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El Conquistador y la empresa de Conquista

     "La causa principal a que venimos a estas partes es por ensalzar y predicar la fe de Cristo, aunque juntamente con ella se nos sigue honra y provecho, que pocas veces caben en un saco."

             Hernán Cortés

Perfil social del Conquistador

Perfil cultural del Conquistador

Organización de la Campaña de Conquista

Capitulación de Conquista y financiación de la empresa de Conquista: la Conquista a Crédito

La hueste indiana

Móvil del Conquistador

Circunstancias y medios  del Conquistador

Perfil social del Conquistador

    -Las regiones que más hombres aportaron al Nuevo Mundo durante el siglo XVI fueron Andalucía, Castilla y Extremadura.

    - Los contingentes que nutrieron las empresas de conquista estaban formados principalmente por hombres cuyas edades fluctuaban entre los 30 y los 45 años; es decir, personas ya maduras en una época en la cual alguien mayor de 40 años era considerado viejo.

El Conquistador español provenía de una Europa marcada por su rígida sociedad estamental, donde quienes no poseían bienes y riquezas tenían muy pocas posibilidades de modificar su situación social.

    - Los Conquistadores y Colonizadores no procedián de la clase alta o dirigente (la nobleza, excepto la más baja NO se embarcó hacia América). Se trataba de hidalgos (hijosdalgo = “hijosde algo”, es decir gente sin apellido de cristiano viejo que buscaba colocarse en la nobleza)  segundones, artesanos, algunos labradores, pastores, marineros, mercaderes, clérigos, oficiales relaes y representantes de las múltiples profesiones liberales de la época. Abrazaron su oficio por necesidad, no por vocación, salvo casos muy excepcionales.

    - Albergaban la ilusión de superar su condición y acceder a privilegios que en Europa estaban reservados a la nobleza.

    - La mayoría de ellos no tenía experiencia militar por lo cual se convirtieron en improvisados combatientes una vez en América.

    - No eran gente culta, pero debe tenerse en cuenta que en el siglo XVI, incluso las clases altas adolecían de cultura. La educación constituía un fenómeno eminentemente urbano, y aprendian a leer aquellos cuyos oficios asi se lo exigían (clero, nobleza, mercaderes, profesiones liberales, funcionarios) y los que podían adquirir un libro, cuyo precio resultaba prohibitivo para muchos. Se acababa de inventar la imprenta y la oferta de libros era aún mínima.

Esperanzados y movidos por los fabulosos relatos de quienes ya conocían las nuevas tierras, se embarcaban en los navíos apostados en Sevilla con destino a América.

Pero las motivaciones para salir de España no se limitaban únicamente a un afán de ascenso social.

Poder y riquezas, honra y fama eran ingredientes fundamentales para enrolarse en las huestes indianas y condicionaban el accionar de los españoles. Se aspiraba a ser reconocido y recordado, y regresar a las tierras de origen cargado de riquezas y títulos.

Así es posible comprender la incesante búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud o del mítico El Dorado; la internación en parajes inhóspitos y a menudo inaccesibles para conquistar súbditos en nombre del Rey; el esfuerzo físico desplegado en extensas jornadas bélicas; y la ostentación de una vida centrada en las apariencias.

 

Perfil cultural del Conquistador

Los hombres que formaron las tropas conquistadoras fueron hombres que vivieron entre la Edad Media y la Edad Moderna.. En su mentalidad eran gente entre medievales y modernos, por lo que se manifestaron en ellos una serie de  caracteristicas propias de ambas épocas.

Las características positivas suelen atribuirse a su medievalismo y las negativas a su renacentismo.

      - Características de raiz Medieval:

    1) Providencialismo: les llevaba a considerarse como los portadores de la verdadera fe, que por su intermedio debía propgarse a quienes aun la desconocían. Su religiosidad parece probada por el hecho de que jamás se rebeló contra sus jefes, cuando éstos destruyeron los ídolos indígenas poniendo en peligro la supervivencia de la misma hueste.

    2) Predestinación. Relacionado con el providencialismo, justificaba los hechos como producto de un entramado de origen divino que les debía conducir inexorablemente hacia un destino determinado e inevitable.

    3) Espíritu caballeresco. Les impulsaba a servir a Dios y al Rey.

    4) Buscar obtener mercedes Reales (asociadas al Espíritu Caballeresco): Se asociaba el servicio a la Corona con las mercedes otorgadas por ésta en pago a los servicios recibidos.

    5) Ideal Señorial de Vida: consistía en tener vasallos como manifrestación externa de autoridad y de prestigio.La imagen señorial constituyó la verdadera obsesión de todo conquistador, pero pocos lograron realizarla. La Corona estuvo en guardia contra las tendencias señoriales que minaban su realengo y cortó muy pronto sus mercedes de títulos nobilarios a los conquistadores (apenas se dieron los del Marqués del Valle de Oaxaca y Marqués de Cajamarca). La nobleza castellana aplaudió la medida, pues consideró a los conquistadores como unos advenedizos que pretendían ensalzarse por haber matado unos cientos o miles de indios. Más fácil fue conseguir encomiendas o cargos administrativos, pero la mayor parte carecía de preparación adecuada para los últimos.

    6) Escaso espíritu crítico, que le llevaba a creer en leyendas fascinantes: Le conducía a efectuar descripciones falsas y sobredimensionadas sobre lo que veían (y lo que no veían) en sus viajes y exploraciones, perseguir mitos como el Paraiso Terrenal, la Fuente de la Eterna Juventud, las ciudades áureas de Cibola, El Dorado, los pueblos de gigantes y de amazonas, etc

    7) Fanatismo. Era que les hacía irreductibles y ciegos ante situaciones que en condiciones normales les habrían llevado a desistir del esfuerzo realizado por alcanzar un propósito

    8) Espíritu combativo: fue una característica muy evidente, pero hay que tener en cuenta que usualmente era resultado de la situación en que se encontraba: metido en territorio enemigo y rodeado de adversarios, sin posibilidad de volver atrás.

      - Características  de raiz Renacentista

    1) Individualismo: Los Conquistadores anhelaban realizar hazañas con el fin de ser recordados despues de modo personal. Era la concepción renancentista de la fama.

    2) Afán de obtener riquezas.La codicia se advierte fácilmente en muchos personajes principales (Cortés, Ordás, Pizarro, Alvarado, Benalcázar, etc.) que, una vez logrado un buen botín, volvían a invertir lo ganado en nuevas empresas conquistadoras, pero esto no debía ser lo frecuente, sino lo anómalo, y propio de hombres muy ambiciosos. Lo que de verdad buscaba el soldado Conquistador era retirarse después de haber obtenido un buen botín o, lo que es mejor, una encomienda, para no tener que empuñar la espada en el resto de sus días. Su codicia, la del soldado, hay que comprenderla así, como un pecado natural de quien nada tiene y lucha por conseguir algo para mejorar su vida. 

    3) Sentido pragmático en orden de legitimar cualquier medio que condujera a obtener un fin determinado. En concreto en cuanto a su crueldad para con los indios, no puede comprenderse salvo en el caso de que lo hiciera para aterrar al enemigo y obligarle a rendirse lo antes posible. Los Conquistadores hicieron barbaridades, como encerrar a los indios en chozas y prenderles fuego, aperrear a los naturales, cortarles manos y narices, etc., cosas que parecen indicar un refinado sadismo propio de seres inhumanos. La verdad es que las guerras coetáneas eran prolijas en ejemplos de salvajismo humano. Aterrar al enemigo para que se rindiera parece que era quizá todavía lo es- la regla áurea de toda campaña militar. Quizá la mejor aproximación que puede hacerse a la figura del Conquistador, es la de pensar que se trata de un maldito de la sociedad española que trataba de distinguirse mediante su sacrificio personal, y hasta límites extremos, para convertirse finalmente en un funcionario o en un encomendero.

      - Otros aspectos

     Al margen de los cambios que se sucedian en la mentalidad europea, en tránsito del Medioevo al Renacimiento, hubo aspectos  que formaron parte de una cultura propia peninsular y que marcaron el espiritu de aquellos aventureros.

     El impulso del Conquistador por propagar la fe, al margen del providencialismo medieval, respondía a una situación especial de la Peninsula Ibérica: la Reconquista. Durante 800 años se desarrolló la Reconquista:

Durante la mitad del siglo XV -que fue la epoca en la que nacieron muchos de los Conquistadores de América- fue la etapa decisiva en la lucha de la monarquía castellana por terminar con lo que quedaba del dominio político musulmán en su territorio. Por eso la Reconquista no fue solo un conflicto político, sino fundamentalmente una guerra de religión: una “cruzada”. Los Conquistadores se formaron en ese espiritu de cruzada, de lucha contra los “infieles”. Esto fue un factor más para entender el afan de propagación del cristianismo que se mostró en América.

Evidentemente no eran antropólogos, ni arqueólogos o etnógrafos y destruyeron por ignorancia lo que encontraron en sus campañas militares  de Conquista.  Destruyeron por erradicar las idolatrías que ellos consideraban pecado contra Dios y contra la Naturaleza.

 

Organización de la Campaña de Conquista

Si bien existieron algunas excepciones, en general la Conquista fue realizada mediante la iniciativa privada, esto es, mediante una contrato (Capitulación) establecido entre el Rey -o su representante- y un particular por el cual se autorizaba a éste a conquistar un territorio concreto en un plazo de tiempo determinado.

Para llevar acabo una operación de Conquista era fundamental organizar una Hueste, al frente de la cual se situaba un jefe (Capitán), quien recibía del Rey diversos títulos posibles en función de la dimensión de la empresa (Gobernador, Adelantado o Capitán).

    - A cambio, el jefe expedicionario se comprometía a correr con los gastos de la empresa y a realizarla en el tiempo fijado.

    - Las obligaciones del Rey, por su parte, eran la exención de tributo, la donación de tierras y solares en las futuras poblaciones, y la promulgación de derechos y libertades al modo de los existentes en Castilla. El Rey sólo estaba obligado a conceder estas mercedes en caso de que la Expedición de Conquista terminase exitósamente, es decir, a posteriori, lo que provocó no pocas disensiones.

Aunque pueda parecer que la Corona quedaba relegada y apenas intervenía en la Conquista, en la práctica se reservaba para sí importantes herramientas de intervención.

    1) La CAPITULACIÓN DE CONQUISTA determina claramente que los territorios conquistados pertenecerán a la Corona, no al particular. Por otro lado, las concesiones, siempre flexibles, permiten a la Corona orientar y dirigir las acciones de conquista hacia determinados territorios, en función de sus intereses.

    2) Las INSTRUCCIONES a través de las cuales el jefe de la expedición recibía también consignas acerca de sus funciones para con la Hueste, la población nativa, la acción militar y la emisión de informes sobre los resultados.

    3) Posteriormente se incorporará un funcionario real, VEEDOR, que velaría por el cumplimiento de las consignas y la asignación al Rey de su parte del botín.

Sin embargo, a miles de kilómetros de distancia, en la práctica el jefe de la Hueste tenía un poder casi ilimitado, y dependía de su propia personalidad y carisma como elementos sustanciales en el desarrollo de la expedición.

 

Capitulación de Conquista y financiación de la empresa de Conquista: Conquista a Crédito

La empresa de conquista era una empresa privada con supervisión indispensable de la Corona.

    - Las Capitulaciones de Conquista -semejantes a las de Descubrimiento- delegaban en un individuo responsable la acción de dominar un territorio indígena insumiso, que luego sería propiedad de la Corona. Dicho individuo corría con todos los gastos de la misma y se beneficiaría con una gran parte del botín que pudiera lograr durante ella.

     La Corona, como dueña potencial de dicho territorio, imponía las condiciones (demarcación territorial, plazo en que debía realizarse, ciudades que se asentarían en el territorio, etc.) y otorgaba las mercedes que estimaba oportunas (títulos, nombramientos, derecho a repartir tierras y solares, rebajas de derechos, etc.). Recibiría además el quinto real o 20% del botín que se capturase.

    La empresa conquistadora se constituía, así, a crédito (se pagaría con la riqueza que se lograra arrebatar a los indios) y con un capital mixto estatal, privado y comunal.

    - El capital estatal estaba representado por la autorización real para entrar en sus dominios y se materializaba en el pago del quinto real del botín. En realidad era un capital ficticio, a cambio del cual el monarca se quedaba luego con la parte del león: el Reino conquistado.

    - El capital privado lo ponía el Capitán Conquistador, quien por lo regular formaba sociedad con personas ricas (encomenderos, clérigos y mercaderes) que le prestaban el dinero necesario para organizar la empresa: navíos, armas, implementos de combate, etc. El Capitán y sus socios organizaban una verdadera empresa comercial en la que se detallaba la forma y plazos en que se entregaría el capital, fianzas, liquidación del préstamo e intereses, etc.

    - El capital comunal, lo ponían los soldados que se enrolaban en la empresa. A veces, cada soldado aportaba su propio equipo y provisiones, si lo tenía, o lo recibía del jefe como anticipo. Por su trabajo, es decir, por su actividad bélica, cobraban ya una parte o especie de acción del hipotético botín, pero podían ir sumando otras medias partes o partes enteras adicionales poniendo sus armas, caballo, etc. Esto último puede parecer de escaso valor, pero representaba una gran suma, ya que los elementos bélicos costaban mucho a causa de su escasez. Había que traerlos de la metrópoli y los especuladores les imponían precios abusivos. Lo corriente es que el peón cobrase una parte, el ballestero parte y media y el caballero dos partes.

 

El procedimiento de CONQUISTAR A CRÉDITO tenía, además, la ventaja de canalizar un gran número de intereses hacia el objetivo común de obtener el BOTIN, única forma de que todos cobraran el capital invertido. Si no había botín los Reyes se quedaban sin su quinto, los soldados sin su parte y los socios capitalistas sin su dinero, pues normalmente el Capitán Conquistador no tenía bienes suficientes con que responder a sus acreedores. Esto explica el empecinamiento con que funcionaban las huestes conquistadoras, sorteando toda clase de dificultades.

A los botines se añadían otros dos incentivos potenciales:

    - Los rescates de personajes principales: se usó a partir de la conquista de México, y consistía en exigir una gran suma al jefe indígena apresado a cambio de su supuesta libertad (que nunca se le concedía, pues podía capitanear una revuelta contra los españoles), tal y como se hizo con Moctezuma, Atahualpa, el Zaque Quemuenchatocha, etc.

    - Las encomiendas y solares en las ciudades que se construyeran dentro del territorio conquistado: .las encomiendas, fueron decisivas, pues eran lo que realmente movía a los Conquistadores. Ninguno de ellos quería vivir de la lanza, como siempre se ha dicho, ni tampoco obtener grandes posesiones de tierra, como igualmente se ha afirmado. Lo que realmente pretendían era vivir como unos señores, sin trabajar (los señores no trabajaban) y a costa de los indios. El Capitán de Hueste, transformado en Gobernador por obra y gracia de una conquista exitosa, se convertía en una especie de rey mago que obsequiaba a sus antiguos compañeros con encomiendas de indios (bien es verdad que con carácter provisional la mayor parte de las veces) en consonancia con los servicios prestados durante la campaña militar

     

La hueste indiana

La expansión de la Indias se produjo a través de la hueste indiana, que tenía raices medievales. La Corona en escasa ocasiones organizó expediciones de conquista o descubrimiento. Entre los pocos casos en que ello ocurrió pueden contarse los viajes de Cristobal Colón, la expedición de Pedrarias Dávila organizada entre 1513 y 1514 y la expedición de Magallanes. Lo normal fue que que la Cornoa dejara la responsabilidad de la organización, finaciamiento y desenvolvimiento de esas empresas en manos de sus súbditos.

Las huestes indianas, eran una particular agrupación de caudillo con gente de guerra. que , voluntariamente y sin sueldo, se ponían bajo su tuición para llevar acabo una expedición de descubrimiento, conquista, poblamiento o rescate, con la esperanza de obtener mercedes de la Corona.

    1) El capitán o caudillo de la hueste

Su misión era conducir la hueste hacia el objetivo con el menor número de bajas y de esfuerzo posibles, conquistar el territorio, obtener un cuantioso botín y transformar luego la compañía armada en pobladores del lugar.

Para todo esto debía contar con enorme autoridad, emanada de su licencia firmada por el Rey, o delegada del Gobernador que le había ordenado la entrada. Solía reforzarla con el cargo de Justicia y, sobre todo, con sus poderes potenciales: facultad para repartir el botín, futuras encomiendas y solares.

Por las bulas alejandrinas y otros títulos, tenían los reyes castellanos el dominio político de las Indias. Consecuencia de lo cual era que nadie podía adentrarse en ellas sin autorización de su señor, el rey.

Fue corriente que las bases de estas expediciones quedaran consignadas en unos documentos llamados capitulaciones, pero éstas no fueron indispensables para para la formación de la hueste. Se podía organizar una hueste sin capitulación, pero lo que si era imprescindible era la licencia. La expedición de conquista de Hernán Cortés se realizó sin licencia, por lo que siempre estuvo bajo la liegalidad.

Por lo general, siendo que eran muy costosas estas expediciones era difícil que el caudillo, aun cuando tuviera muchos recursos, pudiera afrontar el solo los cuantioso gastos. Por ello era corriente que se organizaran compañías o sociedades para afrontar esos desembolsos.

La autoridad del caudillo se debilitaba desde el momento en que la hueste se ponía en marcha hacia su objetivo, ya que el carácter comunal de la empresa daba una enorme relevancia a la voluntad popular, que podía cambiar la persona del capitán o la misma finalidad impuesta a la campaña

A través de las crónicas de su tiempo, se observa que los cuadillos de la hueste, en contra de lo que habitualmente se cree, no solían ser excesivamente autoritarios con sus hombres, salvo casos especiales, y procuraban tomar las grandes decisiones consultando con sus subalternos y con los soldados más experimentados, pues eran conscientes de que gestionaban una empresa comunal. Su tacto para manejar la tropa era, quizá, más importante que su propia autoridad.

El Capitán disponía la ruta más conveniente para alcanzar el objetivo, la intendencia o racionamiento, la táctica a emplear en cada batalla, las guardias e incluso medidas disciplinarias, como suprimir el juego o castigar los hurtos de sus hombres. Carecía por lo regular de privilegios y combatía como cualquier otro soldado.

    2) Composición y formación de la Hueste

Las expediciones se desarrollaban, en los primeros tiempos, según los Conquistadores conocían, esto es, al modo de las tropas mercenarias europeas del siglo XVI. Muy pocos contaban con experiencia militar, pues se dedicaban fundamentalmente a la agricultura, la ganadería o la artesanía en sus lugares de origen, sobre todo Andalucía y Extremadura en los primeros años.

El paisanazgo jugaba un papel importante. Algunas Huestes estuvieron integradas en su mayoría por gentes de pocos pueblos, de una comarca o de una provincia, siendo frecuente que muchos de sus integrantes estuvieran relacionados por parentesco.

La formación de la hueste se noticiaba en los pueblos a son de tambor.. La inscripción en ella se podía hacer en la casa del caudillo.

En la inscripción era muy importante que constara el aporte que hacía el enrolante, pues ello pesaba a la hora de hacerse el reparto del botín. Por razones de justicia distributiva recibía mayor parte de botín y de mercedes quien más aportes había realizado. Si alguien iba en la hueste con un caballo de su propiedad su recompensa debía ser mayor.

Desde su inscripción en la hueste el enrolante quedaba sujeto a un regimen militar, que le exigía fidelidad al acudillo y su permanencia como enrolado hasta que termianara el objeto de la expedición.

En lo económico, los participantes en la hueste carecían de sueldo u otros ingresos económicos permanentes. Su única aspiración eran los premios que podían obtener de la Corona a través del caudillo: mercedes de tierras y aguas, encomiendas, mejoramiento social, oficios y otros.

De todo lo que se obtuviera en las expediciones debía pagarse a la Corona el quinto real. Lo que restara se dividía de diversa manera.

Siendo que el objeto primordial de la expansión castellana en las Indias era la evangelización, se puso trabas a la incorporación de los no católicos o de personas cuya catolicidad fuera discultible. Por ello, teóricamente ninguno de los soldados eran moro, judío, hereje, o penitenciados por la Inquisición, pero en la práctica esto era imposible de evitar, sobre todo cuando se completaban banderas. Se prohibía también el paso de gitanos, esclavos casados sin su mujer e hijos, mujeres solteras sin licencia y casadas sin sus maridos. Un elemento poco conocido de las huestes indianas son las soldaderas, que se han silenciado por pudor, y de las que hay bastantes referencias. Hay que tener en cuenta que la hueste indiana era continuación de la medieval, aunque fuera diferente de la mesnada señorial.

Las huestes podían organizarse en España o en las Indias. En ciertos momentos la Corona prefiró que se llevara gente de España por el riesgo de desploblamiento que se producía en las Indias.

Era frecuente que la hueste se reclutara en España y se completara en Indias. La escala en América se aprovechaba muchas veces para desertar, pues los enrolados preferían probar suerte como pobladores antes que seguir hacia su incierto destino.

También se reclutaron muchas huestes en Indias, sobre todo en las islas, donde se vivía una gran crisis económica a fines del primer cuarto del siglo XVI. Los Capitanes Conquistadores preferían los hombres aclimatados al medio americano. Casi nunca se dio el caso de que una Hueste hubiera sido formada íntegramente en la Península

Tras el viaje marítimo correspondiente y la escala antillana, se llegaba a la antesala del objetivo previsto, donde solía hacerse el alarde: un recuento y revista de la fuerza combativa disponible. Podía verse entonces la impresionante anarquía de vestido y armamento de los Conquistadores.

Cada soldado se ponía encima lo que le parecía e iba armado como podía. Proliferaban toda clase de jubones y calzas, así como cascos, cotas, morriones, celadas, rodelas, alguna cota de malla y muchos acolchados de algodón contra las flechas. De las armaduras se tomaban sólo algunas piezas de la parte superior del cuerpo. Abundaban las armas blancas como espadas, picas, lanzas y ballestas, aunque también había algunos mosquetes, arcabuces y falconetes. La artillería solía ser escasa y muy ligera. Constituía una de las grandes armas contra los indios, junto con los caballos y los perros. Los caballos iban protegidos con pecheras y llevaban petrales de cascabeles para infundir temor a los nativos. Daban derecho a una parte del botín. En cuanto a los perros, los hubo muy famosos por su agresividad hacia los indios. 

En el alarde podían verse también otros Conquistadores frecuentemente silenciados, que eran los propios indios. Convertidos en aliados por la fuerza de las circunstancias (habían sido vencidos), o por su odio hacia un enemigo común, integraban unidades de combate a veces muy considerables

También era corriente que las Huestes fueran acompañadas de numerosos indios porteadores llamados "tamemes". Este servilismo se puso de moda a partir de la conquista de México, cuando los totonacas se brindaron generosamente a hacer tal oficio, lo que sorprendió a los castellanos, que lo tomaron ya luego por costumbre, dada la comodidad que representaba. Junto a los tamemes debían figurar las soldaderas españolas y las mujeres indígenas que, por fuerza o por agrado, seguían a sus parejas.

La soldaderas españolas eran mujeres, de la misma extracción humilde que los Conquistadores, la Conquista les brindaba la posibilidad de convertirse en señoras de la floreciente colonia asentada sobre la tierra conquistada. Dada la escasez de mujeres españolas existente en Indias, puede decirse que era más fácil que una soldadera se convirtiera en señora de un encomendero que un Conquistador lograra su sueño de llegar a ser un encomendero. En el capítulo de las relaciones entre las indias y los Conquistadores esconde un maravilloso arcano de relaciones humanas. Rumiñaui, importante lider indígena ecuatoriano, llegó a tildar de prostitutas a las quiteñas que deseaban quedarse para recibir a los españoles, y Bernal Diaz del Castillo nos describió conmovedores relatos de amor entre soldados e indias en la conquista de México.

Finalmente las Huestes iban acompañadas de ganado, bovino si se podía, y frecuentemente porcino. Constituían la despensa ambulante de aquel improvisado ejército.

Era una auténtica caravana multicolor

    3) Dinámica de la expedición de Conquista

La Hueste, heredera de las mesnadas medievales, se organizaba en compañías y éstas en cuadrillas, de manera más o menos disciplinada en función de la autoridad que el jefe sabía imponer.

En la Hueste cada participante tenía un lugar de acuerdo con el aporte material (dinero, armas, caballo, etc.) que había realizado.

Tras el alarde correspondiente, la hueste se internaba hacia su objetivo, llevando en vanguardia los expertos conocedores de la tierra y los intérpretes, que solían ir junto al Capitán, y el religioso, si lo había.

Una vez dentro del territorio de conquista, se erigía a veces una población para que sirviera de base de aprovisionamiento o de posible retirada. Algunas conquistas necesitaron refuerzos constantes, como las del Perú o México. Estas ciudades, en realidad campamentos militares (Villa Rica, San Miguel, etc.), solían trasladarse luego a sitios más idóneos.

Lo característico de las compañas conquistadoras no fue, sin embargo, su aproximación gradual mediante bases de operación, sino su penetración hasta el corazón del territorio enemigo. Eran Huestes autónomas que vivían meses o años a costa de los naturales, sin el menor contacto con sus bases de partida. En algunos casos se dividían para aumentar su eficacia o se reunían en un punto ignoto, atraídas por los mitos, como ocurrió en Bogotá o en Quito.

La táctica militar consistía en sorprender al enemigo, obligándole a rendirse. El ideal era conquistar sin tener que combatir, pero esto raramente se lograba. Cortés, por ejemplo, hacía exhibiciones de artillería y caballería ante los aztecas con ánimo de amedrentarles. Lo mismo hizo Gonzalo Pizarro ante Atahualpa. Los indios solían asustarse de los cañonazos, de los caballos y de los arcabuzazos, pero difícilmente eludían el combate, ya que defendían su libertad y su tierra.

Los españoles buscaban batallas frontales, de tipo europeo, en las que podían jugar todos sus recursos armados. Especialmente importante era combatir en un terreno despejado, donde pudieran maniobrar los caballos.

El éxito solía estar casi siempre de su parte, salvo si se trataba de un enemigo demasiado numeroso, de un medio hostil, como la selva o los Andes, o de un paso forzoso de un río, un desfiladero, etc.

A partir de la conquista de México, los españoles emplearon la fórmula de apoderarse del jefe enemigo, pues comprobaron que esto desmoronaba la resistencia indígena. El procedimiento fue inútil en regiones tribales regidas por cacicazgos.

Uno de los aspectos más importantes de la Conquista fue el enorme dinamismo de las partidas de Conquistadores. Infinidad de Huestes se movieron con tremenda celeriidad sobre el desconocido mapa americano, buscando mitos. Esto se debió, en parte, al hecho de que algunas plataformas de conquista se sobresaturaron de hombres. Tal ocurrió en Santa María la Antigua del Darién, una población construida por Balboa para albergar unos doscientos vecinos, a la que llegó Pedrarias Dávila con más de dos mil hombres. Como no había forma de alimentarlos se inventaban toda clase de entradas conquistadoras, ya que así podían comer los soldados a costa de los indios. Lo mismo ocurrió en Santa Marta, Cartagena, Buenos Aires, etc.

Otras veces, el problema surgía a raíz de la Conquista de un territorio. No había encomiendas para todos y los Conquistadores sin oficio se convertían en un verdadero problema para la colonia.

Los Gobernadores inventaban conquistas a territorios lejanos para drenar su jurisdicción de indeseables. Las expediciones del Virrey Mendoza al norte de México o las de Lagasca a Chile y el suroriente peruano, fueron de este tipo.

Finalmente, hemos de considerar el agotamiento de las posibilidades económicas de algunas colonias, como las grandes islas antillanas, que lanzaban al exterior sus excedentes humanos para paliar la situación crítica en que se hallaban. La Española fue el ejemplo más representativo, pero lo mismo ocurrió con Cuba y Puerto Rico.

La empresa conquistadora se clausuraba cuando había logrado su objetivo. Venía entonces el reparto del botín y la desmovilización.

La aportación de cada individuo condicionaba el posterior reparto del botín, recibiendo una parte el peón y el doble un hombre a caballo. Los perros, armas de extraordinaria importancia, en casos concretos fueron también recompensados. El reparto dio lugar a conflictos en no pocas ocasiones, como el surgido entre Pizarro y Almagro. Otras veces parte del botín consistía en mujeres, esclavas o no.

Se celebraba una gran fiesta en la que todos los compañeros comían y bebían hasta la saciedad (por lo regular bebidas indígenas) para resarcirse de los días de hambre y sed, mientras se rememoraban las acciones pasadas.

Luego cada uno tiraba para donde podía. Si había tenido suerte, a vivir de su encomienda o de su cargo. Muchos dilapidaban en el juego lo que habían ganado con tanto esfuerzo, convirtiéndose en vagos y maleantes de las ciudades que habían ayudado a fundar. Los menos, buscaban algún sitio tranquilo donde vivir. Los más, otra nueva empresa de Conquista.

Era volver a empezar.

 

Móvil del Conquistador

El afán de hallazgo de oro era algo imperioso en la economía de la época: con él, el heroe sabía que podía alcanzar honra y ascender socialmente. para un hombre del siglo XVI, el prestigio y la honra  - el ser honrado por los demás- reprsentaban su máxima aspiración social, para lo que era preciso dinero, obtenido mediante la realización de hazañas.  

El motor determinante fue ser la sed de oro, porque evidentemente los aventureros eran gente pobre y deseosos de conseguir una mejora social.. Pero la codicia pudo ser controlada bastante bien desde la monarquia (dados los medios de control de aquella época). Por codicia desatada hubieran entrado en América como una avalancha, arrasando, cavando pozos y minas, para establecer factorías y volver a seguir adelante, sin roturar terrenos, tal como hicieron los fenicios de la Antigüedad o los portugueses en Africa y Brasil, o los ingleses en California y Alaska.

Entre 1492 y 1559, solo se habían embarcado hacia América  27.787 personas. Muy pocas dada la extensión de territorio reconocida , las ciudades alzadas, que lógicamente iban absorbiendo gente, las instituciones establecidas, los conventos, los colegios y las universidades fundadas, los templos construidos, etc.

El español se hacía conquistador con el deseo de convertirse finalmente en encomendero. Ejercía temporalmente el oficio conquistador con el deseo de abandonarlo lo antes posible. Sólo los fracasados continuaban con dicha profesión. Esto explica que fueran muy mal vistos a fines de la época imperial, cuando los echaban de todos sitios o les inventaban entradas para alejarles de los reinos ya pacificados.

Por codicia simplemente no se habrían dado vida a miles de pueblos organizados (todas las capitales americanas estaban fundadas antes de 1567), con todo lo que lleva anejo: la creación de instituciones y servicios, tal como hicieron los Conquistadores y Colonos españoles.

Aparte del botín, la mejor recompensa posible para el Conquistador era la concesión de un título de nobleza, junto con extensas posesiones territoriales, lo que en realidad consiguieron unos pocos. Algunos más fueron nombrados funcionarios, lo que les permitió dejar las armas y comenzar actividades más lucrativas y de menor riesgo. El cargo más deseado, Gobernador, permitió a algunos hacer fortuna para sí, sus familiares y sus compañeros de armas.

Últimos guerreros medievales, su ideal era convertirse en aristócratas semi-feudales, servidores del Rey en sus territorios y dominadores de un amplio número de vasallos y territorios. En la práctica, este esquema derivó en la encomienda, según la cual un antiguo soldado recibía del gobernador, antes su jefe, un territorio y una serie de indios que trabajarán para él y le pagarán tributo. A su lado se situó todo un conjunto de personajes, familiares, amigos, sirvientes (mayordomos, administradores, criados), un capellán, etc. A cambio, debían asegurar la paz en sus dominios, tener lista y dotada a la tropa por si fuera necesaria y pagar doctrineros que educasen a los indios en la fe cristiana.

 

Circunstancias y medios del Conquistador

La superioridad tecnológica de los españoles, aun existiendo, no fue en un principio tan determinante, debiendo rápidamente adoptar algunas tácticas y conocimientos indígenas, como el más ligero escudo de cuero o el relleno de algodón bajo la coraza, muy práctico para combatir las flechas y dardos indios.

Las armas de fuego pronto demostraron su escasa utilidad en un ambiente tan húmedo, que también provocaba la oxidación de las espadas. Mucho más útiles fueron los caballos y los perros; los primeros desataban auténtico pavor entre los indios y daban al caballero una gran ventaja estratégica, mientras que los perros, especialmente adiestrados, se convirtieron en un arma mortífera.

Los bergantines, embarcaciones ligeras y maniobrables, dieron a los españoles facilidad de avituallamiento y transporte. La superioridad de estos venía demás asentada sobre diferencias culturales, pues los europeos parecieron en los primeros momentos seres divinos o mitológicos, siendo además su objetivo la muerte del enemigo, y no la captura de prisioneros como, por ejemplo, entre los mexicas.

Con todo, pocas fortunas se basaron en las expediciones de conquista, que las más de las veces resultaron baldías o acabaron en desastre. Los supervivientes generalmente acababan sus días como encomenderos o, los más afortunados, como funcionarios locales. Sí consiguieron beneficios algún comerciante o prestamista, por lo general asentado en España. Además, la Conquista se hizo frecuentemente en condiciones de extrema penuria, escaseando los pertrechos y alcanzando precios exorbitantes los pocos disponibles. La carencia de bienes y productos básicos provocó la dependencia de los Conquistadores de la metrópoli, lo que ayudó a su control y fomentó su fidelidad hacia el rey. Casos de rebelión como el de Lope de Aguirre fueron excepcionales. La mayoría de las veces las expediciones hubieron de autoabastecerse, portando una piara de cerdos o rapiñando entre las poblaciones indígenas.

En cualquier caso siempre hubo una cosntante en las empresas de Conquista: el hambre.

La empresa de Conquista no hubo de resultar sencilla y por lo general no hizo ricos a los soldados a excepción de un reducido grupo como fue el caso de los Conquistadores de los imperios Azteca  e Inca..

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