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Historia del Tribunal de la Inquisición de Lima: 1569-1820

José Toribio Medina

Capítulo VII

Capítulo VII

Causa de Gracia González. -Ídem de Elvira Rodríguez. -Fray Juan de Aillón. -Fray Pedro Clavijo. -Fray Pedro de Aguiar. -Luis Enríquez de Guzmán. -Antonio Hernández. -Rodrigo de Herrera. -Cosme Ramírez. -Luis Darmas y varios otros. -Suceso de Riobamba.


     Mientras llegaba el día de celebrar el auto de fe en que se había de quemar a Fray Francisco de la Cruz, tuvo el Tribunal muchos otros procesos, aunque de menor importancia, de que ocuparse.

     Gracia González, viuda, porque dijo que el estado de los casados era mejor que el de los religiosos, oyó una misa, en cuerpo, con vela, en forma de penitente y abjuró de levi.

     Elvira Rodríguez, viuda, vecina de Huánuco, «por haberse hallado una noche presente al lavar el cuerpo de su marido y rapalle la barba y los sobacos y vestídole camisa limpia y amortajádole en sábana nueva», por mandado de un Antonio de Estacio, su compadre, fue puesta en cárceles e hízose proceso contra ella en forma; pero por ser mestiza y de corto entendimiento fue votada a que oyese una misa rezada, en cuerpo y con vela. El compadre, que era francés, escapó con confiscación de bienes.

     «Fray Juan de Aillón, de la Orden de nuestra señora de la Merced, natural de Palencia, en Castilla, sobre que en el acto de la confesión y fuera de confesión, solicitó a cierta mujer a que tuviese cópula carnal con él, y reprehendiéndole ella de lo que decía, y que quería tomar otro confesor, el reo la dijo que sería descubierto si tomaba otro confesor y la amenazó si lo tomaba. Asimismo, confesando a otra cierta mujer doncella en su monasterio en una capilla, estando la dicha mujer asentada de rodillas a sus pies, la trató de amores y la abrazó y besó, diciéndole muchas palabras lascivas torpes, y deshonestas; manus inter crura et ad prudenda ducens accessum ad dictam virginem habuit juxta altar stans, quamvis eam manu non stuprasset; y después muchas veces, viniéndose a confesar con él, tuvo con ella otras muchas torpezas, y luego la decía que confesase aquel pecado con él y que no lo confesase con otro, y la decía y persuadía que no le acusase, que le echaría a perder; y pasó con esta doncella en el acto de la confesión en diversas veces muchas cosas muy torpes y deshonestísimas.

     »Ítem, con una mulata, un jueves santo en la noche, pasando la procesión de los disciplinantes por la iglesia de su monasterio, dentro de un confesonario, tuvo aceso carnal con ella, de lo cual fue acusado y se hizo proceso en forma por la orden que Vuestra Señoría tiene dada, y estuvo confitente; concluso y visto por nosotros y por el ordinario, y consultores clérigos, fue votado a que fuese privado perpetuamente de confesar hombres y mujeres y de predicar y de voto activo y pasivo, asimismo perpetuamente, y recluso por cuatro años en el monasterio que le fuese señalado, y que en el medio año primero de su reclusión no celebre ni diga misa, y que en presencia de cuatro religiosos de su orden se le leyese su sentencia y abjurase de levi, y así está ejecutada.

     »Fray Pedro Clavijo, sacerdote, predicador de la Orden de San Agustín, sobre que predicando en su monasterio una octava de Corpus Christi, declarando aquel paso del Apóstol San Pablo ad epheseos que dice Christus dilexit eclesiam; dijo, Cristo amó su Iglesia y la fundó limpia, sin ruga y sin mácula, en muchos de pecado mortal y en muchos de pecado original. Y acabado el sermón, enviándole a decir su prelado que se declarase más, se volvió al pueblo y dijo «mucho debéis de temer en esta tierra o acá la Inquisición, lo que os dije que Cristo había fundado su Iglesia sin mácula en muchos de pecado mortal y en muchos de pecado venial, es verdad y basta que nuestra Señora y San Juan Bautista lo hayan sido para que sean muchos»; y declarando este reo en el dicho sermón aquella autoridad de San Pablo, que dice, optabam enim ego ipsi, anathema esse, etc., dijo que no bastarían las cosas de la tierra, ni las del cielo, ni la humanidad de Cristo, ni su divinidad, ni podrían apartar a San Pablo del amor y caridad de Dios, o de los próximos.

     »Ítem, que tratando este reo con cierta persona de la limpieza de nuestra Señora la Virgen María, dijo este reo afirmativamente que el no haber pecado nuestra Señora venialmente, estaba en opinión, reprendiéndole dello y diciéndole que era contra lo que tenía la Iglesia romana y contra lo que enseña el Concilio de Trento, volvió el reo a decir «eso es opinión de poco crédito», y tornándole a reprehender la dicha persona, respondió el reo con el concilio en las manos, no lo manda tener como de fe, por que lo manda sub aliis verbis.

     »Ítem, hablando delante de muchas personas religiosas de la canonización de los Santos dijo e porfió con una de ellas que no pertenece a la fe, y que licet dubitare de sanctitate sanctorum, etc., y diciéndole si se afirmaba en ello dijo que sí y se metería en un fuego por ello; y diciéndole algunos días después otra persona que mirase lo que había dicho acerca del Papa y de la canonización de los santos, respondió que lo que él había dicho era verdad averiguada y que sobrello estaba tan pertinaz como Herrezuelo. Diéronse a cualificar a teólogos las dichas proposiciones, y vista la dicha información y calificación por nosotros y por el Ordinario y consultores, en conformidad se mandó prender y fue puesto en las cárceles deste Santo Oficio y fue acusado de todo lo sobredicho, y en lo que toca al sermón que predicó, dijo que no se acordaba haber dicho de la divinidad y humanidad de Cristo, que lo que había querido decir era lo que el mismo San Pablo dice... y que si dijo otra cosa, no lo había entendido, que lo diría llevado de la furia de la cólera con que iba predicando, y niega haber dicho lo de la canonización de los santos, como lo dice el testigo, sino que se había tratado sobrello por vía de argumento, y confiesa todo lo demás con mucha humildad y muestras de mucho arrepentimiento, pidiendo a nuestro Señor perdón y a este Santo Oficio penitencia con misericordia; y el dicho pleito fue concluso difinitivamente, y visto por nos y el ordinario y consultores, fue votado en conformidad a que un domingo o fiesta de guardar, oiga la misa mayor que se dijese en su monasterio, en pie y con su vela de cera en las manos, y sin capa, en forma de penitente, y que allí se le lea públicamente su sentencia, abjure de levi, y que esté recluso en un monasterio de su Orden por tiempo y espacio de seis meses, y que sea suspenso de predicar por tiempo de cuatro años, los cuales pasados, no pueda predicar sin ser aprobado y con licencia de su prelado.

     »Fray Pedro Aguiar, profeso de la Orden de Santo Domingo, lector de teología, sobre que entrándose cierta mujer a confesar con él, estando en el confesionario y habiendo dicho la confesión general y sus pecados, la comenzó de solicitar, diciéndola «vos no sois fulana, huélgome de haberos conocido, yo deseaba saber vuestra vida, y pues ya la sé y conozco quien sois, quiero que de aquí adelante, me hagáis toda merced»; y diciéndole ella que la absolviese, la dijo que no quería, que hiciese cuenta que no estaba confesada, y tornándoselo ella a rogar, dijo que no tenía remedio, porque no quería ser su confesor y que hoy día le estaba aficionado y que quería irla a ver a su casa y que volviese otro día, y la dicha mujer se salió muy escandalizada; y volviendo otro día la dicha mujer para que la absolviese, no la quiso absolver, diciéndola que no quería, porque tenía intento de ir a su casa a pasar con ella; y después el dicho fray Pedro de Aguiar fue a casa de la dicha mujer y la dijo que se fuese a su casa y monasterio que la quería hablar por un confesonario un negocio que la importaba. Hízose proceso contra este reo por la orden que Vuestra Señoría tiene dada cerca destos negocios, y respondiendo a la acusación dijo, que lo negaba como estaba escripto, y declaró quién era la mujer y dijo que solamente era verdad que la dijo que de oídas la era aficionado, entendiendo la afición que podía haber entre hermanos y hermanas e hijas de confesión, que aquello cuando mucho sería verdad; y que era verdad que así algunas cosas había dicho a un religioso que le habían pasado con la dicha mujer y que él había ido a su casa de la dicha mujer y le había dicho que si se le hiciese camino se fuese al monesterio, que la diría algunas cosas que había sabido cerca de cierto negocio que ella le había encomendado, y niega todo lo demás, dando ciertas respuestas; y el pleito fue concluso definitivamente, y visto por nos y por el ordinario y consultores clérigos, fue votado en conformidad que sea desterrado del convento desta ciudad, por tiempo y espacio de tres años en los cuales no tenga voto activo ni pasivo, y que esté recluso en un monesterio de su Orden cuatro meses, en los cuales no pueda confesar ni predicar, y que perpetuamente no pueda confesar mujeres y que le fallamos de su sentencia se lea estando él presente y el provisor y los frailes del convento juntos en su capítulo.

     »Don Luis Enríquez de Guzmán, natural de Sevilla, soldado, sobre que estando en la ciudad del Cuzco, hablando con ciertas personas, vino a decir este reo que bastaba uno confesarse con el corazón para que Dios le perdonase, y diciéndole una persona que aquello era muy mal dicho de herejes luteranos, porque se habían de confesar a los pies del sacerdote para que Dios les perdonase, y por que sustentaba esto la dicha persona casi riñeron los dos, y que había dicho alabándose dello que cuando él quería mal a uno por causa de enemistad se salía a la plaza y le levantaba un testimonio delante de algunas personas para que lo derramasen y quedase infamada la dicha persona.

     »Ítem, que tenía por costumbre de blasfemar de nuestro Señor, diciendo «no creo, y por vida de Dios».

     »Ítem, que dijo a cierta persona que la quería más que a la madre de Dios; que dijo a otra cierta persona hablando en cosas de mujeres, que como no fuese con su madre o con su hermana, que con todas las demás que pudiese haber no les guardaría parentesco. Ítem, en menosprecio del Santo Oficio, por que cierto huésped suyo no le quería dar a beber del vino de una bota, le había tomado la bota y poniéndosela a la ventana públicamente abrazado con la bota, dijo a voces, «aquí de la Inquisición», y preciándose dello lo contó después a la mesa del obispo del Cuzco. Ítem, que dijo que el dicho obispo podía bien prender a Pedro de Quiroga, comisario de este Santo Oficio, porque era inquisidor, y lo podía hacer.

     »Ítem, estuvo acechando a cierta mujer que entró en casa del comisario a deponer cierto dicho, y cuando salió, a voces, de una ventana, la dijo «¿qué negocio trae, señora fulana, que ha cuatro horas que está encerrada?» y después anduvo diciendo y publicando a ciertas personas cómo la dicha mujer había estado en casa del dicho comisario cuatro horas y que la habían llamado a este Santo Oficio.

     »Ítem, espió a otra mujer que había ido a negocios del Santo Oficio a casa del dicho comisario, y saliendo de allá, llevándola su marido de la mano, la llegó a conocer y descubrir y la preguntó «¿es vuestra merced una mujer que estuvo en los corredores del comisario?» y diciéndole que sí, la dejó. Vista esta información, mandamos prender a este reo, que a la sazón estaba en esta ciudad, y secrestalle sus bienes, y fue preso y metido en las cárceles deste Santo Oficio, el cual negó haber dicho que bastaba confesarse con el corazón a Dios, que era testimonio que se lo levantaban unos enemigos suyos, y nombrolos. Negó, asimismo, haber dicho ni levantado a nadie falso testimonio; confesó que con enojo podría haber dicho aquellas blasfemias; confiesa que dijo a un hombre que le quería más que a Nuestra Señora, pero no dijo la madre de Dios, ni la reina de Castilla, y que lo dijo con encarecimiento necio, y que en lo de la bota del vino, que era verdad que lo había contado por vía de gracia a la mesa del obispo, y dicho que lo había de hacer, pero que nunca lo hizo, y que era verdad que él dijo que el obispo podía prender al comisario, y diciéndole que quién le metía en aquello, dijo «qué sé yo, señor, para venir aquí»; que dio en ser amigo del obispo y dice aquellos disparates; confiesa haber pasado con aquellas dos mujeres que fueron en casa del comisario, lo que dice la probanza, y que no lo hizo por mal fin, sino que si había llegado a conocer a la una era para quitar cierta sospecha mala que tenía un hombre casado de su mujer y para que viese que no era ella, y da a esto ciertas salidas; tachó los testigos y probó las tachas de enemistad que les puso, y que el uno de ellos era gran mentiroso. Concluyose en definitiva, y habiéndole visto con el ordinario y consultores, fue votado en conformidad a que un día de entre semana oya una misa rezada en la iglesia o monasterio que le fuere señalado, en cuerpo y sin gorra, en pie, con una vela de cera en las manos, en forma de penitente, y que sea desterrado desta ciudad de los Reyes y de todo su arzobispado y de todo el obispado del Cuzco, por tiempo y espacio de cuatro años, y que abjure de levi en la sala de la Audiencia.

     »El bachiller Antonio Hernández de Villarroel, natural del Pedrozo, en Castilla, clérigo presbítero de misa, sobre razón que parece que por el mes de mayo de mil quinientos sesenta y nueve anos, este reo fue denunciado y acusado ante el Cabildo de la iglesia del Cuzco sede vacante, por vía de inquisición ordinaria, que había dicho y afirmado que la cruz e imagen de Cristo no se había de adorar sino reverenciar, por lo cual el dicho reo fue sentenciado por el dicho Cabildo a que por su personal o otro por él, estando presente todo el pueblo junto, se alzase y quitase el escándalo que la dicha ciudad y vecinos y naturales, estantes, y habitantes en ella, habían recibido en las palabras que había dicho, declarándose cerca de lo susodicho clara y abiertamente la adoración que se ha de hacer a la cruz e imagen de Cristo y lo que la Santa madre Iglesia en esto tiene y la veneración que le ha de hacer a las otras imágenes de los santos y santas, respecto de lo que cada una imagen representa, declarando el error que de su parte hubo, y hecho esto, le mandaron absolver de cualquier excomunión, abjure, si forte (sic) incurrió, y que fuese exhortado y encargado que de ahí en adelante no trate ni dispute semejantes cuestiones teológicas, si no fuera con personas de letras y sciencia, y más le condenaron en las costas, la cual dicha declaración hizo por el reo fray Gerónimo de Villa-carrillo, en la Iglesia mayor del Cuzco.

     »Después de lo cual, por el año de mil quinientos setenta y uno, ante el comisario deste Santo Oficio en el Cuzco, hubo información de que este reo había vuelto a tratar de la dicha propusición, dando a entender ser buena, mostrando a ciertas personas cierto libro que traía consigo, diciendo que aquel libro tenía y sustentaba la misma opinión que él había dicho y tenido, como agraviándose de lo que los del Cabildo habían hecho con él, y diciéndole el testigo «dad al diablo ese libro y su opinión porque es falsa y contra lo que tiene la Iglesia», todavía el reo había dado muestra de que le había agraviado el Cabildo, pues aquel libro lo decía así, y como agraviado decía al testigo «yo conozco que estos señores del Cabildo me quieren mal, por lo que hicieron conmigo, que si otro lo hubiera hecho, pasarían por ello y a mí me quisieron agraviar y molestar»; y que asimesmo el reo volvió otra vez a hablar con cierta persona, y la dijo, «el otro día me dijo vuestra merced aquello de la cruz de marras y parece que siente mal de lo que dije y de la llevada del libro a su casa, pues no sienta mal dello, que allí está quien nos entenderá», señalando la casa del comisario, y la dicha persona le dijo que si él le había dicho aquello fue por parecerle mal, porque habiendo pasado lo que pasó, no había para qué reiterar aquello de la Cruz, sino adoralla como le manda la Iglesia, ni traer libros que no sean de adorar, y el reo respondió «no tuvo vuestra merced razón de decillo, ni afearlo, por que yo erré». Después de lo cual parece que por el mes de enero, mil quinientos setenta y cinco años, el dicho bachiller Antonio Hernández, de su propia voluntad, pareció ante el comisario deste Santo Oficio, sin que hubiese contra él ninguna testificación ni después acá la ha habido, dijo e confesó, hincado de rodillas y con muestras de mucha contrición y humildad, según da fe el notario, que había tenido cópula carnal con cuatro mujeres, hijas suyas de confesión, indias, en esta forma: que estando confesando a la una, dentro del sacramento, trató palabras de regalo, diciéndola que cuando algo fuese menester fuese a su casa, y a lo que se quiere acordar le parece que le puso la mano en la barba y en la cabeza, y luego pasado poco espacio, se levantó de la silla do estaba confesando y la llamó a su casa del reo y tuvo aceso carnal con ella; y que a la otra, estándola confesando en su casa, por estar enferma le parece que le metió la mano en sus partes vergonzosas y le tocó en las piernas y le parece que la recuestó y la dijo palabras de amores, y esto dentro del sacramento, antes de la absolución, y dende algunos días había tenido cuenta carnal con ella y con las otras dos nunca en la confesión, ni fuera della, en aquella razón les trató cosa deshonesta. Vista esta información y confesiones, le mandamos parecer personalmente en este Santo Oficio y le metimos en las cárceles secretas, el cual pidió audiencia y en ella tachó por enemigos al canónigo Villalón y al cura Vaez, los cuales son testigos en lo que dicen que había querido tornar a tener y afirmar lo de la adoración de la Cruz, y dijo que en lo que decían que él había traído cierto libro, lo que pasaba era, que después de haberse hecho el dicho proceso por el Cabildo contra él, el Licenciado Alegría, que era difunto, tratando con él de la opinión que él había tenido de la adoración de la Cruz, le dijo «pues no se espante vuestra merced mucho, ni se espante nadie, que yo tengo en mi casa un libro que tiene al pie de la letra, sin discrepar, la opinión que vuestra merced tuvo», y que él se había espantado y dicho «válame Dios, cómo puede ser eso»: y enviaron por el libro, y que él le había visto, y leyeron ambos la dicha opinión, y admirado dello, había tomado el dicho libro y se había ido a Santo Domingo a buscar a cierto predicador y no le halló, y le parece que mostró allí aquella opinión a cierto fraile que nombró, y que con esto se había venido hacia en casa del canónigo Villalón donde le halló con el bachiller Vaez y les dijo «¿han visto vuestras mercedes este libro que tiene la misma opinión que yo tuve aquí los días pasados?» lo cual le dijo espantándose y admirándose dello, y le parece que el libro se intitulaba tal Crespin, doctor parisiensi, o boloniense; y que también le pareció que lo debió de mostrar a otros dos religiosos, y que siempre que trataba dello se escudaba con decir que él tenía lo que tenía la Santa madre Iglesia y que aquel libro no lo traía para tornar a tener la opinión pasada, sino admirándose de que aquél, siendo letrado, había tenido aquella opinión. Fue acusado de todo lo susodicho por el Fiscal deste Santo Oficio, y respondiendo a la acusación se refirió a sus confesiones y negó lo demás contenido en su acusación; después de lo cual pareció ante nos, de su pedimiento, y presentó un pliego de papel, escripto de su mano, en que en efecto dijo que porque se temía que otro día algún enemigo suyo no levantase algún falso testimonio, nos pidió mandásemos examinar a catorce indias que allí nombró algunas y dio señas de otras, con las unas había tratado amores de palabras, sin haber habido cópula carnal, y con otra tenido cópula carnal, siendo hijas de confesión, pero que no se acordaba que en el sacramento de la confesión, antes ni después dél, les hubiese dicho palabra deshonesta, ni usado con ellas de ninguna deshonestidad, e que si alguna, o algunas destas dijesen que en el sacramento de la penitencia las hubiese solicitado, o tratado palabras de amores, que en tal caso se acusaría y denunciaba dello y nos pedía perdón y penitencia saludable dello, pero testando que si alguna otra más pareciese, demás de las sobre dichas no le parase perjuicio, aunque él estaba seguro que no parecería; y estando el pleito en este estado se le dio la ciudad por cárcel y se le mandó que no confiese ni diga misa, y estando así se fulminó el proceso, y el reo tachó algunos testigos e hizo probanza en su abono, y el pleito fue concluso definitivamente, el cual visto por el Obispo del Cuzco como ordinario y con los demás consultores fue votado en la forma siguiente:

     »El Obispo del Cuzco, que atenta su espontánea confesión y haber el reo pedido misericordia con el ánimo que se representa en este proceso y otras disposiciones que por él parecen, que no debe de abjurar de levi, y que pueda predicar al pueblo, fuera de púlpito, y que atento que en este penitente, por lo procesado, no parece haber sido primero informado deste delito de solicitar en el acto de la confesión, ni haber tenido mala fe acerca del valor del sacramento, no se debe castigar por pena ordinaria, ni privarse de que no confiese mujeres.

     »Nosotros los Inquisidores Licenciado Cerezuela y Ulloa y consultores el licenciado Bartolomé Martínez, arcediano desta santa iglesia de los Reyes, y fray Miguel Adriano, regente del estudio de Santo Domingo, que este reo abjure de levi en la sala de la audiencia y que no predique por tiempo y espacio de cuatro años y que pueda doctrinar a los indios, lo que se suele doctrinar y hacer pláticas espirituales públicamente a indios y a españoles al tiempo del ofertorio, y que perpetuamente no confiese mujeres, y que se escriba a los señores del consejo en razón de la gravedad de pena que en esta tierra es el prohibir a los clérigos que no confiesen mujeres, y lo demás que pareciere a los Inquisidores: ejecutose lo votado por la mayor parte.

     »Viéndose este proceso en consulta nos pareció, y a dos de los consultores, que atento a que este reo denunció de sí el haber solicitado in actu confetionis, sin haber testificación, ya que nosotros no podemos minorar la pena del no confesar mujeres perpetuamente, por haber Vuestra Señoría mandado esto en el negocio de Rodrigo de Arcos, clérigo, que lo tenemos por ley general en todos los negocios, se suplicase a Vuestra Señoría [134] que, atento a lo dicho, se sirva de hacer merced a este reo en este punto, como Vuestra Señoría fuese servido (101).

     »Rodrigo de Herrera, que por otro nombre se llama fray Rodrigo de Herrera, natural de Espinoza de los Monteros, sobre razón que diciendo a este reo cierta persona que cierto clérigo era ido a la Inquisición, que le habían llamado los inquisidores, dijo el reo: «por cierto que lo hacen mal los inquisidores, y hacen injusticia y es mal hecho enviar así por los clérigos y hacerlos gastar sus haciendas»; y diciéndole que era mal dicho lo que decía, respondió el reo, «mire vuestra merced que también enviaron a llamar a Hernando de Almonte y le hicieron gastar su hacienda contra justicia»; y volviéndole a reprehender y diciéndole que mirase lo que decía, volvió a decir que el comisario del Santo Oficio que estaba en el Cuzco lo traía todo revuelto y por su causa llevaban a los clérigos; y viniendo llamado a este Santo Oficio, dijo que bien sabía que no le mandaban llamar por crimen de herejía, sino por ciertas palabras que había dicho diciendo que llamaban a muchos por el Santo Oficio y que los testigos le habían trocado las palabras, y que bien sabía que este tiro de venir preso salía de cierto clérigo y que él vendría a la Inquisición y le haría traer preso, que no había de venir solo; y tratando otra persona con el dicho Rodrigo de Herrera de cierto proceso que se había tratado contra él de negocios tocantes al Santo Oficio, como había salido dél dijo: «libreme de aquel pleito por un tejo que hice cuatro partes en el Cuzco, la una di al asesor, las tres a tres prebendados de aquella iglesia.» Vista la dicha información, le mandamos parecer en este Santo Oficio, y sin metelle en las cárceles, se hizo proceso contra él: estuvo negativo en todo, y concluso en definitiva, fue votado por el señor Obispo del Cuzco y por nos y los consultores en conformidad, que fuese reprehendido en la sala de la audiencia del Santo Oficio y desterrado de la ciudad de Arequipa y de los pueblos de la provincia de los Charcas por cuatro meses, y que pague trescientos pesos de plata ensayada y marcada para gastos de presos pobres.

     »Cosme Ramírez, clérigo presbítero, natural de Villalón, en España, sobre razón que parece que por el mes de septiembre del año de mil quinientos setenta años, se tuvo en este Santo Oficio información contra este reo que predicando públicamente, queriendo engrandecer el ánima, dijo que el ánima era sustancia espiritual de Dios, o de la sustancia de Dios, de lo cual hubo escándalo en el pueblo; y después queriendo colocar o salvar la dicha proposición, en otros sermones que después predicó, volvió a tratar del ánima que estaba en purgatorio, era como el que estaba preso en una cárcel con grillos, que si no había quien pagase por él, allí moriría, y que así era el ánima que estaba en purgatorio, que si no había quien hiciese por ella, estaría allí engrillada todos los días de su vida o para siempre.

     »Ítem, estando secrestados por este Santo Oficio ciertos bienes de una persona presa, dio cierto mandamiento como visitador que era, para que el secrestador pagase cierta deuda que el dicho preso debía a una persona, y apelando dello el secrestador, se lo había tornado a mandar con censuras, y el dicho secrestador había pagado: por la cual dicha información fue llamado a este Santo Oficio y se hizo proceso contra él y fue votado en suspensión de predicar por tiempo de cuatro años, con que pudiese ejercer el oficio de cura y visitador y declarar la doctrina cristiana como no fuese en púlpito, y que en este Santo Oficio, en la sala de la audiencia, retratase la segunda proposición que dijo cerca del ánima que estaba en purgatorio, según que della queda sospechoso, y en cien pesos de plata ensayada para gastos de presos pobres, lo cual se ejecutó. Después de lo cual, parece que partido el dicho Cosme Ramírez desta ciudad para la de Arequipa, donde era visitador, sobrevino información que el dicho Cosme Ramírez, indignado contra dos clérigos por que le habían hecho notificar nuestro mandamiento para que pareciese personalmente en este Santo Oficio, los hizo muchos malos tratamientos, quitándolos de sus doctrinas, casas y asientos, haciéndoles muchos agravios y extorsiones, riñendo con ellos de palabras y tuvo preso al uno dellos con grillos y un cepo, y al otro clérigo procuró con cartas que escribió al Cabildo de la ciudad del Cuzco, que le quitasen la vicaría que tenía, todo lo cual hacía so color de visitador, diciendo que haría justicia contra ellos por cosas que habían hecho, constando de lo contrario.

     »Ítem, que altercando y hablando este reo con cierta persona sobre cosas de la Sagrada Escriptura, y particularmente disputando acerca de la materia del bautismo, dijo este reo que los niños recién nacidos, acabados de bautizar, si morían, para haber de ir a la gloria, habían de pasar por las llamas del purgatorio, de pasada, por el trabajo que habían dado a sus madres cuando los traían en sus vientres.

     »Ítem, que estando suspenso de predicar, había hecho tañer a sermón una noche y predicado un día después. Vista esta información, se mandó al dicho Cosme Ramírez, que a la sazón era venido a esta ciudad, que tuviese por cárcel el monesterio de nuestra Señora de la Merced, so ciertas penas; y estando allí se examinó y el fiscal le avisó en forma de todo lo sobre dicho, y confiesa haber quitado de la doctrina al uno de los dichos clérigos por haberla hallado vaca, y él ausente, y que le sentenció en ciertas penas, y que con el otro clérigo, que era vicario de Arequipa, había habido con él ciertas palabras, en las cuales él había sido el ofendido y no el dicho vicario, y niega habelle hecho quitar la vicaría, y que todo lo que con ellos había pasado lo había hecho como visitador y por castigar sus culpas, y no por haberle hecho notificar el dicho nuestro mandamiento, y que él no había predicado más de que, habiendo él encomendado al vicario que proveyese de sermón para cierto día, y habiéndose encargado el dicho vicario dello, pensando que había sermón, había mandado tañer, y que después estando en la misa mayor, como vio que no le había, y que en la iglesia se murmuraba dello, se había vuelto al pueblo, y sentado en una silla, les había hecho cierto razonamiento, y que negaba todo lo demás, y por su parte se hizo cierta probanza en su descargo y abono de su persona y el pleito fue concluso difinitivamente, y visto por el señor Obispo del Cuzco como ordinario, y por nosotros y los demás consultores fue desterrado de Arequipa por dos años, abjuró de levi y pagó trescientos pesos ensayados.

     »El proceso de Luis Darmas, clérigo, de quien habemos dado ya a Vuestra Señoría noticia, sobre haberse hallado en la prisión del comisario del Cuzco, e ayudado a ello, y haberle dicho algunas malas palabras, y sobre haber dicho y porfiado que el obispo del Cuzco era nuestro juez y nos podía castigar, se concluyó en definitiva, y visto fue votado en que fuese desterrado de la ciudad del Cuzco, y diez leguas al derredor por dos años precisos, y que no lo quebrante so pena de quinientos pesos, y que por la demás culpa que del proceso resulta, se le dé por pena el haber venido del Cuzco a esta ciudad y la prisión que ha tenido en ella.

     »El proceso de Alonso Durán, alguacil y fiscal del obispo del Cuzco, sobre haberse hallado asimesmo en la dicha prisión del dicho comisario, y dado favor y ayuda para ello, del cual asimismo habemos dado noticia a Vuestra Señoría, se concluyó en difinitiva, y visto, fue votado en conformidad que se le diese por pena el haber venido del Cuzco a esta ciudad y la prisión y carcelería que en ella había tenido.

     »El proceso de Rodrigo Alegre, mestizo, porque en compañía de un Miguel Hernández, español, prendieron a uno con voz y apellido del Santo Oficio, del cual habemos dado noticia a Vuestra Señoría, se concluyó en difinitiva, y visto, fue votado en conformidad en destierro del pueblo donde cometió el delito, por tiempo de dos años, y atento a que era menor de veinte y cinco años y de poco entendimiento y mestizo, fue condenado en cincuenta pesos para gastos del Santo Oficio.

     »Juan Barba Cabeza Vaca, mozo mancebo, sobre que riñó con don Alonso de Aliaga, que aquella sazón traía la vara del Santo Oficio, y le desafió y se acuchillaron, hízose proceso en forma y prendiose a este reo, y estando en las cárceles se le dio la casa de un su cuñado por cárcel, porque había estado perdido el juicio antes y no le sucediese lo mismo por causa de la prisión. Concluso en difinitiva, fue visto y votado en perdimiento de las armas y destierro desta ciudad, y cinco leguas al derredor por tiempo y espacio de dos años, y que no lo quebrante, so pena que los cumpla de nuevo en el reino de Chile, en servicio de su Majestad.

     »Ignacio de Betanzos, sombrerero, sobre que teniendo nosotros dado mandamiento para que Pedro Salvago, barbero deste Santo Oficio, tomase unas casas alquiladeras del dicho Betanzos para que las viviese y pagase su alquiler, el dicho Betanzos fue a la dicha casa y halló que se estaba mudando a ella el dicho Salvago, y aunque le fue mostrado y leído el dicho mandamiento, este reo echó mano a la daga contra el dicho Salvago y le hiriera o matara si los que estaban presentes no se lo estorbaran. Hízose proceso contra él, tomando su casa por cárcel; fue condenado en las armas y en cincuenta pesos ensayados para gastos del Santo Oficio.

     »Pedro de Narváez, natural de León de Nicaragua, residente en la ciudad del Cuzco, con ciertas personas sobre los treintanarios que se decían por los difuntos, dijo el reo que para qué se hacían, y diciéndole que para que Dios perdonase los pecados a los difuntos, respondió que no era para eso, sino que decían porque al cabo de los treintanarios, enviaba Dios un ángel que revele al sacerdote en qué parte está el anima de aquel difunto, y que así lo había él visto hacer en este reino, y diciéndole que no dijese tal, que era mal dicho y era negocio de Inquisición y había Inquisidores que lo castigarían, dijo el reo «bésenme en el... los Inquisidores, que yo soy muy buen hidalgo y muy buen cristiano» y que él sabía lo que decía, porque por ciertos difuntos se habían hecho unos treintanarios y había Dios revelado a un fraile que había dicho él un treintanario que no hiciese más bien por él, por cuanto estaba condenado en el infierno, y que a otro sacerdote que había dicho otro, le había Dios revelado que se había salvado aquel difunto y diciéndole que no lo dijese porque le castigarían y afrentarían, respondió que a quien le afrentase le mataría él.

     »Ítem, que estando hablando con otra persona le dijo, «estos clérigos que dicen la misa bébense el vino puro y dicen puramente capiamus; tanto como aquello también me lo haría yo»: de lo cual se escandalizaron los que lo oyeron. Fue mandado parecer en este Santo Oficio personalmente, y venido, se metió en las cárceles y se le tomaron sus confesiones y se hizo proceso, el cual visto, fue votado a que dentro de las cárceles secretas, pasando por las puertas de ellas, le fuesen dados por el ministro del tormento cincuenta azotes y que el ministro dijese en voz alta que se pudiese entender por los presos, que se le daban por palabras desvergonzadas que dijo contra los señores Inquisidores.

     »En este Santo Oficio tuvimos información que un fraile dominico llamado Fray Eugenio de Negrón andaba por el obispado de Popayan y de Quito, distraído, y curando como zurujano y que por ser de nación ginovés, causaba escándalo por aquellas partes. Dimos orden como su provincial le enviase a llamar a Trugillo, y venido, le examinamos, y los frailes hicieron instancia que se volviese a España, y así le quitamos ciertos libros de medicina que traía y le mandamos que se volviese a España, atento a que era extranjero y no traía licencia de su Majestad.

     »Asimesmo, hicimos dos informaciones contra dos negras que servían en la cocina al despensero de los presos, la una llamada Antonia, y la otra Marica, sobre ciertos mensajes y cédulas que llevaron de ciertos presos afuera de las cárceles, y averiguado lo que cerca dello pasó y el daño que pudo haber en ello, a la Antonia se le dieron doscientos azotes por las cárceles secretas, y a la Marica otros tantos, y se volvieron  a sus dueños, mandándolas que no entrasen más en este Santo Oficio.

     »Otra información contra Juan Bautista Galdin, cura y vicario de Puerto Viejo, el cual hizo cierta información por vía de inquisición contra un Rodrigo Pérez y le envió preso a este Santo Oficio, e hizo otra información contra otro fraile, por vía de inquisición, y le puso ciertas penas, que estuviese preso en cierta parte, y venidas a este Santo Oficio, las informaciones, no nos pertenecía el conocimiento, y hacía venir a las partes trescientas leguas, por lo cual le mandamos parecer personalmente y le examinamos, y se le dio por pena el largo camino que había venido y fue reprehendido que de ahí adelante no se entremetiese en semejantes negocios y fue advertido de lo que podía hacer como vicario...

     »...Asimesmo damos noticia a Vuestra Señoría, cómo en Riobamba, término de la ciudad de San Francisco de Quito y veinte leguas della, día de la víspera de los apóstoles San Pedro y San Pablo de este presente año, llegó al dicho asiento un hombre no conocido allí, a pie, en hábito de hombre pobre, vestido de pardo, y el día siguiente fue a misa a la iglesia y se sentó en la capilla mayor y después de haber oído el sermón se subió al altar mayor y se puso a un lado dél, y después que el sacerdote hubo consagrado la hostia, al tiempo que la alzaba, el dicho hombre arremetió con él y con gran furia le quitó de las manos la hostia consagrada que estaba alzando y se la hizo pedazos entre las suyas, y dio con ella en el suelo, junto al altar con una patada en el suelo con el pie e una voz que muchos oyeron que dijo ha, y al sacerdote que decía la misa dice que dijo no consagraréis vos más o no consagraréis otra vez, y luego el dicho hombre con un cochillo que llevaba quiso dar con él al dicho sacerdote, y los españoles que presentes estaban, viendo lo susodicho, echaron mano a las espadas y el dicho hombre se defendía con su cuchillo e una silla que allí estaba, y los dichos no pudiendo resistir a sí propios, por lo que habían visto, le mataron luego a cuchilladas y estocadas; e vino allí de la dicha ciudad de Quito el licenciado Ávila, nuestro comisario, y don Lope de Almendárez, presidente de aquella Audiencia, y el dicho don Lope por algunos respectos le mandó quemar y se quemó, y el dicho nuestro comisario hizo información para saber quién era o cómo se llamaba y de qué nación, y no se ha podido hasta agora averiguar cosa alguna de quién fuese ni de su nombre, más de que quieren decir que es español de hacia León; por la información parece que este hombre tenía particular amistad y que era muy amigo de un Duarte pecador, hombre de poca suerte, al cual prendió el dicho comisario y le tiene preso y está acabando de hacer la más información y averiguación para nos lo enviar: venido que sea haremos todas las deligencias necesarias para su averiguación y de todo daremos aviso a Vuestra Señoría...

     »En el negocio del hombre que en Riobamba mataron, añadían después, se hicieron cuatro informaciones..., y por ellas no se ha podido saber su nombre, de dónde sea natural, ni con quién hubiese tratado ni comunicado, más de que algunos que le hablaron dicen que daba señas de muchas partes de este reino y del de España y de Italia y Hungría, diciendo que había estado en todas estas partes; sabía hablar bien castellano. Se había dicho que un tal Duarte de Vila había sido amigo suyo, y como tal fue procesado y enviado a Lima, pero no resultando nada contra él, se le dio licencia para que se fuese. Todas las diligencias posibles se han hecho y no se halla más rastro y haber como cuatro meses que aquel hombre andaba por Riobamba de mesón en mesón y de pueblo en pueblo de indios.»
 

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