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Los Albigenses (Cátaros)

GENERALIDADES

Los albigenses fueron una secta herética de los siglos XI y XIII, que se extendió desde la ciudad de Albi (Occitania) de la que toma su nombre, por toda Europa. También conocida como "cátara" -del griego kataros (puro).

Era una comunidad que se distinguía por su pobreza y que se nutría en las fuentes de la primitiva Iglesia de los apóstoles. Estos hombres, animados por unas sólidas creencias, no dudaban en utilizar los textos de las Sagradas Escrituras en defensa de sus posiciones teológicas, lo que resultaba muy peligroso para la Iglesia romana.

El catarismo fue un evangelismo que propugnaba la necesidad de llevar una vida ascética y la renuncia al mundo para alcanzar la perfección.

Sus principales centros de desarrollo fueron Tolosa de Languedoc, Narbona, Carcassona, Besiers y Foix. Sus militantes extendieron sus creencia por el Reino de Aragón y por el norte de Italia.

Del mismo modo que se sentían atraídos por los Evangelios, los cátaros rechazaban el Antiguo Testamento. Igualmente, repudiaban la relajación de costumbres del clero medieval y las ansias de poder temporal de sus prelados. Admitían únicamente, el sacramento de la imposición de manos y rechazaban todos los sacramentos posteriores que no se fundaban en las Santas Escrituras.

Un punto especialmente conflictivo de la doctrina cátara fue que en Jesucristo solamente admitían la naturaleza divina, en la medida en que pensaban que era un ser celestial enviado por el Padre para ofrecer la esperanza de salvación a los hombres. Negaban tajantemente la naturaleza divina de Jesús y rechazaban, igualmente, la eucaristía y la veneración de la cruz. Pensaban que esta era un simple madero que se había utilizado por el Mal, que domina nuestro mundo, como instrumento de suplicio de Cristo por los hombres. En suma, los cátaros ofrecían a los creyentes un cristianismo en el que gracias a la vía de salvación ofrecida por Jesús se puede evitar la condena eterna; un cristianismo sin culto a la cruz; un cristianismo sin eucaristía, ....

Otro de los factores del éxito de los cátaros fue que los buenos hombres llevaban el Nuevo Testamento a los hogares en que realizaban las predicaciones. Los cátaros se mostraron a las poblaciones cristianas como unos predicadores (itinerantes y pobres individualmente) de la Palabra de Dios. En unos tiempos en que la Iglesia Católica solo citaba los textos sagrados en latín, con lo que resultaban incomprensibles para el pueblo, los cátaros los tradujeron a la lengua romance. Ahora, gracias a la labor de los perfectos, el Evangelio estaba al alcance de todos.

El catarismo, que adoptaba unas posturas muy críticas contra el materialismo de la Iglesia de Roma y cuyos adeptos eran tremendamente exigentes consigo mismos en cuanto a pureza de costumbres llegó a establecerse como una contraiglesia adecuadamente organizada, con su propio clero mixto y sus obispos. En las casas cátaras los buenos hombres vivían en comunidad, recibiendo la predicación de sus diáconos. Estas casas estaban abiertas a la sociedad de su entorno, no existiendo ningún tipo de clausura, sino que, por contra, sus habitantes entraban y salían en cualquier momento y los vecinos tenían igualmente acceso a ellas. Todas estas singularidades, unido a un modo de vida ascético y ejemplar, hacía que sus creencias encontrasen fácil difusión, como de hecho sucedió.

 

LAS HEREJÍAS EN LA BAJA EDAD MEDIA

Uno de los fenómenos más curiosos de la Edad Media fue la ola de herejías que se produjeron durante la Baja Edad Media, las cuales llegaron a su culmen en el siglo XIII para luego ir perdiendo importancia hasta prácticamente desaparecer. De todas ellas, una es la que más ha captado la atención tanto de historiadores como de aficionados a la historia, tanto por lo que tiene de mito como de realidad: los cátaros.

Pero ¿cuáles fueron las causas de estos ataques contra la Iglesia católica romana?. Digamos que obedecen por un lado a una profunda crisis social y por otro a un deseo de cambio de la iglesia.

La Baja Edad Media es una época de cambios en todos los sentidos, y al tiempo de acontecimientos dramáticos que influyeron notablemente en el modo de vida y pensamiento de la sociedad europea. Las epidemias, las hambrunas, las guerras y los saqueos subsiguientes, las malas cosechas consecutivas, y, al final, la Peste Negra, crearon un grupo muy numerosos de desheredados, de pobres de solemnidad, muchos de ellos sometidos a la Iglesia como siervos, ya que los monasterios ejercían su poder como cualquier otro señor feudal y no tenían misericordia a la hora de recoger gabelas, cargas y tributos. Además, la riqueza y el oropel de los que hace gala la Iglesia hace que la indignación de muchos de estos hombres creciera hasta limites insospechados.

Por otra parte, hay un deseo de renovación eclesial que nace dentro de la propia Iglesia, poniendo de manifiesto los pecados de la misma, en especial el nicolaísmo (las relaciones sexuales de los clérigos) y la simonía (compra de cargos eclesiásticos). Ya desde los siglos X y XI se había puesto sobre el tapete la cuestión, reclamando una solución, desde algunas altas jerarquías eclesiales, indicándola incluso como la causa de la llegada del fin del mundo en el cambio de milenio. Pero, evidentemente, el fin del mundo no llegó, ni tampoco cambiaron los vicios de la Iglesia.

Esto llevo a muchos, tanto intelectuales como gente del pueblo llano, a reclamar una vuelta al cristianismo primitivo, a la pobreza de la iglesia, y al respeto absoluto a las reglas. Esos movimientos, evidentemente, atentaban contra el poder eclesiástico, y por lo tanto, fueron condenados como heréticos y como tal perseguidos.

Pero, ¿qué papel tuvieron los cátaros en todo esto? ¿Fue una herejía como las demás? ¿Qué buscaban? ¿Cuál fue su influencia para que por su causa se creara la Inquisición y fueran tan brutalmente perseguidos?.

 

EL INICIO DEL CATARISMO

El catarismo hunde sus raíces en el Zoroastrismo, que, a través de los esenios, los gnósticos, neoplatónicos y maniqueos de los primeros siglos cristianos, pervivió en la región de Tracia, dando origen al bogomilismo. ¿Cómo llegó entonces desde zonas tan lejanas al Languedoc francés? La causa más probable son las cruzadas: a la vuelta de una de ellas, algunos nobles de la zona pasarían por esta zona, de donde tomarían los conceptos religiosos para luego llevarlos a su tierra natal.

De allí pasaría la nueva religión a otras zonas, como Italia.

Los cátaros, también llamados albigenses por ser una de sus sedes principales la ciudad de Albi, no son herejes, en el sentido estricto del término, aunque como a tales se les incluya en los diferentes tratados y artículos sobre las herejías medievales. No es una disensión en el seno de la ortodoxia eclesiástica, sino una religión distinta. En este sentido, entrarían en el campo de los "infieles", con judíos y musulmanes.

 

LA RELIGIÓN CÁTARA

La religión cátara se basa en el dualismo:Defiende la existencia de dos dioses: uno bueno, creador de los espíritus, y otro Malo, creador de lo material.

Todo lo material está en manos de este dios perverso, y, por tanto, todo lo material es perverso.

Lo único puro es el alma, el espíritu, que, sin embargo, se ve aprisionada en un cuerpo material dentro de un mundo material, de todo lo cual no puede deshacerse sino a través de múltiples purificaciones, las cuales se llevan a cabo en sucesivas reencarnaciones.

No existe el infierno, ya que el infierno está en la Tierra: el infierno es lo material y todos los obstáculos con los que se enfrenta el alma en su camino de purificación.

En cuanto a Cristo, para los cátaros el mundo había estado gobernado por el mal hasta su venida, pero no lo consideraban como Dios, sino como alguien venido para enseñar a los hombres el camino para llegar al Espíritu. No creían ni en su muerte (que habría sido solo simbólica) ni en su resurrección.

En cuanto a la Iglesia católica, la consideraban como una especie de templo diabólico, ya que su culto es visible y muy material (sacramentos, culto a santos y reliquias y organización). Rechazan por lo tanto los sacramentos, a los que consideran como una divinización de algo intrínsecamente maligno. Claro ejemplo es el matrimonio, donde a través del sacramento se intenta dar un cariz divino a algo tan material como el amor por una persona (de carne y hueso) o el sexo; en tal caso, ya que la carne es débil, era mejor para ellos el amor libre que manchar la acción del espíritu con algo tan material.

El culto cátaro no tenía, pues, ni imágenes, ni sacramentos, ni templos, y consistía simplemente en reuniones en las que se leía el Nuevo Testamento traducido en lengua vulgar (lo cual estaba prohibido por el Concilio de Toulouse de 1229), se hacía una homilía, se recitaba el pater y se bendecía el pan, a lo que a veces seguía una comida en común. Una vez al mes se celebrara una confesión genérica de los pecados ante los diáconos, aunque hubo casos de confesión secreta, específica e individual.

 

LA ORGANIZACIÓN DE LOS CÁTAROS

El catarismo se extendió por toda la sociedad languedociana, sin tener en cuenta estatus económico ni social. Incluso muchos miembros de la Iglesia se convirtieron a esta nueva religión (como el obispo de Narbona). Su organización social no se basaba en criterios materiales como dinero o poder, sino en el mayor o menor grado de acercamiento al Espíritu, a la pureza total del alma. Así, hay dos grupos diferenciados:

      Los Perfectos

      Los Creyentes

Los Perfectos ocupaban el rango más alto de su jerarquía social. Su alma ya estaba totalmente purificada y unida con el Espíritu, de manera que a su muerte conseguirán la total perfección con su cuerpo glorioso. No tenían nada propio y practicaban la abstinencia sexual. No comían carne ni leche (ni derivados de ésta). No juraban. No guerreaban. Se vestían de negro y vivían en comunidad, hombres y mujeres por separado. Entre los hombres se escogía a los diáconos, cuya misión era viajar constantemente predicando y dando el Consolamentum.

En cuanto a los Creyentes, todavía estaban demasiado atados a los bienes materiales y sentimientos mundanos para conseguir a su muerte la unión con el Espíritu. Podían casarse y tener hijos (aunque, como se ha señalado antes, era preferible el amor libre). Podían comer carne y tener bienes materiales. Sólo les estaba vetado los juramentos y matar animales (ya que eran posibles receptáculos de reencarnación). Se les recomendaba intentar zafarse de acudir a guerras, salvo que les fuera imposible.

Para llegar de Creyente a Perfecto, era necesario el Consolamentum o comunicación del Espíritu Consolador (equivalente en cierta forma al Espíritu Santo cristiano) . El Consolamentum consistía en la imposición de manos por parte de un Perfecto al Creyente, de modo que este alcanzaba el grado de Perfecto y por tanto, a su muerte, pasaría a gozar de la gloria de Dios. Los asistentes al acto veneraban al nuevo "santo" mediante el melioramentum, que consistía en una genuflexión, besando el cielo y pidiéndole la bendición. Sin embargo, para muchos Creyentes llegar al estado de Perfecto no era tarea fácil, ya que se seguían sintiendo atraídos por el mundo material, aunque sólo fuera por los afectos a su familia. En estos casos, se pactaba recibir el Consolamentum a la hora de la muerte (convenentia convenensa). Esta costumbre dio lugar más tarde al suicidio pasivo, que practicaron los enfermos graves para poder llegar más rápidamente a su unión con el Espíritu.

 

EL CATARISMO EN FRANCIA E ITALIA

Las zonas donde más se desarrolló el catarismo fue el Languedoc francés y el norte de Italia. El Languedoc, por su posición geográfica, conservaba una cierta autonomía entre los territorios franceses del norte, los ingleses de Aquitana, los catalano-aragoneses del Sur y los imperiales del este. Por su parte, el norte de Italia era independiente del control imperial y papal.

La secta estuvo compuesta por gentes de todas las clases sociales: desde la alta nobleza, pasando por la pequeña nobleza (hostil al poder eclesiástico y civil), la burguesía (que ansiaba el libre comercio y poder efectuar prestamos con interés), los artesanos , hasta llegar a los campesinos (motivados por la aversión a los diezmos y primicias que debían dar a la iglesia). Por lo tanto no es, como muchas otras herejías, un movimiento contestatario de las clases bajas solamente, sino que hay que buscar en su arraigo un deseo de perfección espiritual.

En su difusión también parece que actuó la poesía trovadoresca, cuyos ideales de valoración de la mujer, o la sublimación del amor, con claras insinuaciones al amor carnal, entroncan claramente con la filosofía cátara.

 

EL CATARISMO EN CATALUNYA

El CATARISMO tuvo una importante repercusión en la sociedad catalana, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XII y hasta finales del siglo XIII.

El CATARISMO, muy extendido primero en los países balcánicos y posteriormente en casi toda Europa, encontró en el Sur de Francia, de manera particular en toda la Occitania, un clima muy propicio para su arraigo. Albi y Toulouse, sobre todo, se convirtieron, en los dos principales focos de la nueva corriente religiosa.

En Catalunya. El catarismo encontró terreno abonado para una fácil introducción y un fuerte desarrollo.

Las tierras del Rosselló y de la Cerdanya unidas al condado de Barcelona, por su proximidad al Languedoc tenían más posibilidades de estar tocadas por el catarismo, debido a la misma proximidad geográfica, a los lazos familiares, militares y comerciales de estas tierras con el Languedoc.

El trasvase de la corriente cátara a los dominios aragoneses del sur de los Pirineos no tardó en producirse, no sólo a través de buhoneros, mercaderes y trabajadores de la lana -la industria de la lana ya existía en Cataluña durante el siglo XII-, sino principalmente gracias al apoyo que encontraron los cátaros en los señores feudales de las regiones pirenaicas.

Por ese motivo el catarismo catalano-aragonés no presentó novedades ideológicas específicas, es decir variantes doctrinales, respecto al catarismo occitano.

 

Canales de introducción del catarismo en Catalunya

No resulta fácil precisar el momento de la entrada del catarismo albigense en las tierras pirenaicas de la corona de Aragón. Pero si el modo en que lo hizo:

    1.- Fue introducido en Catalunya desde Occitania siguiendo el procedimiento habitual de los cátaros, a través, sobretodo, del comercio y de la industria, principalmente la téxtil (que durante el siglo XIII dependía, en gran parte, de comerciantes occitanos).

    2.- Se incrementó con la llegada de nobles occitanos cátaros, motivada por distintos factores:

      - La represión religiosa en Occitania favorecida por los lazos políticos y de vasallaje que en aquellos tiempos unían a Catalunya a los condados y vizcondados del Languedoc

      - La importante entrada de capital que comportaba, por los intereses derivados de la guerra contra los sarracenos

      - La repoblación de los territorios conquistados.

 

Motivos de la difusión del catarismo en Catalunya

El Catarismo tuvo gran acogida en Catalunya.

De 1200 a 1250 todas las clases sociales contribuyeron a engrosar la secta.

Pero cada clase social tuvo sus motivos para apoyar al Catarismo.

    1.- Los grandes señores feudales (y la pequeña nobleza también), porque estaban interesados en afianzar, delante de la feudalidad eclesiástica, las posiciones logradas y eran propensos a la adopción de una doctrina que comportaba la supresión del poder temporal de la Iglesia. Y para ello, los señores feudales de estos territorios, titulares de unos dominios en vías de consolidación, no dudan en acometer contra los dominios de las iglesias, que constituían lógicamente un serio obstáculo para sus ambiciones expansionistas, acudiendo incluso a recursos como el bandidaje siempre que fuera preciso.

    2.- La burguesía mercantil, que participaba cada vez más en el gobierno ciudadano y en la época inicial del capitalismo, aspiraba al libre comercio del dinero con la posibilidad de préstamo a interés (condenado por la Iglesia católica) y veía con malos ojos las medidas antisuntuarias de la Inquisición y las persecuciones que ahuyentaban la mano de obra y el dinero. Frente a esto, el Catarismo se mostraba como una doctrina que no solamente no condenaba las actividades mercantiles, sino que incluso las favorecía.

    3.- Los artesanos, especialmente los textiles, fueron una de las clases predilectas de los cátaros. Muchos Perfectos ejercieron ese oficio.

    4.- Los campesinos porque vivían en precarias condiciones, perjudicado por los diezmos y primicias eclesiásticos y porque deseaba un misticismo distante de la opulencia eclesiástica del momento.

El anticlericalismo radical de los cátaro-albigenses creó un ambiente propicio para su desarrollo.

 

Asentamientos Cátaros en Catalunya

    1.- Las zonas más influídas por la nueva doctrina fueron el Rosellón (que entonces estaba plenamente integrado al condado de Barcelona y a la Corona de Aragón) y los valles pirenaicos, donde las grandes familias tenían importantes lazos familiares, culturales, militares y económicos con Occitania.

     2.- La zona catalana pirenaica occidental llegó a ser también, refugio y centro de actividades cátaras. Destacaron: Andorra, la Tor de Querol, Berga, Josa, Gósol y Castellbó, y un destacado grupo de los señores de estos territorios se convertirán en decididos protectores de la herejía.

    3.- Se extendió hasta Barcelona, Lérida, sur de Tarragona –Montsant, Prades y la ribera del Ebro– aprovechando las franquicias que se otorgaban a los cristianos que repueblan los territorios recién conquistados a los árabes.

    4.-Cátaros de Lleida y del sur de Tarragona pasaron a tierras valencianas y en algunos casos llegaron a ostentar cargos de responsabilidad y a disponer de un gran patrimonio.

 

Repercusiones en Catalunya de la Cruzada contra los Cátaros (1209-1229)

La cruzada albigense, que supuso la represión por la fuerza del catarismo occitano, tuvo una gran repercusión para Catalunya:

    1.- Representó el final de la expansión catalana en tierras occitanas (que pasaron a formar parte del reino de Francia, a partir de la derrota sufrida por el rey Pedro I en Muret, en 1213 ).

    2.- Fue el comienzo de una importante emigración que contribuyó a la conquista de tierras musulmanas.

    3.- Benefició la expansión catalana por Italia, gracias a la imagen tolerante de Catalunya, transmitida por los cátaros refugiados principalmente en Lombardía. 

 

Politicas de represión del Catarismo en Catalunya

En la corona catalano-aragonesa la represión de la herejía, favorecida en especial por Iglesia, estuvo condicionada por sus repercusiones en la política occitana de los reyes. Por ello se observaron distintas actitudes:

    -En contra de la represión: Alfonso el Casto y Pedro I la condenaron varias veces la represión, seguramente para proteger a los nobles de una represión más dura.

    -A favor de la represión: Jaime I cedió a las presiones papales que pedían con urgencia la extinción del catarismo. A mediados del siglo XIII fue establecida definitivamente la inquisición como institución, y bajo el control de los dominicos. 

Sólo en la zona de la Cerdaña (Lleida) y en el condado de Castellbó fueron condenados más de medio centenar de cátaros durante la primera mitad del siglo XIII. Quince de ellos fueron quemados vivos y dieciocho en efigie, mientras que los demás se supone que se retractaron de su doctrina o pagaron dinero para obtener el perdón. Lo mismo sucedió en el Cadí (Barcelona) y en la ciudad de Lleida. Además, unos pocos fueron condenados después de muertos, aunque hiciera años del óbito, y, como castigo, sus cuerpos resultaron profanados.

 

Desaparición del Catarismo en Catalunya.

Los tres factores que más contribuyeron a erradicar los restos de herejía cátara en los reinos orientales de la península fueron:

    1.-Nuevo clima socio-político: La Reconquista iba progresivamente proporcionando nuevas tierras y nuevas oportunidades a la nobleza y la burguesía rica, sin tener que competir por ellas con la Iglesia.

    2.-Tolerancia del soberano aragonés: Jaime I facilitó el encauzamiento de las familias de inmigrados occitanos o pirenaicos, sospechosos de herejía, hacia empresas de reconquista o repobladoras.

    3.-La Inquisición: Desde el año 1232 entró en funcionamiento la Inquisición en Aragón.

En torno a 1300, apenas quedaban núcleos cátaros importantes en Catalunya.

 

La Inquisición en la represión del catarismo (1229-1330)

Sometidas por las armas las regiones cátaras, se inició la búsqueda implacable de los herejes.

En 1228 se había organizado una inquisición secular, ofreciéndose dos marcos de propina al que capturase un hereje.

En 1231 Gregorio IX confiaba la inquisición monástica a los dominicos.

En 1237 las hogueras proliferan de tal modo que el mismo papa hubo de moderar el celo de los inquisidores, disponiendo que cada inquisidor dominico tenga un colega franciscano “a fin de que la dulzura de este último temple la demasiado grande severidad del otro”. El uso de abogados estaba prohibido.

En 1252, Inocencio IV autorizó la tortura -bien que ejecutada por seculares- por su célebre Constitución Ad extirpanda.

 Además de la hoguera existía la pena de prisión o murus que podía ser:

     -largus, con cierta posibilidad de movimientos.

     -strictus, con cadenas en pies y manos, local estrecho y poca comida.

    -strictissimus, verdadera antecámara de la tumba.

También se practicó la exhumación de condenados ya difuntos

Ante esta situación, la mayoría de los Prefectos huyeron a Italia, donde reinaban mejores condiciones. Se organizará una jerarquía en el exilio y se establecerá una corriente permanente, con guías o ductores, que alimentará lo que quede del catarismo occitano hasta su desaparición.

Algunos cátaros huyeron también a Cataluña

En el Languedoc, el catarismo sobrevivía clandestinamente en casas particulares, hospederías y hasta en silos y bodegas.

A veces saltó la chispa de la rebelión, pero en vano: en 1305, Pons de Montolieu y otros seis notables de Carcassonne son atados a la cola de un caballo y arrastrados y colgados con sus trajes consulares.

Poco a poco, el movimiento, refugiado cada vez más en los campos y aldeas, se extingue bajo la represión.

En 1321, el último Perfecto del Languedoc, Belibasto, es capturado después de atraerle a traición desde su refugio en España (San Mateo).

Alrededor de 1330 puede decirse que todo ha desaparecido en el sur de Francia, aunque en el norte de Italia y en Sicilia se prolongue aún hasta principios del siglo XV.

 

LA LUCHA CONTRA LOS CÁTAROS: FASE DE LOS COLOQUIOS

Aunque al principio, y dada la autonomía de que gozaban estas regiones, el movimiento cátaro se pudo expandir sin muchos problemas, desde finales del siglo XII, Roma puso sus ojos en esta nueva secta, plenamente consciente de los problemas que sus postulados podían acarrear al poder temporal eclesiástico. Para ello en un primer momento acude a misioneros, que recorren estas zonas predicando la verdad y manteniendo diversos debates con los Perfectos, para tratar de convencerles de su error. Estas misiones fueron encomendadas primero a los cistercienses y más tarde con los dominicos.

En este sentido, la figura de Domingo de Guzmán es especialmente importante. Su orden, mendicante y por tanto a favor de la pobreza, estuvo fuertemente vigilada en sus comienzos por si pudiera tratarse de una nueva herejía. Pero al conseguir el visto bueno papal se la consideró como ideal para mantener las discusiones teológicas con los cátaros, ya que los dominicos llevaban un modelo de vida renovado y en gran medida semejante al de éstos. Los coloquios fueron tan importantes que incluso algunos estuvieron presididos por reyes, como el que se organizó en Carcassonne en 1204, que presidió el rey Pedro II de Aragón.

 

LA LUCHA CONTRA LOS CÁTAROS: FASE ARMADA. LA CRUZADA

La fase pacífica, por la vía de la conversión, acabó en 1208, cuando el legado papal Pedro de Castelnau es asesinado. El papa Inocencio III proclama entonces la Cruzada contra los cátaros, a la que se unen rápidamente las tropas francesas, que ven en la cruzada la ocasión para apoderarse de dichos territorios. Esta fase fue larga y sangrienta a más no poder.

El mando de la cruzada cae en manos de Simón de Monfort como legado papal, cuya crueldad será largamente recordada. En la toma de la ciudad de Béziers murieron unas 17.000 personas; la consigna era clara: "Matadlos a todos: Dios conocerá a los suyos". A continuación se acomete el sitio de Toulouse, pero la ciudad consigue resistir y recibe la ayuda de Pedro II de Aragón, cuyo socorro habían pedido los jerarcas tolosanos, unidos a él por lazos de parentesco. Esto hizo que el lado cátaro tomara nuevos bríos, hasta que Pedro II muere en 1213 en la batalla de Muret. Sin jefe, la tropa aragonesa regresa a sus territorios y Toulouse cae. Poco después, en 1215, el Concilio de Letrán condena ya explícitamente el catarismo. De momento, la balanza se inclina hacia el bando papal - francés.

Sin embargo, Inocencio III muere en 1216, hecho que aprovecha todo el Languedoc para volver a sublevarse. Esta vez al conde de Toulouse, Raimundo VI, le ayuda Jaime I, prestándole tropas, mientras que su hijo, Raimundo VII, consigue desembarcar en Marsella. Los cátaros ganan nuevamente terreno y reconquistan Toulouse en 1217. A esto se une la muerte del temible Simón de Monfort el año siguiente. Las tropas papales y francesas, acosadas, deciden darse un respiro. Por unos años vuelve la calma al Languedoc y los Perfectos regresan a la zona. Se recuperan otras plazas anteriormente perdidas, como Carcassonna (1226).

Pero Luis VIII, el monarca francés, no está satisfecho. Deseando aún el territorio, vuelve a lanzar una ofensiva en 1226, que devastará prácticamente todo el Languedoc. Raimundo VII, viéndose perdido, firma el tratado de Meaux en 1226, por el que él mismo se compromete a hacer penitencia por sus pecados en Notre-Dame, al tiempo que promete en matrimonio a su hija Juana con Alfonso de Poitiers, hijo de Luis VIII, por lo que el Languedoc pasa ya en la práctica a manos francesas, hecho que se corroborará más adelante con la alianza de Beatriz de Provenza con Carlos de Anjou, hermano de Alfonso.

Comienza entonces un amplio proceso de represión inquisitorial, ya que la Inquisición se fundó concretamente para luchar contra los cátaros. Esta represión fue tan dura que culminó en un nuevo levantamiento en 1240. Pero dicho levantamiento, al que se unió en principio una conspiración Toulouse - Inglaterra - Aragón contra el poder francés, fracasó de nuevo. El territorio fue violentamente pacificado por las tropas del nuevo rey francés, Luis IX (San Luis), y solo quedó un pequeño reducto: Montségur.

Montségur era un pequeño monte, de 1200 metros de altura, que se encontraba cerca de Foix. En la fortaleza que se alzaba en su cumbre se refugiaron los últimos combatientes cátaros. Allí se decía que los Perfectos guardaban su tesoro, conseguido a través de los donativos que percibían. El asedio fue tenaz, y la resistencia también. Montségur no era solo una fortaleza: era todo un símbolo, relacionado con un templo solar e incluso con la leyenda del Grial, reliquia que se creía guardada entre sus muros.

Al final, Montségur cayó, el 2 de marzo de 1244, y el día 16 del mismo mes, en la llanura que se extendía frente al castillo, 205 Perfectos fueron quemados. La llanura quedó hasta tal punto arrasada por las llamas que se la conoce desde entonces como el Prat dels crematz. Sin embargo, siguió siendo un símbolo de poder y misterio, hasta nuestros días. La caída de Montségur significó el fin del movimiento cátaro, aunque otra fortaleza, la de Quéribus, no se rindió hasta 1255. Con ella, el catarismo fue aniquilado, y, aunque algunos sobrevivieron, estos pasaron a la clandestinidad, y lentamente fueron desapareciendo.

 

EL FIN DEL CATARISMO: LA INQUISICIÓN

La región se había sometido por la fuerza, las fortalezas estaban destruidas, los jefes habían sido ejecutados o se habían reconciliado con la Iglesia católica.

Sin embargo, esto no quiere decir que los cátaros desaparecieran: si bien eran pocos, mal organizados, y mantenían su fe y sus costumbres en la más secreta clandestinidad, todavía seguían existiendo.

La inquisición se dedicó a acabar con los últimos cataros.

En 1231 el papa Gregorio IX confió la inquisición monástica a los dominicos.

Todos ellos fueron implacables. Las hogueras se contaban por cientos, y a ella iban a para tanto cátaros como no cátaros: una simple sospecha, una simple denuncia, costaba el pase para la hoguera. Se llegó a límites tan espeluznantes que el propio papa tuvo que ordenar a los inquisidores que moderaran sus acciones, uniendo a los dominicos (conocidos desde entonces como los canis dei [perros de dios]) los franciscanos, bastante más tolerantes. Aún así fueron muchas las atrocidades cometidas. Los acusados no podían recurrir a abogados. En 1252 se autorizó la tortura para conseguir confesiones. Y la hoguera no era el único castigo. También estaba la pena de prisión perpetua, que podía ser largus (que permitía cierta movilidad), strictus (con cadenas en pies y manos, celda mínima y escasísima comida), o strictissimus (que consistía en una especie de enterramiento en vida). Incluso se practicó la exhumación de condenados ya difuntos y la quema de sus cuerpos.

 

El Inquisidor Domingo de Guzmán, presidiendo un Auto de fe.

Auto de fe

El Inquisidor Domingo de Guzmán, se encuentra sobre una tribuna con dosel y está rodeado por seis jueces, uno de ellos viste el hábito dominico, mientras que otro sostiene el estandarte del Santo Oficio. Otros doce inquisidores completan el grupo. Hay dos herejes desnudos  que ocupan a la derecha su sitio en la pira  (no se les quemaba con ropaje, excepto el indispensable para “ocultar sus vergüenzas”) mientras otros dos aguardan su turno al pie de la misma. Los letreros enuncian "condenado herético".

 

Los pocos Perfectos que quedaron huyeron a Italia, donde lograron supervivir algún tiempo, y algunos llegaron también a Cataluña. En el Languedoc se mantuvo un pequeño rescoldo en casas particulares, y hubo pequeñas intentonas de rebelión hasta el siglo XIV, sin ningún éxito.

El movimiento cátaro, cada vez más recluido a aldeas y campos, se extinguió.

 

El Inquisidor General Domingo de Guzmán presidiendo una quema de libros

El Inquisidor Domingo de Guzmán presidiendo una quema de libros heréticos

De todos modos, el catarismo dejó una profunda huella espiritual que perduró a través de los siglos, llegando hasta el siglo XVI, donde vemos ciertos parecidos con la aparición del protestantismo. Su pasado se hunde en lo más remoto de los tiempos, en el zoroastrismo persa y el maniqueísmo, y su presente se halla, aunque transformado, en las religiones protestantes, especialmente el calvinismo.

Y siempre estará rodeado de un halo de misterio que es lo que continúa atrayendo.

 

El Inquisidor Bernardo de Gui describe a los Albigenses (Cátaros)

 

«Sería demasiado largo describir con lujo de detalles la manera en que estos mismos herejes Maniqueos predican y enseñan a sus seguidores, pero hemos de considerarlo brevemente aquí.

En primer lugar, ellos generalmente dicen de sí mismos que son cristianos buenos, que no juran, ni mienten, ni hablan la mal de otros; que no matan a hombre ni a animal, ni nada que tenga aliento de vida, y que tienen la fe del Señor Jesucristo y su evangelio tal como la enseñaron los apóstoles. Ellos afirman que ocupan el lugar de los apóstoles, y, por motivo de las cosas antes mencionadas, es que la Iglesia Romana, a través de los prelados, los clérigos, y los monjes, y especialmente los inquisidores de la herejía, los persigue y les llama herejes, aunque son buenos hombres y buenos cristianos, y que son perseguidos así como lo fueron Cristo y sus apóstoles por los Fariseos.

Además, ellos hablan al laicado acerca de la perversa vida de los clérigos y prelados de la Iglesia Romana, indicando y exponiendo el orgullo, codicia, avaricia e inmundicia de sus vidas, y otros tales males a su entender. Ellos invocan con su propia interpretación y según sus habilidades la autoridad de los Evangelios y las Epístolas contra la condición de los prelados, eclesiásticos, y monjes, a quienes ellos denominan Fariseos y falsos profetas, quienes dicen, pero no hacen.

Después atacan y vituperan, uno por uno, todos los sacramentos de la Iglesia, especialmente el sacramento de la eucaristía, diciendo que no es posible que contenga el cuerpo de Cristo, porque aunque fuese tan grande como el monte más alto, los Cristianos ya lo habrían consumido para esta fecha. Afirman que la hostia viene de la paja, que pasa por las colas de caballos, a saber, cuando la harina es limpiada por un cedazo (de pelo de caballo); y además, pasa por el cuerpo y tiene un fin vil, lo cual, ellos dicen, no podría acontecer si Dios estuviera allí.

Del bautismo, afirman que el agua es material y corruptible y es por lo tanto la creación del poder malo, y que no puede santificar el alma, pero que los eclesiásticos venden esta por avaricia, tal como venden la tierra para enterrar a los muertos, y el aceite a los enfermos cuando los ungen, y tal como venden la confesión de pecados hecha a sacerdotes.

Por lo tanto ellos declaran que la confesión hecha a los sacerdotes de la Iglesia Romana es inútil, y que, puesto que los sacerdotes pueden ser pecadores, ellos no tienen potestad de soltar ni de atar, y, siendo impuros en sí mismos, no puede hacer limpios a otros. Afirman, además, que la cruz de Cristo no se debe adorar ni venerar, porque, según insisten, nadie venera ni adora el patíbulo sobre el cual un padre, pariente, o amigo ha sido colgado. Ellos también declaran que los que adoran la cruz deben, por razones semejantes, venerar todas las espinas y las lanzas, porque cuando el cuerpo de Cristo estaba en la cruz durante la pasión, así mismo estuvo la corona de espinas en su cabeza y la lanza del soldado en su costado, Ellos proclaman muchas otras cosas escandalosas con respecto a los sacramentos.

Además ellos leen de los Evangelios y las Epístolas en la lengua vulgar, aplicándolas y exponiéndolas a su favor y contra la condición de la Iglesia Romana en una manera que lo tomaría demasiado tiempo describir con lujo de detalles; pero todo relacionado con este tema se puede leer de modo más completo en los libros que ellos han escrito e infectado, y pueden aprenderse de las confesiones hechas por aquellos de entre sus seguidores quienes se han convertido.»

Del Manual del Inquisidor de Tolosa (1307-1323), Bernardo Gui

 

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