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Delitos materia de jurisdicción del Santo Oficio

Materia

Tipo

Delito

- DELITOS CONTRA LA FE

 - Apostasia

- Judaismo

- Mahometanismo

- Protestantismo

- Alumbradismo

- Proposiciones

- Proposiciones heréticas

- Proposiciones malsonantes

- Proposiciones cismáticas

- Proposiciones impías

- Proposiciones temerarias

- Proposiciones injuriosas o blasfemas

- DELITOS CONTRA LA MORAL

- Blasfemia

 

- Bigamia

 

- Supersticiones

- Brujería

- Adivinación

- Idolatría

- «Pecados nefandos»

 

- Delitos propios de los religiosos

- Solicitación en confesión

- Falsa celebración

- Matrimonio de los religiosos

- Delitos contra el Santo Oficio

- Impedir sus acciones

- Ofender al Tribunal

- Verter falsos testimonios

- Violar inhabilitaciones

- Incumplir sentencias

Delitos contra la fe

 

     Son aquellos que en alguna forma resultan contrarios a los dogmas católicos.

    Apostasía

         La apostasía era el abandono total de la fe católica para profesar otra religión: el judaismo, el islamismo, el protestantismo, etc.

         Obsérvese que se habla de abandono... lo que supone que antes se pertenecía a la fe católica. Y es que contra lo que comunmente se cree, el Santo Oficio no juzgaba judios, musulmanes  o gentes  de otras religiones, sino que procesaba  a católicos, libremente bautizados como tales. que renegando de la fe retornaban  a sus cultos, llevaban un catolicismo aparente ya que en realidad eran seguidores de su primitiva religión.

         Antes de la existencia del Santo Oficio los apóstatas eran sancionads por las autoridades civiles  con pena de muerte por hoguera, lapidación, o decapitación así como con la confiscación  de sus bienes. La Apostasía tambien era castigada por el derecho musulmán.

         Las principales modalidades de apostasía eran las cometidas por

                   Los judaizantes (marranos)

                   Los mahometizantes

                   Los protestantes

                   Los alumbrados

     

      Judaismo

           Los judaizantes o marranos guardaban una conducta religiosa dual: públicamente se manifestaban como católicos, participando de los ritos de la Iglesia.y , a la vez, en forma más reservada (y a veces no tan reservada) realizaban las prácticas judaicas. En realidad eran judios que de católicos solo tenían el nombre.

           El problema generado por los judeoconversos tuvo tres momentos puntales:

        1º) Antes de la expulsión de los judios. Por entonces, muchos de ellos adoptaron el cristianismo sólo como medio para alcanzar posiciones sociales que les estaban vedadas. Otros, los menos, se convirtieron realmente al catolicismo. Uno de los mayores obstáculos para consolidar las conversiones era el contacto contínuo y directo entre judeoconversos y judios, por lo cual, luego de fracasados los intentos hechos por la Iglesia y la Corona para convertirlos, los monarcas dispusieron la expulsión de los judios que no se convirtiesen al cristianismo (1492).

        2º) A partir de 1492, en que la Inquisición  se dedicará a verificar la autenticidad de las conversiones.

        3º) A partir de la unión de las coronas de España y Portugal en la persona de Felipe II. Aprovechando la coyuntura muchos judaizantes portugueses emigraron a otras ciudades de España o a las Indias.

           Cabe aclarar que, en sentido estricto la Inquisición nunca juzgó a un judio pues para ser materia de jurisdicción inquisitorial habían de haberse convertido al catolicismo y recibido libremente el respectivo bautizo. Pero cuando los conversos retornaban a su religión anterior se convertían en apóstatas, en cuyo caso el Tribunal los procesaba.

           Los judaizantes fueron la causa principal de la creación del Santo Oficio hispano y de hecho llevaron la peor parte.

           La época de mayor dureza frente a los judaizantes fue durante los primeros cincuenta años de la Inquisición Moderna, es decir de 1481 a 1530. Luego apareció otro pico de actividad judaizante en el segundo cuarto de siglo del s.XVII, cuando la llegada de conversos procedentes de Portugal.

       

      Mahometanismo

           Los  moriscos o mahometizantes llevaban una conducta religiosa dual: cristianos de cara a la galería, pero practicantes del Islam en su intimidad..

      Se temía al morisco además porque  se consideraba que podía ser el origen de una rebelión que abriera brecha al turco que por aquella época, s. XVI, avanzaba con firmeza hacia el Mediterraneo occidental.

      La hostilidad contra los moriscos fue acentuándose a lo largo del s. XVI tras una inicial ambigüedad desde 1525 a 1540.

      La actividad por parte de la Inquisición no se limitó a perseguir las ceremonias características de los moriscos (ayuno del Ramadán, la fiesta de los viernes, la circuncisión de los niños, lavado y tratamiento especial de los muertos, etc.), sino que se extendió a todas las costumbres (cantar cantares de moros, hacer bailes, llorar sobre las tumbas, etc.) y sobre todo incidió sobre el uso de la lengua árabe, como signo peligroso, distintivo de identidad nacional propia en una España que reinvindicaba la uniformidad religiosa y lingüistica.

      Con todo, la Inquisición dio un  trato mucho más benigno al morisco que el que dio al judaizante, pero dado que el morisco era mano de obra barata, fue muy criticada por la clase noble la represión inquistorial, la cual veía afectados sus intereses económicos por razones obvias.

      Protestantismo

      El protestantismo luterano rechazaba a la Iglesia Católica, negaba la autoridad papal, no reconocía la validez de los sacramentos, descartaba los dogmas proclamados por la Iglesia, etc. Su prédica iba en contra de la organización eclesiástica, de los principales dogmas católicos y de las tradiciones de la Iglesia de Roma. Llegaba al punto de de incitar no sólo a su destrucción sino a asesinar a los papistas, es decir a los fieles católicos.

      A mediados del s. XIV, Lutero y la Reforma se habían convertido en los enemigos del Estado, pero en cierto modo había en ello una tono xenófobo que iba más dirigido a desviar  la atención sobre graves problemas internos del Estado que a evitar la acción anticatólica.

      Pese a constituirse como el primer problema político exterior de la Monarquía católica, los Inquisidores, dentro del rigor de aquellos años, miraron con relativa benignidad a los protestantes extranjeros que cayeron en sus manos.

      Y es que el luteranismo fue siempre un fenómeno minoritario en España y en las Indias, difundido a través de libro, y por ello, de muy escaso alcance e incidencia, dada el analfabetismo de los españoles en aquella época. Muchos de los casos correspondieron a comerciantes o piratas apresados y fueron atendidos en los Tribunales del Santo Oficio en América, en especial en los de Lima y Cartagena de Indias y, en menor medida, en el de México.

      La Inquisición empezó a operar con firmeza contra el protestantismo a partir de 1520, cuando disminuía la acción contra los judaizantes.  El luteranismo estaba entrando por esas fecha en España a través de mercaderes extranjeros, alemanes y franceses.

      A partir de los Autos de fe de 1559, la estrecha vigilancia a que fueron sometidos los mercaderes y el férreo control sobre los libros sospechosos, impidieron la implantación de la herejía luterana en España. La quema de libros fue instituida por una tajante prohibición que hacía figurar a los libros en índices y establecía un rígido control de los procesos de edición y venta.

      Alumbradismo

      Se denominaba alumbrados a los falsos místicos que fingían tener un trato directo con Dios. De tal supuesta comunicación concluían en el desprecio de la moral cristiana y de la organización eclesiástica, así como de los ritos, ceremonias y sacramentos católicos.

      La denomninación de alumbrados venía del hecho de que ellos decían estar inspirados por el Espirtu Santo, quien alumbraba sus conciencias con la misma luz con que iluminó a San Pablo.

      Carecían de cuerpo doctrinario sistemático y uniforme, y eran grupos que estaban formados por hombres y mujeres indistintamente que solían realizar sus reuniones  por la noche, en forma clandestina.

      Lógicamente su doctrina fue motivo de persecución inquisitorial por su condición claramente herética y los partidarios de esta doctrina fueron prácticamente extinguidos a partir de 1535.

      La penas más frecuentes fueron la abjuración de levi, destierro y penitencias esperituales como comulgar y rezar el rosario. En ocasiones se aplicó la pena de galeras y reclusión.

 

    Proposiciones

    Eran opiniones y afirmaciones emitidas contra los dogmas, creencias, ritos y sacramentos católicos. Eran desviaciones respecto de la ortodoxia catolica, aunque no implicaran necesariamente una herejía.

      Proposiciones heréticas

           Las que eran completamente contrarias a la fe católica.

      Proposiciones malsonantes

           Aquellas que tenían un doble sentido, uno católico y otro herético y que cuando se exponían eran recibidas mayormente en este último.

      Proposiciones cismáticas

           Las que atacaban a la unidad de la Iglesia.

      Proposiciones impías

           Las que se realizaban contra la piedad católica.

      Proposiciones temerarias

           Las que no se atenían a las normas de la razón en asuntos tocantes  a la fe o a la moral.

      Proposiciones injuriosas o blasfemas

           Injuriosas eran las que difamaban a las autoridades eclesiásticas o algunos de los estados religiosos.

           Blasfemas eran las que injuriaban a Dios directamente.

 

 

Delitos contra la moral cristiana

 

    Blasfemia

     Las blasfemias eran afirmaciones injuriosas contra Dios, la Virgen y los santos, asi como las cosas sagradas  en general. Podían ser de dos tipos:

      - Blasfemia Heretical: la que era consecuencia de una herejía. Dependía exclusivamente de la jurisdicción de la Inquisición.

      - Blasfemia Simple: la que era consecuencia de un momento de ira o de alguna circunstancia particular. Dependía de la autoridad, eclesiástica o seglar, que hubiese conocido la causa inicialmente.

    Las autoridades civiles, de acuerdo a las disposiciones reales, eran muy severos con la blasfemia hasta el punto de imponer fuertes sanciones a los blasfemos que hoy en dia parecerían desproporcionadas. Cuando la blasfemia era contra la Virgen o los santos se decretaba mutilación de la lengua, azotes, prisión, destierro, galeras, confiscación de bienes, etc.

    Con todo, y en contra de lo que se cree o podría suponer, el Tribunal del Santo Oficio, paradójicamente, aplicaba sanciones más benignas que un tribunal civil en los casos de blasfemia :

      -  Si el blasfemo se autodenunciaba y se retractaba no era detenido.

      - Si el blasfemo era denunciado y la blasfemia era grave saldría en el Auto de fe con sambenito, cirio penitencial (que en algún caso se especificaba que fuera de color amarillo), sin coroza, pies desnudos, soga al cuello y en algunos casos mordaza en la boca. Debía hacer abjuración de levi a lo cual se agregaban, pasado el referido acto, la aplicación de un mínimo de 100 azotes (muy frecuente esta modalidad de castigo para este delito) o el destierro, además de sanciones pecuniarias.

      - Si el blasfemo era denunciado y la blasfemia era leve la pena se resumía a asistir a misa en calidad de penitente llevando un cirio penitencial, aunque igualmente se aplicaban sanciones económicas.

 

    Bigamia

    Esencialmente consiste en contrare un segundo matrimonio sin estar disuelto legalmente el primero. Las penas impuestas eran la presencia en Auto de fe como penitente, sambenito, con cirio penitencial, insignias de dos veces casado y en ocasiones con soga de esparto al cuello y con coroza. Durante el acto debían abjurar de levi (si era en España) - o de vehementi (si era en Italia)-, y tras el mismo se les sometía apena de vergüenza pública con castigode azotes (entre 100 y 200), y luego a ser enviados a galeras (normalmente a remo y sin sueldo).

    Las galeras era considerado la pena más grave dentro de las penas corporales. En muchos casos las penas citadas eran conmutadas por la pena de destierro.

    Por lo general los Tribunales no utilizaron la question de tormento con este delito.

 

    Supersticiones

    Son las creencias extrañas a la fe religiosa y contrarias a la razón. En términos de la Inquisición eran las creencias o prácticas contrarias a a la verdadera religión, la católica.

    Las penas impuestas a los que cometían estos delitos eran por lo general el salir en Auto de fe, realizar la respectiva abjuración de levi o de vehementi, y a posteriori del acto, un mínimo de 100 azotes y sanciones económicas, así como destierro entre 3 meses y 10 años.

         Las principales supersticiones eran:

                     La Brujería

                     La Adivinación (sortilegio y hechicería)

                     La Idolatría

      Brujería

      Eran aquellas actividades que tenían como común denominador el ejercicio de un poder sobrenatural siniestro, ejercido por personas que vivían sometidas al demonio. Por lo general, sus practicantes, supuestos o reales, eran mujeres. La bruja se relacionaba con el satanismo, había ofrecido su alma al diablo para obtener los poderes sobrenaturales, y era considerada responsable de cualquier mal personal o comunitario. Por tanto perseguida por todos.

      A partir de la Edad Media, la sociedad se vuelve rigurosa con las brujas, pero es en los s. XVI y XVII cuando alcanza su climax. La brujería era perseguida y sancionada tanto por las autoridades civiles como las eclesiásticas. En el siglo XVII la Inglaterra anglicana quemó amás de 50.000 personas, la mayoría mujeres, acusadas de brujería. Alemania, en el msmo periodo llevó a la hoguera a más de 100.000.  Un auténtico genocido perpetrado especialmente en las areas rurales.

      La brujería se encontraba en España básicamente concentrada en Galicia, el Pais Vasco y la Cataluña pirenaica.

      La Inquisición pudo haber  corregido y aumentado las cifras europeas, provocando un holocausto de brujas, pero no fue asi. Cuando se dieron los primeros brotes de brujería, el Tribunal del Santo Oficio reunió a una Junta o Congregación católica, integrada por representantes de la Corona, la Universidad, la Iglesia y el propio Tribunal. En esa reunión se llegó a una feliz conclusión: los poderes que se atribuían a las brujas pertenecían a la imaginación o a la ignorancia de las gentes.

      Los Inquisidores españoles adoptaron frente a la brujería una actitud escéptica, y se las persiguió más por por presuntos engaños o supercherías que por creyeran seriamente en sus contactos con el demonio y que hubiese componente herético en sus actividades.

      De hecho la Inquisición intervenía en los casos en que se habían hecho invocaciones de demonios, ejerciendose magia negra, agüeros, encantaciones y otras artes mágicas. La brujas apelaban ciertamente al demonio para adivinar el porvenir, conseguir una información o cumplir un deseo, pero es importante señalar la distinción que el Santo Oficio hacía respecto a las palabras de la invocación:

        - Si eren de mandato, no había herejía,

        - Si eran suplicantes, inducían a sospechas de adoración y se considerabna como idolatría, y por tanto punibles.

      Por ello, el papel de represor de la Inquisición frente a la brujería fue escaso, comparado con lo que estaba sucediendo en Europa. Por otra parte el Santo Oficio tampocó cargó con graves penas a las acusadas de actividades brujeriles consistiendo  habitualmente en penas de azotes, generalmente no más de 100.

      Adivinación

      Se consideraba que adivinar era predecir lo futuro o descubrir las cosas ocultas a través de actos sobrenaturales o mágicos sin recurrir a Dios. La adivinación no utiliza medios naturales tales como el uso de la razón o el estudio.  Por ende, según la concepción católica, la adivinación recurre  explicita o implicitamente al demonio, y quien la practica queda en algún grado ligado al maligno. De ahi su persecución inquistorial.

      Debe considerarse la diferencia existente entre adivinación y profecía. En la adivinación el hombre  es el que busca conocer un suceso futuro mientras  que en la profecía es Dios, por iniciativa propia, quien revela algo que va a suceder y que quiere que la persona que Él ha elegido -el profeta- lo comunique a otros. En la adivinación hay iniciativa del hombre mientras que en la profecía la iniciativa es de Dios.

      Hay dos tipos de Adivinación.

        - Sortilegios: adivinación realizada por suertes supersticiosas.

        - Hechicería: adivinación que busca datos de cosas ocultas a partir de objetos realmente existentes. Se trataba en cierto modo de la astrología. Solo se permitía la astronomia (astrologia natural) que se empleaba para intentar predecir las condiciones climáticas o para no perder la ubicación durante los viajes. La que no se permitía es la que se aplicaba a la predicción del futuro o el pasado (astrología judiciaria).

      Idolatria

      Era perseguida la idolatría en el sentido de atribuir a una criatura honores de Dios.

 

    «Pecados nefandos»

    Se les denominaba tambien delitos abominables o inconfesables. Se trataba de una variedad de actividades pecaminosas que incluía relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, relaciones sexuales entre personas de sexos opuestos contra natura y a las relaciones sexuales con animales.

    A partir del s. XVI  en los documentos inquisitoriales se distinguió la sodomía a secas de la sodomía bestial o bestialidad. En cualquier caso las sanciones para estos delitos eran drásticas por entenderse que se utilizaba el sexo contra las leyes naturales establecidas por Dios.

    La mayor parte de los procesados por este delito fueron hombres.

    De hecho desde tiempos inmemoriables y con mayor razón durante la Edad Media, se consideraba a este delito de los más graves que se pudiesen cometer. Por ello, mucho antes de que existiese el Santo Oficio, las autoridades civiles actuaban en contra con mucho rigor . A los que cometían tales faltas  - e incluso a los que solo lo intentaban-  en algunas partes los quemaban vivos, mientras que en España  los castraban públicamente, despues de lo cual eran suspendidos por los pies hasta que morían. Los Reyes católicos cambiaron la sanción por la de quema en la hoguera y Confiscación de Bienes.

    Este delito no era atendido por la Inquisición española de modo uniforme. Sólo en el Reino de Aragón eran juzgados por el Tribunal de la Inquisición, mientras que en Castilla, las Indias y otros dominios hispanos, eran competencia  de los tribunales civiles. En Aragón tambien podía ser atendido por los tribunales civiles, pero el Tribunal de la Inquisición daba “mejor trato” a los culpables.

      - La Inquisición consideraba atenuantes e incluso el arrepentimiento, con lo que era posible salvar el pellejo. La sanción era severa, eso si, pues consistía en encierro en prisión o ser enviado a galeras, y tambien destierro, penas pecuniarias y recibir entre 100 y 200 azotes. Se aplicaba la condena a muerte siempre que fuera posible demostrar la culpabilidad.

      - El tribunal civil procedía sin contemplación ni posibilidad de arrepentimiento a aplicar la pena capital.

 

    Delitos propios de los religiosos

    Eran los cometidos por los miembros de las órdenes religiosas  asi como por los del clero. Los principales tipos eran los siguientes:

      Solicitación en confesión

      La solicitación en confesión son las palabras, actos o gestos que, por parte del confesor, tienen como finalidad la provocación, incitación o seducción del penitente, con la condición de que dichas acciones se realicen durante la confesión, antes o después de ella, o bien cuando finge estar confesando aunque de hecho no sea asi. es decir, es toda incitación sexual o requerimiento amoroso, que un confesor hace al fiel aprovechando el acto de la confesión.

      Este delito, más que ningún otro, se prestaba a la calumnia porque solía cometerse en forma oculta y sin testigos. es por ello que la Inquisición recibía con reservas las declaraciones de los denunciantes, por lo general, mujeres. tal es asi que en 1573 el Santo Oficio ordenaba no proceder contra los confesores testificados sin asegurarse que las delatoras eran mujeres honestas, dignas de crédito y de buena fama. En 1577 se insiste en lo mismo y se añade que además se investigue la calidad de las denunciantes si son presumiblemente “deshonestas y apasionadas” (se veía que había mujeres que actuaban por pasión, rencor o venganza o eran inducidas  por otras personas que deseaban desacreditar al religioso) y que quienes hicieran las averiguaciones fueran testigos fidedignos, sin lo cual no se decreta la prisión del presunto solicitante.

      Tanto la privacidad, la revelación de las faltas más intimas por parte de la mujer que se confesaba, como el hecho mismo que la confesión era una situación especial de intima comunicación entre un hombre y una mujer en una época en la que esta aproximación estaba muy restringida y requería de una serie de actos previos en la relación social normal, facilitaban que el confesor la aprovechara para obtener sus favores.

      En la fase de la lectura de la sentencia (que en la mayoría de los casos era leída en la Audiencia) el reo debía permanecer como penitente, sin sambenito y con la cabeza al descubierto.

      Los solicitantes eran sometidos a penas que incuían la abjuración de levi, ser privados de confesar a las mujeres perpetuamente y a los varones durante un periodo establecido. Tambien eran suspendidos de predicar y administrar  los sacramentos y se les sentenciaba a reclusión (en un hospital donde debería ofrecer su ayuda a pobres y enfermos), destierro, penas pecuniarias, disciplinas, ayunos y oraciones.

      La solicitación en confesión apareció como delito punible por el Santo Oficio en la segunda mitad del siglo XVI y continuó como tal hasta la extinción de la Inquisición a principios del s. XIX.

      En líneas generales, en los procesos llevados tanto en España, Italia o las Indias, nunca se aplicaba la question de tormento. Ningún solicitante era sometido a pena de azotes o de relajación, para evitar en los ciudadanos una cierta desconfianza hacia la Iglesia Católica.

      Los casos eran escabrosos, como cabe suponer, y tal como se aprecia en algunos párrafos del acta de acusación contra el jesuita Luis Lopez en el Tribunal del Santo Oficio de Lima en 1578.

      Falsa celebración

      Delito consistente en realizar la celebracion de la misa sin estar autorizado para ello, es decir , sin ser sacerdote debidamente ordenado.

      A partir de 1574 se aprobó sancionar la falta e incluirla dentro de la relación del Edicto de fe.

      Los culpables, además de comparecer en Auto de fe, debían abjurar de levi o vehementi, tras lo cual eran degradados de las ordenes que tenían los azotaban  y desterraban. En ocasiones se les enviaba a prisión o a galeras.

      Matrimonio de los religiosos

      Los que cometían tales faltas eran considerados sospechosos de herejia.

      La pena era abjuración de levi en la sala de audiencias o en un Autode fe y eran sancionadas con prisión, destierro o galeras.

 

    Delitos contra el Santo Oficio

    Hechos que favorecían la causa de las herejías cuya realización, en alguna manera, constuía un obstáculo u ofensa contra el Tribunal.

    Era práctica muy corriente que los Tribunales  del Santo Oficio persiguieran las ofensas realizadas a sus miembros, los agravios recibidos, las intromisiones  en sus competencias, etc.

      Impedir sus acciones

      Se llamaban impedientes aquellos a los que en alguna forma impedían el cumplimiento de las disposiciones del Tribunal. Consideraban como tales a todos aquellos que obstaculizaban la tareas de la Inquisición, como por ejemplo los que ocultaban  a los fugitivos, los que violaban el secreto inquisitorial, los que amenazaban  a los testigos, etc.

      Ofender al Tribunal

      Cometían tal delito los que de hecho o de palabra atentaban contra el Santo Oficio

      Verter falsos testimonios

      Era considerado grave delito contra el Tribunal el declarar falsamente en las causas de fe.

      Los que calumniaban a un feligrés presentándolo como si fuese hereje, perjudicándolo en su honor y buena fama, eran considerados grandes delincuentes. No solo calumiando se cometía este delito, sino tambien ocultando la verdad al Tribunal

      Violar inhabilitaciones

      Los sentenciados por el Tribunal en causas contra la fe quedaban sujetos a una serie de inhabilitaciones, cuya violación acarreaba nuevas sanciones.

      Las inhabilitaciones alcanzaban a los descendientes - hijos y nietos por linea paterna e hijos por linea materna- impidiéndoles ocupar cualquier cargo público, dignidad civil o eclesiástica en España y sus colonias. Los inhabilitados, además, no podían utilizar ningún signo exterior de riqueza como joyas, vestimentas de seda o terciopelo, caballos, etc.

      Esta inhabilitación no venía establecida por el Tribunal, como cabría suponer, sino por la autoridad civil: la Corona había dispuesto que los reos sentenciados a relajamiento asi como los reconciliados, quedaban inhabilitados.

      Incumplir sentencias

      Se les denominaba impenitentes a los que incumplían total o parcialmente las sanciones que el Tribunal les había impuesto.

 

 

    Censura de Libros

    La Inquisición española nunca ejerció la censura previa de libros (practicada entonces en toda Europa) , que fue siempre una potestad de la Corona, ejercida a través de los Consejos Reales de Castilla, Aragón, Indias, Italia, Portugal y Flandes (radicados en Madrid), o de los virreyes de Aragón, Cataluña, Valencia, Navarra, Cerdeña, Sicilia, Nápoles, Perú y Nueva España.

    La censura a posteriori se hacía mediante la elaboración de índices de libros prohibidos total o parcialmente. Tales índices no eran exclusivos de la Inquisición, pues los promulgaron también ciertas universidades y algunos obispos, ni surgieron en España.

    Los índices españoles, debido a su carestía, conocieron escasa difusión, lo que los propio s libreros alegaban en su descargo si eran sorprendidos con libros prohibidos en sus establecimientos. En suma, que su alcance fue bastante limitado. Por ello se intentaba igualmente controlar la importación de libros extranjeros, pero ésta era de tal magnitud (debido, entre otras cosas, a que muchos autores españoles preferían imprimir sus obras en las excelentes prensas flamencas o italianas) que los inquisidores no daban a basto para controla la entrada siquiera de las importaciones declaradas, cuanto má s de las introducidas ilegalmente. En cuanto a la producción interna, no hubo ningún intento sistemático de revisión de las novedades editoriales a la búsqueda de errores doctrinales, algo que, por otra parte, hubiera también desbordado la capacidad del Santo Oficio. En este terreno, como en tantos otros, los inquisidores actuaban cuando alguna denuncia atraía su atención sobre una determinada obra y, aquí, los celos y rencillas del mundillo literario y del académico tuvieron a menudo mucha mayor importancia que el auténtico fondo doctrinal del asunto. 

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