia fidei et morum, y que se debe mirar mucho en el crédito y grado que tienen las dichas revelaciones, que es lo más substancial deste negocio, porque éstos suelen fácilmente dar en pertinacia; y estando el dicho teólogo en nuestra audiencia, fue el reo traído a ella, y habiendo comunicado con él, el dicho Joan Ingrato dijo que tomaba el parecer del dicho teólogo, y que no quería ir ni venir contra él, y que se apartaba con toda su voluntad de todo lo que tenía confesado y dicho, entendiendo que eran obras de Dios, las cuales por tales las manifestaba a letrados, y que agora siente que no lo son, por el parecer del dicho teólogo, el cual amaba con toda su voluntad y se apartaba de todo lo demás y juró ser verdad lo que en esto decía, y ansí lo entendía. Después de lo cual le fue tornado a llamar el dicho su abogado, y habiendo visto el dicho parecer del teólogo y la dicha retratación, y tornádose a afirmar en ella el dicho reo, y habiendo comunicado con el dicho su letrado, con su acuerdo y parecer, fue el pleito concluso definitivamente.

     »Después de lo cual sobrevino un testigo contra el dicho Joan Ingrato que depuso por otubre de mil e quinientos y setenta y nueve, y habiéndose ratificado, se le dio en publicación, el cual dice que habiendo entrado por religioso de la compañía el dicho Joan Ingrato, por cosas que hacía en que mostraba ser loco, o no quererse corregir, fue echado della, y que después le oyó decir el testigo al reo una o dos veces que estando en unos pueblos de indias había tenido revelación que la silla romana se había de pasar a las Indias, y le parece de cierto a este testigo, que dijo que la cabeza había de estar en esta ciudad de los Reyes, y le parece al testigo que dijo el reo que la iglesia se había de reducir a dos o tres religiones, demás de la clerecía, y que de aquesto se rió el testigo como de disparate de un hombre que le tenía por loco, y que después viendo que estaba preso por el Santo Oficio, lo manifestó como cosa contra la fe; y respondiendo el reo al dicho testigo, lo negó y no quiso traslado, y habiendo comunicado con el dicho su letrado acerca dello, se tornó a concluir definitivamente, con acuerdo del dicho letrado, y visto con ordinario y consultores, fue votado en conformidad a que el dicho reo Joan Ingrato de María, salga al auto público de la fe, en forma de penitente, y que allí se le lea su sentencia y abjure de levi, y que sirviese en el hospital de los españoles desta ciudad por cuatro años, y que de aquí adelante se llame Joan de Medrano, que parece ser su nombre, y que perpetuamente no traiga el hábito azul que al presente trae, quél llama de la Concepción, y siéndole notificada la sentencia, dijo que apelaba della, y habiendo después comunicado con el dicho su letrado acerca dello, con su acuerdo y parecer, dijo que consentía la dicha sentencia y se apartaba de la apelación que verbalmente había interpuesto: y el dicho Joan de Medrano salió al auto público y se ejecutó la dicha sentencia. Este reo estuvo más de las tres partes del tiempo que se trató su negocio muy enfermo, y en el hospital donde agora sirve.

     »Penitenciados por casados dos veces:

     »Joan de Medina, scribano real, natural de Valladolid, este reo estaba votado cuando se dio relación a Vuestra Señoría a que por casado dos veces saliese al auto público, en forma de penitente, con soga y coroza, y que allí se le leyese su sentencia y abjurase de levi, y que otro día se le diesen cien azotes, y que sirviese en las galeras al remo y sin sueldo cinco años. Salió el dicho Juan de Medina al auto público y ejecutose su sentencia.

     »Jhoan de Urizar Carrillo, natural de Budia en el Alcarria, casado dos veces, cuando se envió relación de su negocio a Vuestra Señoría estaba condenado en lo mismo que el precedente Joan de Medina, y así salió al auto público y se ejecutó en él la sentencia; y estando este reo después del auto en la cárcel pública desta ciudad con los demás que fueron condenados a galeras, el dicho Joan de Urizar se huyó de la cárcel y se fue de la ciudad, y yendo el alcaide de dicha cárcel en su seguimiento, con un mandamiento nuestro, halló que en Limaguana, que es veinte y cinco leguas de aquí, se había hallado un hombre ahogado en la orilla del río, y por el testimonio que llevaba de la sentencia que contra él habíamos dado, que se le halló entre el sayo, pareció ser el dicho Joan de Urizar.

     »Jhoan Serrano, natural de Xerez de la Frontera, casado dos veces, en la relación que tiene Vuestra Señoría de su negocio, la dimos de cómo estaba votado en conformidad en lo mismo que los dos precedentes y que los azotes fuesen doscientos. Salió al auto y ejecutose la sentencia.

     »Alonso Velazques, mestizo, herrador, de edad de veinte y tres años, natural de la ciudad de Arequipa, casado dos veces, deste negocio tenemos dado relación a Vuestra Señoría que estaba convencido y confitente y su negocio recebido a prueba. Después de lo cual se ratificaron los testigos y se le dieron en publicación, y no quiso treslado della, y habiendo comunicado sobre todo con su curador y letrado, fue el pleito concluso difinitivamente. E visto con ordinario y consultores, fue votado en conformidad a que saliese al auto público de la fe, con forma de penitente, con soga y coroza, y que allí se le lea su sentencia y adjure de levi, y en cien azotes y cuatro años de destierro desta ciudad y del puerto de Arica; y siéndole notificada la sentencia apelaron della el reo y el fiscal, el fiscal por que no fue condenado a galeras; y siendo el pleito concluso difinitivamente en esta segunda instancia, fue visto con ordinario y consultores y en conformidad, se confirmó la sentencia primera, con que el destierro se comute en cinco años de galeras al remo y sin sueldo, y el dicho Alonso Velazques salió al auto público y se ejecutó su sentencia.

     »Jhoan Ruiz de Córdoba, platero, natural de la villa de Pedroche, Obispado de Córdoba, por blasfemo estaba su proceso votado cuando dimos dél relación a Vuestra Señoría, en que saliese al auto público, en forma de penitente, con mordaza y que allí se le leyese su sentencia y abjurase de levi, y que sirva en las galeras de gentilhombre, sin sueldo por seis años, e si lo quebrantare, que sean doblados, al remo; y estando votado se le dio la ciudad por cárcel. Después de lo cual, se le notificó la sentencia y apeló, sin alegar causas nuevas, y tornado a ver con ordinario y consultores, en conformidad, se confirmó. El reo salió al dicho auto y se ejecutó la sentencia.

     »Alonso Ruiz, mestizo, hijo de español y de india, labrador, natural de la puebla de los Ángeles, en nueva España, por blasfemo. Dimos relación a Vuestra Señoría que su negocio estaba concluso, y votado en que saliese al auto público en forma de penitente y con mordaza y soga, y que se le leyese allí su sentencia y abjurase de levi, y que otro día se le diesen cien azotes; y siéndole notificada la sentencia apeló, y habiéndose tornado a ver con ordinario y consultores, en conformidad, se confirmó con que los azotes se le conmutaran en que fuese traído a la vergüenza. Salió al auto y ejecutose; tuvo la ciudad por cárcel en el tiempo que se hizo su proceso, y fue puesto en las cárceles secretas en acabando de hacer sus descargos, y estuvo en ellas hasta ser ejecutada la sentencia que contra él se dio.

     »Antonio de Olivera, barbero, residente en el Cuzco, natural del puerto de Santa María, por blasfemo y haber dicho otras cosas heréticas y temerarias. En la relación que Vuestra Señoría tiene deste negocio dijimos que estaba votado en conformidad a que saliese al auto público en forma de penitente y con mordaza, y que tuviese esta ciudad por cárcel, por cuatro meses, en los cuales acudiese a un monasterio que se le señalase para ser instruido en la doctrina cristiana, y pasados los cuatro meses, fuese desterrado desta ciudad por dos años. Notificósele la sentencia, y consintida, y ejecutose sacándolo al auto: tomose consideración en esta sentencia a que el reo es hombre de muy poco saber y rudo, como constará a Vuestra Señoría por la dicha relación.

     »Antonio Osorio Fonseca, teólogo, predicador, sacerdote, fraile que ha sido de Sancto Domingo y de la Merced, y ahora anda en hábito de clérigo, natural de Setuval, en Portugal. También dimos relación a Vuestra Señoría de este negocio, y que estaba votado a que saliese al auto público de la fe en forma de penitente y que allí le sea leída su sentencia, y que la proposición de haber dicho y porfiado que habían de ser más los que al cabo del mundo se hubiesen salvado que los que se condenasen, y la retrate en sus dos sentidos, como por nos se le ordenase, y que allí abjurase de levi, y suspenso de predicar y leer por cinco años, y detenido en esta ciudad por cuatro meses, en los cuales no diga misa ni administre sacramentos, y que pasados los dichos cuatro meses pueda tener doctrina y doctrinar indios y administrar los sacramentos con licencia del Ordinario, y que de aquí adelante no se nombre ni firme maestro (porque no lo es): esta sentencia se le notificó y apeló della. Tornose a ver con el Ordinario y consultores, y en conformidad se confirmó y se ejecutó sacándole al aucto.

     »Fray Álvaro Rodríguez, que traía el hábito de la Merced, y es fraile de Sancto Domingo, sacerdote natural de un aldea que se llama el Soberal, obispado de Viseo en Portugal. También tiene Vuestra Señoría relación deste negocio y de que estaba votado y en que salga al aucto público en forma de penitente, y que allí le sea leída su sentencia, y vaya desterrado perpetuamente de las Indias, y que esté recluso tres años en España, en un monasterio de su orden que le será señalado, y por los dichos tres años suspenso de decir misa, y en ellos y en los siete años siguientes, de administrar sacramentos, y en todos los diez años privado de voz activa y pasiva, y que no lea ni predique, y que el primer año de los dichos diez ayune todos los viernes a pan y agua, y en ellos le sea dada disciplina en su capítulo, y que de aquí adelante se nombre y llame fray Pedro de la Cruz, como dice que se llamó al principio que fue fraile, y no de otro nombre: todo lo cual haga y cumpla, so pena de diez años de galeras al remo y sin sueldo; y siéndole notificada la sentencia, apeló della, y tornado a ver con Ordinario y consultores, en conformidad se confirmó y se ejecutó en el dicho aucto público donde salió el reo.

     »Pedro de Bocanegra, de edad de diez y nueve años, natural de la ciudad de los Reyes, porque con una daga escribió en una cruz blanca unas palabras muy sucias y deshonestas. Dimos relación a Vuestra Señoría deste negocio, y cómo estaba votado a que saliese al aucto público en forma de penitente, y que allí se le leyese su sentencia, y abjurase de levi, y que se le diesen cien azotes en esta ciudad y otros ciento en el puerto della, donde cometió el delito, y desterrado desta ciudad y cinco leguas a la redonda por un año; y habiéndosele notificado la sentencia, e vista por su curador y letrado: con su acuerdo y parecer apeló della e hizo cierta probanza para su descargo, y habiéndose concluido en esta segunda instancia difinitivamente, se tornó a ver con ordinario y consultores, en conformidad se confirmó la sentencia, con que no se le diesen los azotes en esta ciudad: este reo andaba retraído porque mató un hombre.

     »Hernando Abarca, labrador, natural de Riba de Sella, en Asturias, porque yendo con vara de justicia enviado por un alcalde ordinario a prender a un hombre para echalle prisiones, en la iglesia dijo que le prendía por cosas del Sancto Oficio, y apellidó gentes diciendo que llevaba recaudos del Sancto Oficio. Deste negocio, asimismo, dimos particular relación a Vuestra Señoría y de cómo estaba votado a que saliese al aucto público en forma de penitente y desterrado desta ciudad y de la del Cuzco y sus distritos por dos años, y que no lo quebrante so pena de los cumplir doblados en las galeras, al remo y sin sueldo, la cual sentencia se ejecutó en el aucto público de la fe.»

     Tuvo lugar este auto con la asistencia del virrey don Martín Enríquez, de la Audiencia, los Cabildos y todo el pueblo. El Arzobispo, que recibió oportuno aviso, ocho días antes, se ausentó a un lugar inmediato a la ciudad, y aunque el virrey le escribió significándole que semejante proceder parecía mal visto, no regresó. El Obispo de La Plata, que hacía meses se hallaba en el Callao, y que también tuvo noticia de la fiesta, no pareció tampoco. Por lo demás, el orden que hubo en la procesión y acompañamiento fue el mismo que en el auto anterior.

 

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